En todo el resplandor de talento de actor

El día de la celebración de su aniversario, después del espectáculo, los compañeros del escenario, los amigos y seres queridos de Olga Klebanóvich han podido ver a la actriz carismática, feliz y muy agradecida...  
Olga Klebanóvich, artista popular de Belarús, la prima del Teatro Nacional Académico Maxim Gorki, con un estreno de la obra, “Círculo de Amor” de Somerset Maugham, puesta en escena por el director, Modest Abrámov, reafirmó su gran capacidad de transformarse en una mujer aristocrática al igual que a una mujer del pueblo. El día de la celebración de su aniversario, después del espectáculo, los compañeros del escenario, los amigos y seres queridos de Olga Klebanóvich han podido ver a la actriz carismática, feliz y muy agradecida... 


Junto con Volga Klebanóvich es facíl trabajar también a los actores jovenes. Al lado de la actriz Yulia Kadushkevich en el papel de Elizabet

Es una de las mejores actrices de nuestro tiempo que cura almas de los espectadores: así dicen de ella los críticos de teatro de la generación anterior. Y es imposible negarlo: la creatividad de la actriz a priori es muy grande. Entre los muchos papeles tan distintos de Olga Klebanóvich –durante cincuenta años de servicio al teatro su número llega a más de cien– es difícil de encontrar, como dicen en el teatro, un papel “pasajero”. Los papeles impersonales sin gusto no es su caso. Admito que Olga Klebanóvch no puede agradar a todos, pero estoy convencida de una cosa: es imposible no ver su gran talento. Porque, como ya lo dije una vez, Olga Klebanóvich es la actriz de grandes amplitudes. Y ahora, me gustaría añadir, ella también tiene signo de la calidad, lo que le permite estar siempre en contacto con sus admiradores. Justo por eso su público comparte con ella todo: llora, ríe, se pone triste y recibe a la actriz subiendo al escenario con fuertes aplausos. Sin duda, Olga Klebanóvich tiene muchos admiradores y a ella siempre le regalan un montón de flores. Si ustedes, estimados lectores, quieren tener la posibilidad de vivir la alegría y la tristeza, reír de buena gana e incluso entre las lágrimas, váyanse para ver las obras con la participación de Olga Klebanóvich. Todo lo mencionado la actriz entrega generosamente a su querido público.  

¿De dónde proviene este talento suyo? Tal vez, de su amor por la vida, la sinceridad espiritual y la apertura, con los que Olga llena almas de sus personajes, y generosamente, reitero, lo comparte con el público que viene verla. Además de eso, me gustaría subrayar que Olga Klebanóvich es muy generosa con sus compañeros del escenario. Alexander Tkachenok, el artista popular de Belarús –que durante muchos años compartía con ella el escenario– cuenta lo siguiente de Olga:

— Todo empezó con el “Único Heredero”, nuestra primera actuación común. Acabé de llegar al teatro, y Olga ya trabajaba allí. Los dos éramos alumnos de un maravilloso maestro (Vladímir Malankin, director de escena y pedagogo — Aut.), por lo tanto, teníamos una visión común en cuanto a nuestra profesión. Esto significa, diciendo en sentido figurado, que teníamos la misma sangre. Entre nosotros siempre hubo una conexión espiritual que nos permitía entendernos muy bien. En el escenario siempre interpretábamos a los esposos o hermanos... Y ahora, en el espectáculo, “Círculo de Amor”, interpretamos papeles de los enamorados. Yo interpreto el papel del señor Portes y creo muy exitoso nuestro dúo. Olga, además de todos sus dones, tiene una cualidad impresionante: ella sabe enseñar, es una gran pedagoga. Cuenta sobre muchas cosas lindas a los actores jóvenes y ellos la escuchan. Además de eso, Olga es una persona muy abierta y fácilmente establece el contacto con diferentes personas, simples y complejas. Por ejemplo, a mí no me sale eso. Pero somos personas muy cercanas en cuanto al concepto del teatro, así como en muchos otros aspectos de nuestra realidad. Así como en la vida somos hermanos, que se aprecian mutuamente.

