El dolor se queda para siempre

Es tan difнcil eso: resucitar el pasado. Se trata de aquel pasado, que debe ser “resucitado”. Porque allн para siempre se instalу la muerte. A estos recuerdos se refieren los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial
Es tan difнcil eso: resucitar el pasado. Se trata de aquel pasado, que debe ser “resucitado”. Porque allн para siempre se instalу la muerte. A estos recuerdos se refieren los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial.

En Minsk conocen bien la actividad del Taller Histуrico situado en una casa vieja de un piso en la calle Sujaya donde en los aсos de la Gran Guerra Patria los hitlerianos establecieron la regiуn del ghetto judнo. Esta entidad de investigaciуn pequeсa, pero muy activa, surgiу con el apoyo del Centro Internacional Educativo de Minsk Johannes Rau. La organizaciуn la dirige el candidato a ciencias histуricas Kuzma Kozak. Aquн todos estбn ocupados en asunto importante y grande: guardan la memoria sobre aquella guerra horrible.
Los socios de los investigadores belarusos fueron los colegas alemanes: histуricos, empleados sociales, participantes de las iniciativas antifascistas. Las bъsquedas conjuntas, las reuniones y las discusiones son formas de colaboraciуn tradicionales. Pero los que saben esto todo deben comprender lo difнcil que es. Porque la conciliaciуn y la comprensiуn mutua en efecto se llagan mediante grandes esfuerzos y una actividad devota tenaz.
“Hasta hoy dнa no puedo escuchar las canciones alemanas”. Asн me dijo la habitante de Minsk Galina Livshits, ex presa menor de un campamento fascista colocado en los aсos de la ocupaciуn en el pueblo Krasniy Bйreg de la regiуn de Zhlobin. Los hitlerianos reunieron casi 3 mil niсos de 8 a 14 aсos, a los cuales usaban como a los donantes de sangre para los soldados heridos del ejйrcito alemбn o los llevaban para los trabajos forzados. Galina Livshits no suele intervenir con los recuerdos — es que le cuesta mucho hacerlo. Pero esta vez en Alemania, a donde los presos de los campos de concentraciуn y del ghetto a finales del verano pasado vinieron por la invitaciуn de Centro Internacional Educativo de Dortmund, se puso de acuerdo en reunirse con los escolares locales. Dice que les contу sуlo “una centйsima de lo ocurrido”. Para ver que la comprendнan, dirigiйndose a toda el aula, eligiу de inmediato a un chico que primero parecнa ser indiferente y tenнa el comportamiento despectivo. Y Galina Livshits venciу: al final de la conversaciуn ante ella ya estaba otro joven, con los ojos diferentes, muy atentos y conmovidos. Despuйs hizo la conclusiуn para sн y para todos: “Hasta si obligamos a pensar a un solo joven — pues merece la pena hacerlo”. ЎSуlo podemos suponer cuбntas fuerzas le costaba aquel encuentro!
En general el tema de las relaciones entre los presos antiguos del rйgimen nazi de los territorios soviйticos, incluso del belaruso, y los alemanes contemporбneos es un tema aparte. Y, por supuesto, no es nada fбcil. Vemos a las personas ancianas que vinieron de Minsk y que sufrieron tanto de los alemanes en los aсos de la ocupaciуn fascista se quedaron vivos casi por casualidad. Por eso admira su generosidad, la capacidad de comprender y excusar. Claro que no pueden perdonar a los verdugos y a los torturadores, sino perdonan a aquellos que se ven hoy obligados todavнa a pagar las cuentas, concedidos hace mucho por los alemanes al mismo diablo. Aquн vemos a Yevgueniy Stasйvich, ex preso menor del campamento de Breslavia y Gross Rosen. Hace mucho tiempo, cuando tenнa sуlo trece aсos, a este chico belaruso lo compraron los amos alemanes o asн llamados bauer. Sorprende que hoy este anciano, que lo recuerda todo, venga a Alemania y hasta cante las canciones en alemбn. Es acordeonista, miembro del coro de los ex presos menores de edad. ЎPiense lo horrible que suena: el coro de los ex presos menores de edad!
Y Maya Isaбkovna Lйvina-Krбpina, ex presa de ghetto de Minsk, a la cual salvу una campesina de la aldea Porechie de la regiуn de Pъjovichi, Anastasia Khurs, me presentу a su conocida alemana que se llama Lore. Lore habнa visitado varias veces nuestro paнs como la voluntaria y cuidaba a los enfermos graves en las clнnicas de Minsk. Y lo habнa visto todo: Lore se acuerda de aquellas visitas y su trabajo con cariсo y con buenos sentimientos. ЎPues resulta que precisamente ella lo necesita para sн misma!
Nadie dice que los alemanes se sienten bien. Hoy en dнa la opiniуn pъblica dentro de la misma Alemania se formula por la polнtica oficial antifascista. En el paнs estб prohibido usar los sнmbolos nazi y la propaganda fascista, se castiga tambiйn la denegaciуn de Holocausto. Pero no siempre fue asн. Sobre lo que ocurrнa en los aсos de la Segunda Guerra Mindial, sobre el arrepentimiento de la naciуn comenzaron a hablar sуlo a partir de los aсos 80 del siglo ХХ. La iniciativa fue desarrollada mucho. Pero hoy se puede oнr ya las voces reservadas — todavнa reservadas — que preguntan: їa lo mejor es suficiente? Los alemanes se arrepintieron, ya es hora de olvidarlo todo. їPero si se puede olvidarlo?
