Un símbolo elocuente

El Palacio de la Independencia se ha convertido en una parte integral de la gran política no sólo de Belarús, sino también del mundo

Esta gran obra fue planeada en 2011 como un complejo ceremonial oficial del país. En octubre de 2013, él abrió sus puertas a los primeros visitantes participantes de la reunión del Consejo Supremo Económico Euroasiático a nivel de Jefes de Estado y del Consejo de Jefes de Estado de los países miembros de la Comunidad de Estados Independientes. Y desde entonces, el Palacio de la Independencia se ha convertido en una parte integral de la gran política no sólo de Belarús, sino también del mundo.



 Recorrer los espacios que se puede ver en la crónica oficial, así como los pasillos de la nueva residencia de trabajo del mandatario belaruso –que se han convertido en sólo dos años en espacios históricos– es realmente memorable. Tocar la historia viva, si quiere, es una sensación indescriptible de la participación en los eventos de escala y de alcance mundial. Hace poco en el Palacio de la Independencia ha sido realizado un recorrido bien informativo ofrecido para las personas distinguidas de nuestro país, miembros del Consejo de Ancianos del Comité Ejecutivo de la provincia de Minsk, así como los representantes de honor de las empresas, las organizaciones y la sociedad belarusa. Las impresiones y emociones de los participantes se las expresó sucintamente el veterano del trabajo, Héroe de Belarús, Pável Maríev:

— Este hermoso palacio eleva el ánimo por su solemnidad. Y el hecho de que aquí han tenido lugar los eventos de escala mundial –los encuentros del Cuarteto de Normandia, que buscaba la manera de establecer la paz en Ucrania– habla sobre la importancia especial de este lugar. Es un digno símbolo de un país digno.


El encuentro –celebrado en febrero pasado entre los líderes de Rusia, Alemania, Francia y Ucrania– fue recordado en varias ocasiones. Para el Palacio de la Independencia el mismo se hizo no sólo muy importante, sino también legendario. De pronto se ha hecho reconocible aquel redondo Salón Verde, donde fueron celebradas las negociaciones sin precedentes que duraron quince horas seguidas. Al dejar de ver la exposición de pinturas –donadas al líder de Belarús, Alexander Lukashenko, por los jefes de Estado de los países extranjeros– el presidente de la cooperativa de producción agropecuaria, “Agrocombinado Snov”, y el miembro del Consejo de la República, Nikolai Radomán, en el hecho mismo de estos recorridos por el Palacio de la Independencia ve el significado más profundo:

— No sólo es un lugar histórico de nuestro país, sino también es una encarnación viva de los logros de nuestros arquitectos y constructores, fabricantes de muebles y diseñadores. Este edificio muestra de primera mano los éxitos de Belarús moderna.


De hecho, las sillas y los sillones muy cómodos en el palacio fueron fabricados por los empleados de la empresa nacional, “Pinskdrev”. A su vez, los sofás fueron producidos en la fábrica de muebles en Molodechno y las mesas en la empresa en Bobruysk. Las enormes lámparas brillantes fueron hechas por los empleados desde la empresa de la ciudad de Lida, “Cascada”. Cabe destacar que todos estos hechos hablan de la identidad nacional tanto del palacio como de su política interna. Olga Dargel, ministra del Trabajo y Protección Social de Belarús en los años de 1994 a 2001– dijo lo siguiente al respecto:

— Es imposible expresar con las palabras todo lo que impresiona aquí. En Belarús tenía que ser construida la obra de este tipo. Porque no es un edificio común. Es un símbolo vívido de nuestra estatalidad nacional.

Dmitriy Krymov
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