Hace falta señalar que la actriz, Olga Klebanóvich, está apreciada también por otros colegas del teatro. Muchas veces he escuchado de actores que con Olga es fácil y muy cómodamente trabajar a todos aquellos que sintonizan y aceptan su personalidad, y como se suele decir, viven en la misma onda de energía con ella. A propósito, a mí también –no importa cuántas veces tenía que relacionarse con ella– siempre fue muy fácil. De las personas, como Olga, dicen que es una gente cálida y tierna. La frialdad y la distancia con la gente –que no tiene honores y premios o está en otro escalón de la jerarquía social– esto no es característico para Olga. Además de eso, impresiona mucho la humildad de la gran actriz en la vida: en la comunicación con artistas populares, así como con personal auxiliar del teatro y con actores jóvenes. Por eso la aman mucho en el ambiente teatral. Cabe señalar que este amor ha sido mostrado y ha sonado a todas voces en la velada teatral organizada por actores jóvenes para Olga Klebanóvich, después del beneficio. Las comprobaciones de este gran amor se puede verlas en el vestíbulo del teatro: en febrero, en la víspera del aniversario de la actriz, aquí fueron puestos tres grandes stands. En los mismos están presentadas muchas fotos de Olga en los papeles y en la vida. Si podrían ver, cómo el público antes del comienzo del espectáculo y durante intermedios con gran placer, deseando a unirse al talento de la actriz, saca fotos junto a los stands. He aquí está la foto de Olga muy joven. Cuando ella era la estudiante del primer año del instituto teatral la sacó foto en Minsk el fotoperiodista desde Moscú. De este modo, la imagen de Olga se encontró en la portada de la revista más popular de la época soviética, “Ogoniok”. Aquí está su Stepanida en la obra, “Señal de problemas”, puesta por la famosa novela de Vasily Bykov. Por este papel Olga fue galardonada con el Premio Estatal de Belarús... Entre las fotos hay también su llamamiento a sus espectadores...


El final solemne del espectaculo “Círculo de Amor”. Junto con Volga Klebanóvich (Kitti) Aliaxander Tkachonak (Portes) y Iván Matskévich (Campeón)

Se puede hablar mucho sobre los papeles de la actriz, analizándolos y saboreando todos los detalles. Por supuesto, me gustaría contar de aquellos que he visto yo misma. En cada uno de ellos Olga Klebanóvich supera a sí misma. Y no sólo porque esta actriz con su mundo psicológico, la interpretación inteligente y hábil, está capaz de penetrar en las profundidades de los caracteres de sus personajes, inventándoles biografías. La naturaleza le dio a la actriz una calidad única: no repetir nunca a sí misma. No se sabe, de dónde ella encuentra para cada nuevo papel diferentes rasgos característicos: gestos, entonaciones y mímica, que no recuerdan para nada la forma de interpretar estas cualidades en otros papeles. Los mismos sentimientos “suenan” de modo diferente interpretando a cada una de sus respetadas damas. Como un ejemplo tomamos varios papeles de edad de Olga Klebanóvich: de Felitsita en la obra, “La verdad está bien, pero la felicidad está mejor”, de Nikolai Ostrovsky; de Esther Lvovna en el espectáculo, “Esther”, de L. Ulítskaya y de Khanumá en “Trucos de Khanumá” de A. Tsagareli. La misma figura y la misma voz, pero todo suena de modo distinto: la caminata, el movimiento de su cuerpo, su risa e incluso sus lágrimas....

He preguntado a Olga, cómo sería posible. Resulta que el “truco” está en la observación y en la capacidad de aprovecharla por uno u otro actor.