їQuй es la cultura de la memoria? Cada pueblo lo percibe de su propio modo. Cada sociedad tiene su propia memoria. Por eso el pueblo belaruso y el alemбn recuerdan los acontecimientos de la guerra de modos diferentes. Pero hay que saber aceptar el punto de vista de otra naciуn e interesarse de йl, llamaba en su intervenciуn en la conferencia el Secretario de Estado de los asuntos de federaciуn, Europa y Medios de Comunicaciуn de la regiуn de Renania del Norte-Westfalia Michael Mertes. Debe haber una discusiуn y entonces la historia se presentarб tal como era. La negaciуn de los hechos histуricos lleva a la amnesia colectiva, estб convencido el seсor Mertes.
Parece que Colonia y Minsk son muy lejanos. Pero las ciudades une la historia trбgica de miles de personas, cuya vнa dolorosa comenzу en la estaciуn de Colonia y se acabу en el horno del crematorio del campo de concentraciуn en Trostenйts. Entre mil judнos deportados aquн en julio de 1942 de Colonia habнa alumnos del primero y ъnico gimnasio judнo Javne en la ciudad de Renania. A muchos niсos el director Erich Klebazki logrу evacuarlos a Londres. Al principio los nazis daban a los judнos alemanes los permisos para huir a otros paнses por grandes sumas de dinero. Despuйs dejaron de hacerlo. Con los restantes niсos el director se dirigiу hacia la muerte. El 24 de julio en Minsk llegу un convoy lleno. El tren no tardу ni un minuto, todo segъn el horario — la famosa puntualidad alemana. Y el 25 de julio llevaron a todos para matarlos.
A finales del ъltimo octubre, cuando se celebraba la fecha trбgica — el 65o aniversario de la aniquilaciуn del ghetto de Minsk por los fascistas, en la ciudad colocaron una lбpida conmemorativa, dedicada a todos los judнos expulsados de Colonia. Se aсadiу a las lбpidas conmemorativas de Dьsseldorf, Bremen y Hamburgo.
En junio de 1944 mataron a los ъltimos presos que se quedaron todavнa en Trostenйts. En total en el territorio belaruso en los aсos de la Segunda Guerra Mundial funcionaban 260 campos de exterminaciуn, cбrceles y ghetto.
Pero el movimiento se efectuaba tambiйn en direcciуn contraria. En Colonia y en sus afueras los hitlerianos crearon 376 establecimientos grandes y pequeсos (hasta podнan ser muy pequeсos, incluyendo de 10 a 15 personas para ejecutar los trabajos fбciles) para los trabajos forzosos. En el archivo del museo EL-DE-Haus, situado en el edificio del antiguo gestapo de Colonia, se conservan los testimonios de la gente que fue obligada a trabajar aquн, fueron recogidos inmediatamente despuйs de la guerra. Cuando abrн la primera carpeta, vi la pбgina donde los nombres, apellidos, nombres de las aldeas me parecieron muy conocidos, belarusos: Anбnich Nadezhda Fiуdorovna, Anбnich Oleg, de la aldea Mуtino, Chiornaya Niva… Las aldeas se quemaban, los habitantes fueron llevados como esclavos a Colonia… Sigo leyendo y veo que en efecto se parecen a los nuestros. Y me hacen creen en los poderes sobrenaturales de este mundo.
їQuй nos espera maсana? Tal vez la respuesta dependa de lo que piensan hoy los que tienen de momento de 18 a 20 aсos. Por supuesto, para los alemanes les resulta mбs complicado comprender lo que nosotros sabemos desde la infancia. їPero debe existir la memoria de aquella guerra terrible? Burkhard Gran, pedagogo de la casa museo del Centro Docente Internacional en Dortmund:
-Los proyectos del Centro Docente Internacional de Minsk demuestran el enfoque eficaz. Su particularidad consiste en que ademбs de la educaciуn, enseсanza, investigaciones cientнficas, aquн apoyan a los viejos, presos de los nazis. Y es un aspecto muy importante de la cultura de memoria. La atenciуn hacia una persona concreta, lo cuidamos — es mбs importante que cualquier informaciуn… El programa benйfico “Garanticemos una vejez digna” lleva dos aсos realizбndose. “La preocupaciуn por las personas que sufrieron el horror de la guerra es lo que forma nuestra memoria, nuestra percepciуn del pasado”, — dice la jefa del proyecto Marina Bachilo. Ademбs estб segura de que lo principal consiste tambiйn en atraer la atenciуn de los jуvenes a la obra benйfica y el trabajo voluntario. Es que sуlo las palabras no pueden enseсar a la generaciуn joven la compasiуn y la bondad. Y sуlo del trabajo real se puede enterarse de que la atenciуn y la compasiуn humana no tienen valor.
Una frase frecuente — el tiempo pasa muy rбpido. Pero en realidad fue asн. Y “maсana” se convierte en “hoy”, y “hoy” en “ayer”. Y nuestros descendientes futuros intentan ya encontrar algo en su pasado. їQuй descubrirбn allн?
-Me duele mucho que de momento se destruyan los monumentos de la йpoca soviйtica, que se puede unir bajo el mismo nombre — “a los soldados libertadores”, que hay por todas partes: en las ciudades, pueblos y aldeas, — constata con tristeza Kuzma Kozak, sentado en el patio interior del castillo de Wewelsburg. — Hasta si no tienen ningъn valor artнstico. Pero son artefactos de la йpoca, sus testimonios autйnticos. Y debemos conservarlos para el futuro. A lo mejor, en los museos.
Me parece que debemos reconocerlo. Por supuesto, la memoria del dнa siguiente ya serб muy diferente segъn su forma. Pero el contenido seguirб siendo el mismo, como lo vemos hoy.

Galina Ulitenok
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