Hasta la vista y despuйs

Sobre el baсo ruso, los drбnikes bielorrusos, el orgullo nacional y los cayados en el hielo
Esto no es un informe sobre la estadнa en Belarъs de los profesionales canadienses del hockey que por dos semanas compartieron su abundante experiencia con nuestros muchachitos y entrenadores, contaban y mostraban, quй es el hockey a lo canadiense, introducнan en nuestro hoy del hockey el maсana de su hockey — las tecnologнas y los sistemas mбs modernos. Esto es algo mбs. Esto es el relato sobre lo que se quedу en la memoria de los visitantes, un intento de echar una mirada a sus almas, si Ud. quiere, y saber, con quй ellos vinieron, quй sabнan ellos sobre nuestro paнs y con quй estado de бnimo lo abandonaron. Sobre lo que van a contar allб, en el otro confнn del mundo, en su lejana patria del hockey...
“Oh, ah, bueno”, — decнa en medio de la niebla espesa de un verdadero vapor de baсo el profesional canadiense, un hockeнsta empedernido en el pasado, y ahora uno de los entrenadores de la escuela infantil “Northern edge”. Sus colegas, estando sentados al lado en el estante vecino, como aves empollando, se envalentonaban, bromeaban, se frotaban los ojos, y con una cautela evidente esperaban el momento, cuando ellos van a estar en el lugar del amigo. Ellos con interйs observaban, cуmo un muchacho con un sombrero raro en la cabeza (para que no le quemara), con destreza manejando la escobita, realizaba sobre el cuerpo de sus compaсeros una manipulaciones totalmente incompresibles: chic, chic, jlop; chic, chic, jlop. Aquella “ejecuciуn” voluntaria, como nos explicaron, se llama de manera bastante extraсa — “planchar” y lleva en el espacio post soviйtico un cierto carбcter de ritual, y se termina todo este ritual incomprensible con un conjuro original “ЎQuй le siente bien el baсo!” con unas sentaditas con tй o con kvas — tambiйn es un colorido nacional. Como si se hubieran quemado, casi habiendo sacado la puerta de su quicio y echando a la habitaciуn vecina copos de espeso vapor aromбtico, йl saliу de la pieza calurosa y se lanzу a la piscina con agua helada. ЎPaf! Los ojos brillan, las manos como si fueran paletas martillean por el agua, salpicando con gotas todo lo que estб alrededor, en cambio los labios por sн mismos se esparsen en una amplia sonrisa satisfecha: “ЎOh, Dios mнo, quй bueno!”
Quй es el “rusian baсo”, los canadienses ahora lo saben muy bien y pueden contarlo en su patria. Seguramente esto no es la impresiуn mбs brillante sobre nuestro paнs, y sobre esto hablamos por mucho tiempo, sentбndonos, habiйndonos envuelto en sбbanas blancas y frescas y obsequiбndonos con drбnikes — un descubrimiento estrafalario mбs de los visitantes de allende el ocйano. Devoran esta comida de casa a dos carrillos, agregбndole al proceso un apetitoso chascado de aprobaciуn. “ЎUna sabrosidad!” — sin trabajo se lee en sus caras satisfechas. El jefe ideolуgico de la “brigada en gira” el ayudante de Glen Hanlon en el “Washington Capitals” y de la selecciуn de Belarъs Todd Woodcroft, un bromista y dicharachero, inexperadamente se pone serio, como siempre es durante el trabajo, y pronuncia: “Cada tarde despuйs de un trabajo pesado, despuйs de 8–9 horas sobre el hielo, podнamos gozar de lo que habнamos hecho, no sentнamos el cansancio. Mirando las caras satisfechas de los muchachos, sus ojos brillantes de alegrнa, entendнamos que todo lo que se hizo no fue en vano, que juntos hacemos un asunto grande y que todos estos muchachitos mбs y mбs se enamoran del hockey y estбn preparados para trabajar, perfeccionarse, tender a aquello como el curioso encuentro para la Copa Stanley, que coronaba la reuniуn de entrenamiento, no fuera para ellos el ъltimo. Alguien de ellos le traerб a Belarъs una copa verdadera, verб Ud...”