— Acepto la propuesta de interpretar un papel, cuenta la actriz, y comienzo a pensar. El talento de dramaturgo dibuja carácter y hábitos, y yo empiezo a sentir, como camina mi personaje, como sonríe, como habla y me imagino que aspecto tiene... Recuerdo, cuando me dieron el papel de Anna en la obra, “Estrellas en el cielo de la mañana”, basada en la pieza de Alexander Galin, la intuición me sugirió buscar en la vida real algo similar. Y yo encontré a una mujer vagabunda, sin hogar, la seguí durante tres horas, la observaba mientras ella comía, bebía y miraba a los demás... Pero, por supuesto, en algunos casos, no es necesario buscar a nadie: la memoria obligatoriamente dirá, qué y cómo hacer. En cierto tiempo estuve de gira en Georgia, conocí a mucha gente maravillosa, y, por supuesto, en mi memoria se quedaron grabados los rasgos característicos de las mujeres georgianas que había conocido. Su dignidad interior fue muy útil para mí para poder crear una imagen de Khanumá. En cuanto al tema de repetición en los papeles, creo que si uno entiende bien el carácter del personaje, nunca suceden las repeticiones exteriores. Porque en la vida no hay personas similares, todas son diferentes...

Y con la señora Kitty era así. Yo sabía que de ningún modo debería causar el sentimiento de la pena en los espectadores: que maravilloso es su esposo y ella no lo ha apreciado y se ido y ahora está para morder los codos por no poder ver en él a un buen compañero para la vida y también al dejar a su hijo... Yo sabía que mi señora Kitty debería ser muy distinta: extravagante, excéntrica e incluso muy original, pero nunca tendría que ser ridícula en su sentimiento de la culpa ante su marido y su hijo, lo que ella ocultaba a lo largo de muchos años detrás del disfraz de “todo está bien”. Ella es inteligente también en relación con el futuro. Cuando Kitty quita para un instante esta máscara, muestra a todo el mundo su dignidad, su inteligencia e incluso su sabiduría que le han venido junto con la experiencia de vida. Si el público, al ver el espectáculo, “Círculo de Amor”, se da cuenta de que muy a menudo en nuestras vidas somos rehenes de alguna elección que debemos hacer una vez, y que no debemos olvidar y luego lamentar la suerte, atormentados por la culpa y el remordimiento, entonces el teatro le ayudará a guardarlo en su memoria. Si logro hacerlo, me sentiré muy feliz.


Ruslán Charnetskiy (Arnold) e Iván Strelstov (Teddy)

El espectáculo, “Círculo de Amor”, comienza con la escena que tiene lugar en la casa de ex marido de la señora Kitty, Clive, el caballero en una máscara de autoironía (Iván Matskévich), donde ahora está viviendo su hijo adulto, Arnold (Ruslán Chernetskiy), y donde un accesorio necesario de la sala de estar es un típico siervo inglés, George (Alexander Brukhatsky). Aquí mismo está también la esposa de Arnold, Elizabeth, interpretada en dos versiones por las encantadoras actrices, Yulia Kadushkévich y Elena Stetsenko, así como el amigo de Arnold, Teddy, enamorado de Elizabeth (Iván Streltsov, en una versión, y por Sergei Zhbankov, en otra). Todos ellos esperan la aparición de la señora Kitty. ¿Pero cómo lo esperan? Según Olga Klebanóvich, actores jóvenes lo hacen de modo encantador y talentoso, aprendiendo poco a poco la profesión de actor. La imagen de Elizabeth la está creando Yulia Kadushkévich muy finamente. Tampoco es mala Elena Stetsenko, impulsiva como una niña. A su vez, el actor muy plástico, Ruslán Chernetsky, se ríe de su personaje Arnold, así como de su pedantería y su pasión por la política y el orden perfecto.

