Muñeco de nieve de Andrei

En la ciudad belarusa de Gómel fue lanzado un proyecto internacional de ayuda a los niños con cáncer

En la ciudad belarusa de Gómel fue lanzado un proyecto internacional de ayuda a los niños con cáncer


El comienzo al proyecto internacional sin precedentes del proyecto de ayuda a los niños con cáncer se lo dio Andrei Semilit de cuatro años, chico ucraniano desde la ciudad de Cherkasy, que llegó a Belarús con un diagnóstico severo de leucemia linfoblástica aguda. Junto con su madre el pequeño comenzó a hacer muñecos de nieve y ponerlos a la venta para ganar para su tratamiento. El sincero deseo de niños fue seguido por decenas de países de todo el mundo: desde Belarús hasta Arabia Saudita. En las redes sociales apareció un llamamiento: “Todos necesitan muñecos de nieve”, que levantó una ola de bondad.



La madre de Andrei –Alena de 28 años– me está esperando en un largo pasillo claro de la unidad hematología pediátrica del Centro Nacional Científico y Práctico de Medicina de Radiación y Ecología Humana. Me recibe una mujer joven y deportista, con un pelo corto. En seguida se capta toda su determinación y fuerza de voluntad. No se ha rendido y no está apagada para nada. Está dolorida: eso sí. Pero no rendida. Ella como si pueda leer mis pensamientos:

— Sabe, al principio, cuando a Andrei se lo hicieron este diagnóstico, parecía que el mundo se derrumbó, todo me caía de las manos. Lloré amargamente por muchos días. Pero luego traté de ponerme firme. ¿Quién salvaría a mi hijo, si no fuera yo? Así que ahora estoy luchando por mi pequeño y debemos vencer la enfermedad.

Andrei estaba durmiendo después de la quimioterapia. Pequeño hombre bien cansado. Para no molestarlo, nos acomodamos en la sala de juegos. Alena quería contar de lo que era antes. Vivía una familia: ella, su marido y su hijo. Trabajaba en una importante compañía belga vendiendo chocolates. Andrei iba al jardín de infancia, lo que le encantaba, porque tenía a muchos amigos. El fin de semana el chico lo pasaba con su padre yendo al bosque o para pescar. “Mi hijo incluso tenía sus propias botas de pesca, y por supuesto, caña de pescar”, los ojos de la madre comienzan a brillar y los labios temblar. La mujer apenas aguanta las lágrimas.

A la ciudad belarusa de Gómel la familia Semilit llegó el otoño pasado. Un par de meses antes de eso, los médicos de Cherkassy descubrieron cáncer en un chico inteligente y alegre. Según Alena, el tratamiento inicial no dio resultados. La situación estaba empeorando. Siguiendo el consejo de los especialistas, ellos contactaron con la clínica en Alemania. Pero no pudieron ir allí:

— El tema de dinero. Se necesitaba una cantidad muy grande de dinero para el tratamiento. No sabíamos dónde conseguirlo. Es más, nos pidieron pagar todo dinero a la vez. Entonces los médicos alemanes nos sugirieron a acudir a la clínica belarusa. Comenzamos a buscar una información. En cuestión de días nos comunicamos con el Centro Nacional Científico y Práctico de Medicina de Radiación y Ecología Humana en Gómel. Nos invitaron a venir. Es más, en este caso estaba permitido pagar por cuotas. Para la primera cuota logramos juntar el dinero en nuestros familiares.

Un cuarto privado. Acciones comprensibles. No hay necesidad de buscar medicamentos. Alena habla de las ventajas obvias de la clínica belarusa. Lo más importante es que hay una mejoría en el estado de su hijo. Por lo que ella ahora está rezando todos los días... En noviembre tuvieron que pagar por la siguiente etapa de tratamiento. Disponían de sólo 500 dólares aunque se necesitaban varios miles. La joven mujer lo recuerda y aún no cree en un milagro que ha sucedido:

