“Hacer cine es bien divertido”

Qué trae a un documental el éxito, qué diferencias hay entre los personajes del campo y zonas urbanas y por qué el director de cine debe ser un poco cínico? Nos cuenta Víctor Asliuk

Qué trae a un documental el éxito, qué diferencias hay entre los personajes del campo y zonas urbanas y por qué el director de cine debe ser un poco cínico? Nos cuenta Víctor Asliuk.
Se puede hablar mucho de dones de una persona, pero los hechos, por lo general, hablan mejor que cualquier epíteto. Hoy en día, Víctor Asliuk es el único en el país académico de la Academia de Cine Europeo.

 Él rodó más de cuarenta películas documentales, y sólo la última, “Gente de Madera”, dedicada a un tallador solitario, Nikolai Tarasiuk, ya ha ganado cinco premios muy prestigiosos, incluso el gran premio del IX festival internacional de cine de artes y oficios celebrado recientemente en la ciudad francesa de Montpellier. Qué trae a un documental el éxito, qué diferencias hay entre los personajes del campo y zonas urbanas y por qué el director de cine debe ser un poco cínico? Nos cuenta Víctor Asliuk.

Photo by Vitaliy Pivovarchik
Viktor Aslyuk. Photo by Vitaliy Pivovarchik

Viktor Aslyuk. Photo by Vitaliy Pivovarchik
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— Qué circunstancias han influenciado en el hecho de que ha vinculado su vida con el cine? Sé que usted es el graduado de la facultad de filología y ha trabajado de profesor.

— No me acuerdo de lo que ha influenciado. Parece que toda la vida esté haciendo el cine. Creo que ha sido parte de mis propias búsquedas. Es cierto, durante un año y medio trabajé en la escuela, dos años serví en el ejército, era un oficial e incluso pensaba seguir una carrera militar. Pero después del servicio en el ejército tomé la decisión de seguir estudios en la universidad y dedicarme a la literatura. Me dí cuenta de que no me gustaría ser un profesor y comencé a buscar algo cercano a la literatura. Resultó ser el cine. En 1989, en el instituto del arte teatral por primera vez fueron seleccionados los estudiantes para la facultad de cine documental y largometraje. No quería ingresar en la facultad de actores por una sola razón, porque tendría que subir al escenario para actuar, lo que me daba mucho miedo. Por lo tanto, elegí el cine documental, mientras estudiaba en la facultad de filología y especializada en la ficción, aprendiendo la obra de Ales Adamóvich.

Francamente dicho, al principio el cine documental me parecía un oficio algo artesanal: rodar, montar y mostrar (desgraciadamente, hoy en día, la mayoría de los directores del cine documental se dedican precisamente a estas tres cosas). Sólo diez años más tarde me dí cuenta de que el cine documental también puede ser el arte. Por algo el cine apareció como un documental. Creo que esas películas exitosas –que tienen el presupuesto de cientos de millones de dólares norteamericanos– formarán parte de atracciones cinematográficas, se convertirán en un atractivo turístico y el cine como un fenómeno será desarrollado en forma del cine de autor, no relacionado con temas fantásticos, sino con la realidad y los problemas de la gente: felicidad, amor y muerte.

— Hay temas que le gustaría desarrollar en el cine documental?

— El número de estos temas es muy grande. Se puede hacerlo, pero nunca se sabe con anticipación, si tendrán éxito o no. Por ejemplo, es muy complicado en el cine documental presentar cosas íntimas, porque es un trabajo con gente real, no inventada. Se puede encontrar a las personas, que harán todo, lo que uno quiere. Se trata del sexo o el asesinato... Pero todo eso ya era en la historia del cine. Pero en el cine documental se pone muy importante el tema ético. Es imposible llegar a esta profesión sin una educación correspondiente. Al mismo tiempo uno tiene que ser un cínico. Si eres demasiado delicado y temes presentar algo o hacer a la gente a participar en tu película, no obtendrás nada bueno. Pero siempre hay un límite, que tú no debes sobrepasar y que tú mismo debes poner.

Viktor Aslyuk at the shooting
Viktor Asliuk durante el rodaje

— Está haciendo muchas películas sobre el campo belaruso. Por allí hay más interesantes historias humanas, o es más fácil hacer hablar a la gente del campo?

