Artista que escribe con emociones

Mikalai Buschik demuestra con sus obras que el verdadero arte puede ser festivo brillante y sublime

Algunos creen que la pintura belarusa es sobria. A su vez, el artista, Mikalai Buschik, demuestra con sus obras que el verdadero arte puede ser festivo, brillante y sublime.
Algunos creen que la pintura belarusa es sobria. A su vez, el artista, Mikalai Buschik, demuestra con sus obras que el verdadero arte puede ser festivo, brillante y sublime.


Hace falta señalar que todos los cuadros de Mikalai Buschik están llenos de un increíble espíritu de la vida. La misma pureza de su arte es cautivadora. Las imágenes raras de personas y las casitas infantiles y árboles de colores –presentadas en sus pinturas– afirman que el artista se aleja de todo lo concreto: todos los objetos aquí son visitantes ocasionales. Mikalai Buschik no opta por un enfoque formal. Incluso una persona –que sabe poco de la pintura– entenderá que en el lienzo están manchas regulares en forma geométrica. En cualquier experimento sobre cada tono de color (todas sus pinturas están llenas de decenas de estos experimentos) se nota la poesía del autor, su deseo de transmitir el ritmo de la música que le gusta mucho. Esta pasión le permite trabajar impecablemente y de modo muy inteligente: no importa que sea óleo y acuarela.

El autor ofrece a sus admiradores una interesante visión en cuanto a los colores característicos para sus famosas obras. Por ejemplo, el trabajo de Mikalai Buschik, “Espacio de Fuego”, está realizado en colores rojos bien cálidos, pero es difícil ver la imagen del fuego. A primera vista parece que aquí sólo está presentada una búsqueda creativa del artista y las paletas. Y si uno se aleja del cuadro, notará cómo las tiras anchas se convierten en seguida en un desierto y cielo separados por la línea del horizonte, así como una pequeña mancha amarilla, que es el sol...

Sus paisajes no se parecen a los paisajes comunes. Ellos no son bromas y ni siquiera la imaginación de la subconsciencia, sino son imágenes hechas de la natura, que en algún momento el artista ha visto durante sus numerosos viajes. Sus paisajes naturales, según la observación no sólo de los críticos de arte, sino también de ecólogos, reflejan diferentes emociones de su alma, sus pinturas son los sentimientos del Todopoderoso y sus imágenes son los pensamientos del Universo...

Recuerdo una exposición individual de Mikalai Buschik. Entonces una de las salas de exhibición del Museo Nacional de Bellas Artes de Belarús se veía muy diferente. En primer lugar, por los focos puestos por encima de sus obras, lo que creaba un ambiente de cierta intimidad, la profundidad y el misterio de nuestro Universo. Al entrar en la sala de exposición uno quería bajar en seguida el sonido de su voz y hablar en voz baja para no perturbar la armonía del arte como si tuviera miedo asustar a un pájaro raro. En las paredes estaban reflejadas las emociones del artista, Mikalai Buschik, del cual dicen que él pinta sólo con estas variadas emociones...


En la exhibición de las obras de Mikalai Buschik

Juego de imaginación

— Desde la edad muy temprana me encantaba dibujar, comienza a contar su historia el señor Mikalai. Al principio, sólo copiaba cuadros y a los cinco años de edad sorprendí mucho a mis padres al dibujar un círculo absolutamente perfecto. Ellos tomaron una brújula y lo mediaron. A los catorce años, me compraron mis primeras pinturas, que a mí –un chico de un lugar remoto de Rusia– enviaron mis abuelos, y yo empecé a hacer copias de pinturas de grandes artistas rusos. Entre ellas el cuadro, “Tres Bogatýrs”, del reconocido artista ruso, Víktor Vasnetsov, que amablemente fue puesto en una de las paredes de la escuela, donde estudiaba. Pero a mí me gustaba mucho más la copia de una de las obras de Isaak Levitán. Siempre apreciaba mucho las obras de los clásicos. En las mismas siempre hubo profundidad de pensamientos y sentimientos, lo que me acompañaba luego durante toda mi vida. Se trata no sólo la parte externa de las cosas, sino también de la misma esencia de los fenómenos, así como de su lado emocional.

En su biografía están presentes la escuela de arte de Krasnodar y el instituto de arte teatral en Minsk. Después de graduarse del instituto, Mikalai Buschik se dedicó a lo que le gustaba. En su vocabulario no existen las palabras “es necesario”. El artista más a menudo pinta lo que le importa y lo que le permite responder a muchas preguntas de la actualidad, así como a las preguntas eternas de la humanidad.