Todos hablan en un tono entusiasta-patйtico que se imaginaban a Belarъs de otra manera, Ўque no tenнan idea, cуmo es de limpio y hermoso aquн, que donde nosotros hay una naturaleza magnнfica y, lo principal, es la gente! “La hospitalidad de los bielorrusos superу todo lo que esperбbamos. Es un paнs magnнfico, hermosas muchachas y un equipo cerrado de amigos, — brillan los ojos de Steven Yurichik. — Un recibimiento mбs cбlido en ninguna parte lo hemos encontrado. Estamos asombrados con el talento de los jуvenes deportistas y... con la comida”. En este momento el trozo siguiente de carne frнa de vaca, y despuйs un drбnik, desaparecen en la boca del canadiense. Se relamiу, como un gato contento que encontrу la crema de leche, en cambio no sй por quй razуn recordй a Hanlon que tambiйn no podнa dejar de alegrarse de la cocina bielorrusa. їCon quй los alimentan allб en Norteamйrica? No se entiende. їNo comen lo suficiente, acaso?
Los muchachos se alegran y rнen, parece que se olvidaron de Norteamйrica y de las preocupaciones que les esperan en casa. Aquн se sienten bien y con confort. Hablan de que han establecido buenos contactos con la gente, los puentes de amistad se han construнdo y la colaboraciуn continuarб. Dicen que en dos semanas entendieron, cuбn poco sueсo le es necesario a sus cuerpos para sentirse bien, esperan que dentro de 10 aсos aquellos muchachos que trabajaron con ellos vayan a recordar estos dнas como un punto de referencia del comienzo de su carrera profesional.
— El йxito estб no solamente en nosotros, los canadienses, — dice Woodcroft. — En esta actividad nosotros no fuimos los protagonistas, sino los empleados de la federaciуn de hockey, los mismos niсos, sus padres — en una palabra, todos los participaron en el Training-camp.
Sin embargo, se entiende que la vida de los canadienses en Belarъs no se limitaba solamente a entrenamientos. Visitaron “Jatнn”, el Castillo de Mir, el fъtbol, donde en el partido con Albania apasionadamente estaban a nuestro lado (son sus palabras: “ЎVamos a ser hinchas de los nuestros!”), y aъn muchas otras notabilidades. “Jatнn” provocу en los visitantes una impresiуn inolvidable. Parados bajo una lluvia torrencial, por largo tiempo no querнan abandonar el complejo memorial. “La lluvia no nos provocarб ni una gota de aquel dolor que experimentaron los bielorrusos durante la guerra”. O fue la lluvia en sus mejillas, o fueron unas lagrimitas. Estos hockeнstas valientes no pudieron mantener a raya las emociones, lloraban...
Respirando a pleno pulmуn, abandonamos a “Sнlichi” (“їTienen Uds. un balneario de esquн de montaсa?” — al principio se asombraban los canadienses), y John, Jeff, Todd, Steve, Crag, Rob, Jos, Lloid, Tim y aъn un John percibнan nuestro complejo de esquн alpino como se debe. Puestos de rojo por el vapor, a porfнa recordaban las palabras que alcanzaron a aprender en un perнodo tan corto, pero recordativo para toda la vida, que pasaron en la tierra de la Rus Blanca. “Hola, hasta luego, excelente, yo amo mucho a Belarъs, hielo, machanka, cerveza. delantero, salianka...” Graciosamente deforman las palabras, y siempre ocurren casos curiosos. Jeff con mucha dificultad se acuerda del tйrmino de hockey y dice para la alegrнa general: “ЎShliushka!” “ЎKliushka!” (cayado) — le corrige el administrador de nuestras selecciones Sviatoslav Kiseliov y le explica lo cуmico de la situaciуn. “Shliushki en el hielo” — este juego de palabras alegra al grupo hasta la llegada misma a Minsk.
— їVendrнas otra vez, ah, John? — le pregunto al despedirme.
— ЎPor supuesto! Uds. tienen alma, y para no regresar acб, hay que ser sencillamente, como dicen aquн... un bobo...
No le decimos a Uds. “adiуs”. Les decimos: “ЎHasta la vista, muchachos!”

Serguei Svetlov
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