— El 50 por ciento de las películas mías están dedicadas a la vida en el campo. Resultó que estas películas son más exitosas. Realmente es más fácil trabajar con la gente del campo. En primer lugar, debido a que viven en un ambiente diferente. El hombre de la ciudad está enjaulado en su pequeño apartamento. Es más, no hay bosques, campos, espacios que existen en el campo. En la ciudad todo se pone cada vez más artificial, pero en el campo más verdadero y eterno. No me interesa hacer cine sobre rascacielos. Además de eso, las ciudades belarusas son muy sencillas y a veces incluso primitivas. Entre la arquitectura soviética uno no siente naturaleza, tiempo, historia y tradiciones. El ambiente de nuestras modernas ciudades a veces hace pensar que algún día la gente va a desaparecer. Pero debe existir una sensación de la eternidad. Es sumamente importante preservar la memoria histórica y el ambiente, en el cual ha formado la misma nación.

— Recientemente, su última película documental, “Gente de Madera”, ha sido galardonada con el gran premio del festival internacional de artes y oficios en Francia. Es su quinto prestigioso premio. ¿Qué hace exitoso este documental?


— Hablando de la película, “Gente de Madera”, este cine no debería haber sido exitoso. Es una película sobre un hombre que hace figuritas de madera. Existe muchas películas dedicadas a este tema. En todo el mundo se hacen películas sobre las personas que pintan, tallan, etc. ¿Qué especial tiene esta película? El protagonista, un tallador solitario de la mayor edad, Nikolai Tarasiuk, es el último aldeano del pueblo Stoily, municipio de Pruzhany, trató de recuperar el mundo, que había desaparecido. Nikolai Tarasiuk hace figuritas la madera de los antiguos pobladores y crea escenas de la vida en el campo: su gente de madera cosechan centeno, se contraen matrimonios en la iglesia, participan en el rito de la sepultura. Nikolai Vasílievich presenta la importancia del entorno, donde predomina el trabajo campesino, canciones populares, tradiciones y tiene muchas ganas de preservarlo.

De hecho, lo que hace Nikolai Tarasiuk, debe hacerlo la nación entera: tratar de mantener su identidad peculiar, su propia arquitectura y su propio lenguaje. Porque el resto es algo temporal y biológico. Comer, vivir y fallecer y todo. Uno será olvidado aunque le han puesto incluso un monumento de granito, que con el tiempo va a desaparecer también. Una persona no debe existir fuera de categorías, como memoria, moral y tradiciones. La gente tiene que luchar contra la esclerosis masiva. Para ello también existe el arte: cine, literatura y cultura, en general.

— Qué fuentes le ayudan a encontrar a las personas, cuyas historias pueden tocar lo más profundo de nuestras almas y llevar a diferentes pensamientos?

— Nada ayuda. Es una cosa muy complicada. Pero sobre todo es un problema de los que no tienen nada qué decir. Si una persona tiene algo qué decir, en seguida le viene la situación y el personaje. Hay dos variantes del trabajo de director de cine documental. En primer lugar, cuando el mismo tiene algo qué decir, y los personajes en el cine documental se utilizan más bien como actores, un medio para expresar sus pensamientos. El segundo método es cuando sus personaje son personas únicas y el director de cine trata de presentarlas al máximo.

— Qué le gustaría hacer hoy en día como director de cine documental?

— Creo que las películas –que tengo que hacer– no he rodado. Durante quince años –que hago el cine documental– se ha cambiado mucho las tecnologías. El nuevo equipo ha traído nuevas estéticas, nuevas condiciones de trabajo. Y es importante mantenerse en un alto nivel creativo, sin ser afectado por una tentación de la transición técnica. Hoy en día, cuando están disponibles pequeñas cámaras es muy fácil rodar algo, montarlo y pensar que has hecho el cine documental. Pero esto es una ilusión. Pues hay una profesión con sus leyes y condiciones. Tenemos que aprenderla. Sólo entonces podríamos convertirnos en buenos profesionales.

Pero me gustaría señalar que uno podría ser un profesional en el cine documental y no tener éxito. Pues es la segunda etapa en el desarrollo de la misma profesión, que depende de las razones que no es fácil determinar. A veces unas películas tienen alguna influencia, se hacen famosas, mientras que otras no. Pero es bien complicado entender por qué ocurre esto. Lo único que quiero decir que hacer cine es bien divertido, se puede justificar tu existencia, llenarla de un verdadero significado. Y en cuanto a “ganar”... ya es un asunto distinto.

Liudmila Minakova
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