Siempre he admirado, cómo el maestro sabe combinar diferentes colores, cómo él crea un espacio y una superficie y logra expresar su extraordinario pensamiento pintoresco. Él piensa exclusivamente con colores: cualquier emoción, cualquier percepción, cualquier fenómeno natural están percibidos por él como un cierto color con sus variaciones. Pues todo esto son sus impresiones de la vida real, no son las abstracciones sin mucho sentido, sino su sensación de la naturaleza en el contexto de las experiencias obtenidas en los viajes realizados. Su trabajo es un paisaje, que con todo el esfuerzo de la personalidad y el talento de maestro se convierten en una gran armonía de colores, que prácticamente no hay en obras de otros artistas belarusos.


Las imagenes se discubren en etsa manera

Los recuerdos de las impresiones

Mikalai Buschik está creando sólo cuando siente que está dispuesto a hacerlo y la inspiración se la define como “la disposición para pintar”. A menudo él hace pequeños bocetos para entender el mismo mecanismo cómo las fuerzas superiores colorean el mundo alrededor. A menudo el artista sale a la calle, a veces se siente junto a la ventana y piensa mucho: en amigos, en personas y en eventos. Así le vienen los recuerdos de las impresiones vividas. A veces lo hace escuchando composiciones musicales.

— Me gusta la música que tiene su propio estilo, sigue contando el artista. Se trata de obras clásicas y el jazz moderno. Si hablamos de jazz, esto no debe ser el jazz destructivo, sino que está basado en una improvisación y expresión de sí mismo como la imagen a partir de ciertas emociones. De todo modo trato de evitar cosas destructivas, pues veo que las mismas están destruyendo la armonía, lo que es imperdonable. Si veo que los pensamientos forman una cierta “línea” positiva –línea de la armonía, diría así– de este modo aparece una cosa estructural. Y si todo es contrario y rompe todo, entonces es una cosa destructiva y yo la rechazo muy fácilmente.

A su vez, el artista considera que el arte también es una cosa, pero una cosa orgánica que permanece en el tiempo sólo porque está creando imágenes y ayuda a percibir el tiempo. En cuanto a las obras maestras, el maestro también tiene su propia visión al respecto.

— Creo que una obra maestra, reflexiona el señor Mikalai, es la obra que combina el razonamiento creativo del artista, compositor y poeta sobre el tiempo, en que él está viviendo, junto con los pensamientos y sentimientos de la gente que no conoce su obra. Pues ante todo, el artista siempre es el pionero. ¿Quiénes son los artistas? Son los ojos del Dios para toda la humanidad. ¿Qué es la música? Son los oídos del Dios. ¿Qué es la poesía? Es el verbo del Dios.


Es más mejor  guardar por mucho tiempo tan  combinación de colores

Por siempre en armonía

Hablando con el maestro, uno siente que aquella armonía –de la que él habla– es su estado permanente. Un estado de calma y tranquilidad llenan todas sus obras. Por lo tanto, lo pregunto, cómo este estado –que sin duda tiene cada uno de nosotros– podría ser conservado para largo tiempo.

— Hace falta seguir su camino una vez elegido, concluye el artista. Ser fiel al amor por la vida y en general al concepto general de “amor”. Todo depende siempre de la voluntad del hombre, incluso cuando uno tiene que hacer una elección. ¿Qué elegir: la forma en la que el alma y la mente suenan juntos y por lo tanto cantan en conjunto? Este camino no es muy adinerado. ¿O el camino que trae buenos ingresos, pero carece de una armonía? No es fácil hacer una elección. Unos son más pragmáticos y otros son más buscadores. Cada uno debe decidir para sí mismo, qué es importante para él.

Hace falta señalar que de Mikalai Buschik siempre escriben como de un maestro, que posee de un excepcional sentido del color. “Toda la variedad de colores”, “el colorista excepcional”: todas estas definiciones son muy actuales, pero con toda la responsabilidad se puede decir que en sus recientes pinturas hay aún más colores. La principal impresión que traen sus cuadros es el triunfo de las pinturas de sol y la refulgencia, que estoy seguro, iluminarían la sala del museo en la ausencia total de la electricidad. Hasta siempre seguirá siendo un gran misterio, de dónde el artista “saca” tanto sol y tanta energía.


M. Buschik “El Vavilon nuevo”, 2001

— Siempre estoy buscando una nueva visión hacia mí mismo y también me gustaría ofrecer algo nuevo a mis admiradores. Además de eso, me agrada mucho mostrar nuevas obras y las posibilidades de mi alma creativa.

—¿Qué ha cambiado en sus trabajos?

