Pervana significa Mariposa

Aún no ha bailado los partidos, con los que sueñan todas las bailarinas
Aún no ha bailado los partidos, con los que sueñan todas las bailarinas. Sólo el mes de agosto, una vez graduada del colegio coreográfico de Minsk, la turcomana Pervana Myrádova, de 19 años de edad, nacida en Ashgabat, fue invitada a ser parte de la compañía de ballet del Teatro Nacional Académico de Ópera y Ballet Bolshoi de Belarús y bailar en el cuerpo de baile. Pero ahora ella es también la solista en el ballet, “Lago de los Cisnes”, y actúa entre los cuatro pequeños cisnes. 


¿Se siente feliz?

— ¡Claro que sí! admite la muchacha. Y en su rostro muy simpático aparece un asombro, como si mi pregunta sobre su estado de ánimo suene al menos extraño. ¿Cómo uno podría no sentirse feliz bailando en este teatro. Ella soñaba con ello siendo estudiante del colegio coreográfico, a lo largo de ocho años bien largos. Además de eso, durante este tiempo la muchacha se enamoró de la ciudad de Minsk y especialmente de su barrio Nemiga, así como del Suburbio Tróyetskoye en las luces nocturnas, donde le encanta pasear. 

¿Con qué está soñando? 

Por supuesto, su sueño más deseado es algún día bailar el partido de Odette-Odile en el famoso ballet, “Lago de los Cisnes”. Y para que en la sala de espectadores estén sus padres –Nurdzhemal Amannazárova y Charyyarhodzha Myrádov– y se sientan orgullosos de ella. Y también su pedagoga más querida, Irina Abdyevna Mergenova... 

Bueno, el sueño, por así decirlo, es correcto, porque este partido, según los expertos, es una especie de examen del profesionalismo en el ballet. A propósito, Yuri Troyan, el artista popular de Belarús y el director artístico de la compañía de ballet del Teatro Bolshoi, está muy contento con la nueva bailarina joven. 

— Pervana, cuenta él, a esta altura se está acostumbrando al teatro y necesita ser más fuerte físicamente para aguantar fuertes cargas y hacerse más madura. Así que si llega a ser solista, depende de la misma. Tiene carácter muy fuerte. 

Y también los ojos muy lindos. ¡Tanta profundidad en ellos! Y la alegría chispeante inherente a la juventud. Espero que los lectores de la revista disfruten leyendo la entrevista concedida amablemente por ella. 

— ¿Cómo y por qué llegó a Minsk? 

— Yo tenía 10 años, cuando vine de Turkmenistán a Belarús e ingresé en el colegio coreográfico. Lo elegimos gracias a la información que habíamos leído en internet. Aquí estudiaron los famosos bailarines: Iván Vasíliev, Igor Kolb y otros. 

— ¿Le gustaba bailar siendo una niña? 

— Nunca he soñado con ser bailarina y nunca he bailado ante el espejo como otras chicas. Estudiaba en una escuela regular. Mis padres no tenían nada que ver con el arte. Mi madre es anestesióloga y mi padre es oficial de aduanas. Una vez me vio la amiga de mi madre, Irina Abdyevna. Fue ella que me abrió la puerta al mundo del arte de ballet, al mostrarme películas de ballet. Me quedé muy sorprendida. Entonces yo apenas tenía siete años e Irina Abdyevna empezó a enseñarme a bailar. No fue fácil, pues yo no tenía talentos específicos. Pero, parece que si uno trabaja duro, puede lograr mucho. Sobre todo con una pedagoga como la mía. Así es como me preparé para el colegio coreográfico. A propósito, a Minsk vine con Irina Abdyevna y mi madre. 

— ¿Cuándo se ha dado cuenta de que el ballet es algo suyo? 

— No fue en seguida. Al principio sólo ensayaba mecánicamente. Era pequeña, no entendía lo que estaba pasando. Pero cuando crecí y comencé a estudiar en el colegio coreográfico y bailar, me di cuenta de que era necesario entregar todas mis emociones bailando para que los espectadores pudieran ver mi verdadera alma y no una máscara en mi rostro. Nuestra pedagoga, Nina Davydenko (la artista popular de Belarús — Aut.) nos enseñó no sólo hacer movimientos, sino también sentir. 

— ¿Cómo se sintió al percibir el interés del público hacia su persona? 