— Decidimos vender nuestro apartamento en Cherkassy. Ya celebramos el contrato. Para entretener a mi hijo, encontré en Internet una descripción de cómo hacer muñecos de nieve. El pequeño Andrei se animó en seguida, pues le gustó mucho la misma idea. El chico comenzó a pedir que hiciéramos muñecos de nieve. Compré el arroz, “Basmati”, y un par de calcetines. Y empezamos a hacer. En realidad, no era nada complicado. Se necesitaban un poco de paciencia, imaginación y creatividad. Se nos salieron criaturas muy divertidas. Tomé foto de nuestras obras de arte manual y las puse en mi página en Internet para complacer a mis familiares y amigos. En seguida mi amiga puso un comentario: “Es excelente muñeco de nieve. Me gustaría tenerlo. Estoy dispuesta a pagar por el trabajo”. Cuando la mañana siguiente abrí mi página, no podía creer lo que veía. Estaban varias docenas de pedidos. Varios días después ya fueron centenares. Las personas extrañas estaban dispuestas a ayudarnos.

Las fotos de Andrei haciendo muñecos de nieve para su propia salvación se difundieron en docenas de recursos de Internet, publicaciones y canales de televisión. Vinieron miles de pedidos de todo el mundo: Belarús, Ucrania, Rusia, Canadá, Polonia, Francia, Alemania, Arabia Saudita, los Estados Unidos, Israel, Italia y Chipre, entre otros. Todos los días Alena estaba haciendo muñecos de nieve. Pero muy pronto se dio cuenta:

— Ya no podíamos seguir haciendo muñecos en tantas cantidades. Pero queríamos complacer a todas las personas que nos pedían. Debo confesar que simplemente no sabíamos qué hacer. Y entonces una vez más nos vino la ayuda. La escuela municipal No. 15 de la ciudad de Gómel, más cercana a la clínica, propuso abrir un taller. Esta idea inmediatamente fue apoyada en otras ciudades. Los talleres comenzaron a funcionar también en Gómel, Minsk, Cherkassy…

A esta altura, la obra sigue. Porque nos gustaría cumplir con todos los pedidos que hemos recibido.

Alena me cuenta de los descubrimientos inesperados que he hecho. Muchas personas transferían el dinero sin pedir nada a cambio. Además de eso, llegaban cartas muy alentadoras, así como los paquetes con juguetes y libros. Tragando lágrimas, la joven madre sigue contando:

— Había una sensación de que todo el mundo se puso al lado de mi hijito, Andrei. Y cuando tanta gente quiere lo mismo, suceden milagros. En pocos días hemos recogido el monto necesario de 35 mil dólares norteamericanos para el tratamiento en una clínica y también la rehabilitación. El dinero –que hemos recibido y estamos recibiendo en exceso, pues nuestra acción continúa– lo transferimos a niños ucranianos con cáncer que necesitan asistencia médica pagada en clínicas extranjeras.

A propósito, ya es conocida la primera dirección de esta ayuda conjunta: Taisya Shílova de cuatro años de edad desde la ciudad ucraniana de Donetsk. Tiene el mismo diagnóstico que Andrei. Hace poco tiempo la chica vino junto con su madre a Gómel para pasar por el tratamiento. Recoger la cantidad requerida se le ayuda el chico de la misma edad, Andrei Semilit, así como toda la comunidad. El maratón de caridad –organizado en apoyo de Taisya– unió a la gente común, las empresas, organizaciones y asociaciones públicas de la ciudad de Gómel. No hay duda de que en este caso también será recogido un monto necesario de dinero. Pues el muñeco de nieve de Andrei es un mago que evoca las mejores cualidades humanas y es capaz de hacer milagros. El pequeño se despertó. Estaba un poco caprichoso. Extendió una mano a la mesita de noche, en la que estaba sentado el muñeco de nieve. Luego comenzó a mirarme con curiosidad y mostrarme un juguete como si me lo presentara. Yo hice cosquillas en la barriga del muñeco de nieve. Andrei comenzó a sonreír, diciendo.

— ¡Él no tiene miedo de las cosquillas! ¡Él no tiene miedo de nada!

— ¡Es todo un héroe! Es como tú, respondí yo. Es posible cuando crezca, será el doctor.

El chiquilín levantó las cejas:

— En realidad, es yo quien quiere ser doctor. Y él me va a ayudar.

Violetta Dralyuk
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