— Los tiempos han cambiado. Los percibimos a través de la realidad urbana, el espacio, el medio ambiente, la impulsividad o la tranquilidad de la gente. El ritmo de la conversación, las relaciones, el tráfico en las carreteras, el modo de nuestros pensamientos, la comunicación en Internet. Se está cambiando la faz del tiempo en sus ritmos y como una consecuencia, mis emociones. A su vez, las emociones siempre son de color. De aquí proviene el juego del calor y el frío, todos los cambios de colores e imágenes. No tengo otra explicación.

No tengo deseo de escribir crónicas, qué de eso se ocupen especialistas. El artista trabaja para mostrar el comienzo espiritual y estético.

— ¿Con colores se puede resolver todo: el sujeto, las imágenes y la composición?


— Claro que se puede hacerlo. Lo estoy intentando, pero no sé, si logro, sólo el futuro lo dirá. Ahora son sólo las impresiones que la gente acepta o no, pero eso excita, por ser algo inesperado. Pues el artista trata de transmitir a través del arte todo lo que ve: la armonía del mundo y la sensación de la felicidad. Me gustaría que la gente lo vea y no sea extrema: qué no miren las películas de ficción o las telenovelas sensibleras. A su vez, el mundo es perfectamente armonioso. E incluso las corporaciones globales –que contaminan la naturaleza– se ponen muy atentas, cuando toman decisiones en cuanto a la protección del medio ambiente y la pobreza. La gente tiende a pensar en el futuro y en los niños. Por lo tanto, estos pensamientos en mis cuadros son más simbólicas que cualquier narración o crónica.

— En una entrevista, usted habló sobre la huida de los temas locales. Por favor explique que ha tenido en cuenta.

— Me interesa mucho la pintura, como un arte abierto. Está cercana a la gente fuera de las fronteras y los idiomas, independientemente del color de su piel y las visiones políticas. El arte debe ser entendido sin un intérprete.

— ¿Sus acuarelas son las impresiones de viajes?


— Sí, como una percepción personal, como la música de cámara: Belarús, Lituania, Bulgaria... Pero el viaje para el artista es toda la vida, si sólo él se asoma de la ventana. En acuarelas hay la ansiedad de contar de toda la hermosura del gran regalo: nuestra vida. Siempre me sorprende, cuando observo la imagen semifotográfica, cuando las personas no pintan a través de las emociones. Hace falta dejar para la técnica algo propio, ella satisface su primer interés estético, a su vez, el artista tiene que expresarse, como el artista y pasar al lienzo todo lo que ha visto en su vida. Debe contar su historia y su melodía en colores. No se sabe si la gente vea en la misma la realidad o la naturaleza, de cualquier modo es muy diferente y el artista crea una imagen distinta, que no se parece para nada a lo que ha sido creado antes.

— ¿Sin embargo, el viaje es un fuerte impulso para el trabajo?

— Cualquier viaje es interesante al igual que una sensación de un niño. Lo necesito para poder percibir y disfrutar de los sentimientos puros. Vuelvo a pasar por el mismo lugar, cuando he olvidado de lo que había visto y en la memoria están presentes sólo las cosas simbólicas. Y me sorprende mucho, cuando la gente pinta árboles y piedras. Son los objetos de la vida cotidiana y lo que debe ser presentado son las personas, la tierra y el espacio cósmico. Lo que es una cosa muy distinta.

— ¿Así que tomándolo en consideración, no importa dónde viajar? Por los países cómodos o los lugares poco acomodados, pero sin duda interesantes?

— No me gusta viajar como un turista y la exótica en sí misma me interesa poco. Es sumamente importante entender lo que ves y obtener la experiencia estética. Australia, América, África... No, no es mío.

— ¿Le interesa más Europa?

— Claro que sí. E incluso Asia europeizada la siento más cercana. A su vez, el Medio Oriente no, es bonito, pero no es mío. Tenemos cultura europea: más tranquila, minimalista y que nos hace reflexionar.

— ¿Compran pinturas ahora?

— Menos que antes. Casi han dejado de comprar el verdadero arte. Compran arroyos y abedules, las reproducciones, pero no son adquisiciones. Es como comprar calcetines en una tienda. Es nada. A esta altura, poca gente sabe, donde se puede comprar una pintura. Espero mucho que la situación cambie pronto. Sólo es necesario seguir haciendo su cosa, seguir siendo el mismo y pensar en el mundo, en Dios y en el hombre. Estas son las cosas que me emocionan constantemente.

— Usted siempre ha dicho que la cultura y el arte son cosas muy diferentes.

— Es cierto, la cultura es como el suelo, a su vez, el arte es lo que crece en el suelo. El modo de la vida es la cultura y todo a lo que se dirige el alma es el arte brillante y armonioso. Si hablamos más detalladamente, la creatividad es lo que hace la gente. Y como lo está haciendo esto, en mi opinión, ya es el arte.

Víktor Mikháilov
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