No es extraño que Elizabeth ha preferido a un pedante frío su amigo y ha seguido el destino de su suegra. Elizabeth al igual como la señora Kitty, muy viva quiere experimentar sentimientos profundos, que no puede darle Arnold, porque se parece mucho a su padre. Todos los jóvenes personajes de la obra se parecen a niños pequeños, aunque juegan en los juegos de adultos. Ellos hacen todo, como si no fuera verdad. Todo lo que hacen, con lo que sueñan: todo comprueba su inconsciencia juvenil en cuanto al amor, así como aquella alegría irreflexiva que es característica sólo para esta edad. En este contexto, se percibe más agudamente la trágica paradoja de la vida: cuanto más alto sea el límite de la sabiduría, más alejadas son las alegrías del pasado. Por lo tanto, eso no significa que hace falta proyectarlo en nuestra vida actual y ponerse triste, porque con el paso de los años se pierde toda la profundidad de los sentimientos característicos para la edad más joven. Con razón dijo un poeta amigo mío: ¿Para qué sentirse triste de lo que ya has vivido en algún momento? Pero lo sabremos sólo en el final de la obra, cuando la señora Kitty, viendo la huida de Elizabeth y Teddy, de repente ha sentido profundamente que finalmente ella, al deshacerse del sentimiento de la culpa, ha comenzado a respirar libremente, y que su vida es como es. Por lo tanto, ella ha exclamado: todo ha vuelto a mí, Hugh...

En el papel de la señora Kitty Olga Klebanóvich aparece en todo su esplendor de su profesionalidad. Hace falta señalar que ella sube volando al escenario como un hermoso pájaro con brillantes plumas de colores, chocante, sorprendente, causando una admiración enorme... Incluso por tener puesto un traje muy extravagante hechos por la talentosa diseñadora, Таtiana Lisavenko. A su vez, la máscara de una emoción acentuada, detrás de la cual se esconde tan hábilmente el sentimiento de la culpa ante su hijo y su marido, así como su deseo de hacer las paces, en el comienzo de la obra no se parece a una máscara, sino a la misma esencia vital de la señora Kitty. Pero no es así. En la siguiente escena aparece la señora Kitty muy diferente. Olga Klebanóvich con su capacidad de mostrar sutilezas psicológicas ya actúa de modo distinto: ella de repente, por un momento, se convierte en una madre parecida a todas las madres amorosas de este mundo, que no quieren que a sus hijos dejen sus esposas y con horror piensan que la nuera podría hacerlo. Y cuando Elizabeth muestra el lado inferior de su vida, uno comienza a sentir compasión por ella. Y cuando ella no quiere que el señor Portes vea su foto de la joven puesta en el álbum. Vale la pena ver, cómo Kitty salta, cómo se aleja de Elizabeth y del señor Portes, cómo seca las lágrimas. Es el momento en el espectáculo, cuando una comedia lírica por un momento se convierte en un drama. Desde aquí, el director de escena podría llevar a la protagonista de Olga Klebanóvich por el camino de entendimiento de la vida que Kitty ha perdido, al privar a sí misma de la alegría de ser madre y poner la obra teatral a costo de una pasión fatal. Por suerte, esto nunca sucedió. Por lo tanto, La protagonista de Olga incluso está coqueteando un poco, cuando el señor Portes le dice que ella se ha hecho aún más hermosa y con un gran placer comienza a mirar sus fotos...

Hace falta señalar que en las obras –puestas en escena por Modest Abrámov– no hay nada de moralidad hipócrita que juzga a las mujeres que dejan a sus hijos y sus esposos, lo que, a priori, está mal, pero estas situaciones muy a menudo en nuestra vida y cuyas causas a veces es tan difícil e incluso imposible entender. En mi opinión, este es el tema principal de la obra, “Círculo de Amor”. En realidad, a uno le cuesta entender, por qué la experiencia de otra persona no enseña a los demás... Por lo tanto, creo, que el teatro y los actores –ocupados en el espectáculo, “Círculo de Amor”– pueden contar con el éxito taquillero. Subiendo por encima de la vida cotidiana, ellos no se apartan de la misma.

Valentina Zhdanóvich
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