— Esto pasó aún en el colegio. Yo bailaba el partido de Masha en el ballet, “El Cascanueces”, y me di cuenta de que existía una relación inversa entre mí y el público. Era tan agradable sentirlo... Por algo dicen que nos estamos intercambiando de energías. 

“Me gusta su país, me gusta Minsk, al igual que su gente. Los belarusos son amigables, sensibles y hospitalarios”

— Así que una vez graduada del colegio, comenzó a bailar en el Teatro Bolshoi de Belarús. ¿Quién te dio recomendaciones? 

— Un año antes de graduarse, al colegio coreográfico vino Yuri Antónovich Troyán para seleccionar a las chicas y nos conocimos. Yo con algunas otras bailarinas jóvenes pasamos por el teatro, vimos algunas actuaciones y también bailamos. Luego, en el marzo de 2015 a mí y a una bailarina más se nos ofrecieron el trabajo en el teatro. Claro que me quedé muy contenta y acepté esta propuesta. Me gusta su país, me gusta su ciudad, al igual que su gente. Los belarusos son amigables, sensibles y hospitalarios. 

— ¿Cómo tomaron su decisión de quedarse aquí sus padres? 

— También se sintieron felices. Trabajar en el teatro de Minsk es un regalo del destino. 

— Me imagino que debe extrañar mucho su patria... ¿Con qué frecuencia viaja a Ashgabat? 

— Cuando era pequeña, por supuesto, extrañaba mucho. De vez en cuando venía mi madre, a veces yo. Nos veíamos más o menos dos veces al año. Y ahora sólo una vez. Además de eso, hace mucho que no he visto a mi hermano mayor, Ezber, que está estudiando en una universidad en Londres. 

— ¿No quisiera regresar a Ashgabat? Dicen que su ciudad es muy hermosa. 

— Ashgabat es una ciudad muy linda como Minsk. Cuando comencé a estudiar, era difícil vivir sin mis padres y yo quería regresar cuanto antes a mi casa. Pero nunca decía a mis padres que era difícil, porque ellos creyeron en mí y pusieron tantos esfuerzos para que yo estudiara aquí. Yo no quería decepcionarlos, tampoco a mi pedagoga, Irina Abdyevna. 

— ¿Cómo superó la barrera del idioma? 

— Siempre hablaba el idioma ruso, pues estudié en una escuela rusa. Es probable que mis padres consideraran que fuera útil en mi futuro. 

— Cuéntanos sobre sus primeros días en el Teatro Bolshoi. 

— Al principio me sentí muy aterrada, pues en el colegio coreográfico los pedagogos trabajaban conmigo todo el tiempo. A su vez, en el teatro tenía que ensayar sin esperar que se me dieran tareas. Por lo tanto, muy rápidamente me di cuenta de que era más fácil estudiar que trabajar. 

— ¿Quién más llegó contigo al teatro? ¿Y cómo fueron recibidas? 

— En realidad, fuimos cuatro muchachas de nuestro grupo. Trato de llevarme bien con todas las chicas. Por ejemplo con la japonesa y coreana yo comparto un departamento. ¿Cómo nos han recibido? Con calma y amablemente observándonos. Es probable que la gente de teatro haya acordado de sí mismos y como hayan empezado aquí. Los pedagogos nos han ayudado mucho. Es una gente maravillosa y muy buenos profesionales. Para mí es todo un placer de trabajar con los coreógrafos, Alexander Tikhomírov y Tatiana Ershova. Muy rápidamente empecé a sentirme muy bien en el teatro. Aquí tenemos muy buen ambiente. 

— En su opinión, ¿en qué está la grandeza del ballet belaruso? 

— Tiene una rica historia. Es reconocido en todo el mundo por su profesionalismo, así como por muchas giras artísticas. Incluso ahora a veces escucho de las bailarinas mayores qué bien les recibían en diferentes países. Siendo estudiante del colegio coreográfico, me gustaban mucho las actuaciones: “La creación del mundo”, “Carmina Burana”, “Romeo y Julieta”... Además de eso, soy una gran admiradora de Liudmila Khitrova, Yana Shtangley, Alexandra Chizhik, Irina Erómkina y muchas otras bailarinas belarusas. Son mujeres fuertes y hermosas. Siempre he soñado ser como ellas... 

— ¿Le gusta bailar en el escenario del Teatro Bolshoi? 

— ¡Por supuesto! Todos los servicios se preocupan que nos sientan cómodos aquí, haciendo todo lo posible para que nadie lastime el tobillo, lo que es muy peligroso. En el caso si el piso es resbaladizo, ponen la colofonia. 

— ¿Cuál fue su primera actuación en el Teatro Bolshoi? 

— Bailé en el cuerpo de baile en la obra de un acto, “Serenada”, de Balanchine. Además de eso, soy una de las cuatro solistas en este espectáculo. 

— ¿Ya se da cuenta de que el ballet es un trabajo que requiere un entregamiento completo? 

— Sí. A veces hay que soportar el dolor que no se puede mostrar a nadie. Creo ser muy fuerte por mi naturaleza. Al mismo tiempo, uno obtiene tanta satisfacción al tener un resultado. 

— Hay una opinión que el cuerpo de baile es la cara de la compañía de ballet, lo cual es comprensible: el solista un día puede bailar de un modo y mañana de otro. Pero el cuerpo de baile siempre debe tener nivel más alto posible. ¿Qué opina al respecto? 

— El cuerpo de baile en el escenario es como un organismo único. Por lo tanto, los artistas del cuerpo de baile deben complementar los sentimientos de los solistas principales. Y si alguien en el cuerpo de baile sale del ritmo, toda la estructura se rompe en seguida. En este caso también pierde el solista. Si ha visto el ballet, “El Principito”, presentado recientemente, puede ver toda la importancia del papel de cuerpo de baile, que permite destacar tanto cualidades positivas como negativas de los solistas. 

— ¿Supongo que haya bailado el partido de una ave entre otras seis aves? 

— Sí, es cierto. Me encanta este espectáculo. Todo es lindo: la misma actuación y los disfraces también. 

— ¿Cuál es su movimiento favorito en el ballet? ¿Y tiene algunos que no le gustan? 

— Me gustan arabescos, actitudes... Y en realidad no tengo los que no me gustan, más bien, no tengo derecho de pensar en ello. Me gustan los saltos que hacemos. Como si seamos pájaros que vuelan en el aire. Por ejemplo, Sasha Chizhik tiene un salto muy alto. Yo aún no puedo hacerlo. Debo seguir ensayando mucho. 

— ¿Qué le gusta más: el ballet clásico o moderno? 

— Mi alma y el cuerpo están más propensos para el ballet clásico. El ballet moderno no es mío, me parece que no transmite todos los sentimientos que se puede transmitir el baile clásico, que tiene mucho amor, mucha pasión y mucha feminidad. 

— ¿Usted todavía tiene que demostrar que es capaz de ser solista? 

— Todavía tengo que trabajar muy duro. Yuri Antónovich me da algunos papeles solistas para que yo pueda demostrar lo que ya he aprendido. Bailar entre los cuatro es el primer paso en el camino hacia el título de una solista. 

— ¿Le gustaría que algún día para usted hagan una coreografía? 

— Oh, esto es todo un sueño para mí. Sólo confío en que algún día será eso. 

— ¿Cuáles son sus planes para el futuro? 

— En primer lugar, me gustaría lograr el éxito en el teatro, y luego ingresar en la Universidad de la Cultura, en la facultad pedagógica para convertirme en el futuro en una coreógrafa. 

— ¿Quién le dio el nombre de Pervana y qué significa? 

— Este nombre me lo dio mi madre. En la traducción del idioma turcomano significa mariposa, polilla. Mi nombre corto es Peri, que significa el ángel. 

— Y última pregunta, es decir la cuestión del pan de cada día. ¿Cómo ustedes –las representantes de los tres grupos étnicos– combinan diferentes gustos culinarios? ¿Qué están cocinando? 

— Nos estamos llevando muy bien en la cocina. Por ejemplo, la chica coreana –Yunzi Lim– muy a menudo prepara kimpab. Es un plato popular coreano parecido a un sushi japonés. A la muchacha de Japón –Urabe Kurimu– le gusta cocinar sopas. Y yo suelo hacer arroz con carne y condimentos. 

— ¿Conoces el plato típico belaruso, “drániki” (panqueques de papas)? ¿Te gusta comerlo? 

— Estoy acostumbrada a comer este plato desde la infancia. Además de eso, a mí me encantan diferentes dulces, pero tengo que cuidarme mucho. 

Valentina Zhdanóvich
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