Vladímir Gridiushko: “Me encanta servir en el teatro y servir al Teatro”

Según la tradición, a finales de 2014, en el Teatro Nacional Académico de Ópera y Ballet Bolshoi tuvo lugar la fiesta navideña de la ópera

Según la tradición, a finales de 2014, en el Teatro Nacional Académico de Ópera y Ballet Bolshoi tuvo lugar la fiesta navideña de la ópera: el V Foro Internacional de Navidad de Minsk. Además de eso, justo en estos días por primera vez en nuestro país fue celebrado el Concurso Internacional de Canto de Navidad en que tomaron parte 155 artistas de todo el mundo 


El foro navideño abrió con la apertura de Payasos de Ruggero Leoncavallo presentada por el director jefe Mikhail Pandzhavidze. El artista honorable de Georgia Teimuraz Gugushvili como Kania 

Una vez más nos agrada señalar que el Foro de Navidad es una brillante fiesta de la ópera, que aman y esperan muchos vecinos de ciudad e Minsk. También en aquellos días de diciembre, en la víspera de la Navidad, en el Teatro Bolshoi de Belarús fue estranada con éxito la ópera, “Payasos”, de Ruggero Leoncavallo presentada en escena por el director jefe, Mikhail Pandzhavidze sonó dos veces. Una vez la parte de Canio la interpretó el artista popular de Georgia, laureado de la Orden de Honor de la República de Georgia, solista del Teatro Nacional Académico de Ópera y Ballet de Tbilisi, ganador de numerosos premios y, como se lo llaman aficionados el “tenor de oro” del mundo de la ópera, Teimuraz Gugushvili. También en otras producciones actuaron varias estrellas de la ópera. En la obra, “Reina de espadas”, de Piotr Tchaikovsky el papel de Condesa lo interpretó la artista popular de la antigua Unión Soviética, prominente prima de la ópera rusa de San Petersburgo, Irina Bogachova. A su vez, en la ópera, “Rigoletto”, de Giuseppe Verdi participó Vladislav Goray (Duque de Mantua), artista emérito de Ucrania. Hace falta señalar que en la Sala de Cámara Larisa Alexandróvskaya tuvieron lugar dos brillantes estrenos de Mikhail Pandzhavidze, “La camarera-ama” de J. Pergolesi y “El conductor” de D. Cimarosa. A su vez, el último concierto, “Voces Jóvenes de la Ópera Mundial”, después del cual fueron anunciados los nombres de ganadores y el concierto de gala que concluyó el festival –ambas actividades culturales– según el director general del teatro, Vladímir Gridiushko fortalecieron el espíritu creativo y regalaron a los actores y al público la alegría de conocer obras maestras del mundo. Nos gustaría añadir también la gran unidad espiritual, que ha sido parte de este evento cultural. Cuando en la final del concierto de gala sonaba “Oración” de L. Mardzagaliya interpretada por todos los participantes, en la sala de espectadores se percibía una grande unidad con algo tan sublime y hermoso, que era imposible describir sólo con las palabras y que luego estalló en aplausos y gritos entusiasmados de “¡Bravo!” Y, por supuesto, todos nosotros aplaudimos expresando una tremenda alegría y gratitud a los organizadores de esta maravillosa fiesta cultural. 

Con estas mismas sensaciones –que durante largo tiempo serán recordadas por mucha gente– nos reunimos para hablar con Vladímir Gridiushko. Pues él como nadie sabe todo sobre el teatro que dirige. A propósito, estos días el director general del Teatro Bolshoi ha recibido de las manos del presidente belaruso, Alexandr Lukashenko, el premio especial, “Por el renacimiento espiritual”, por poner en escena la obra, “Vytautas”, en la cual brillantemente está presentado el tema histórico nacional. 


La escena de espectaculo Payatsy — el solista del Teatro Bolshoi de Rusia Sergei Moskalkov (Tonio), y la artista honorable de Belarús Nina  Sharubina (Neda)

— Vladímir Pávlovich, nos gustaría conocer su impresión general sobre el foro de Navidad y el Concurso Internacional de Canto. ¿Había algo que no le gustó y que le gustaría olvidar y evitar, cuando comenzarían las preparaciones para el próximo foro y el concurso? 

— No había nada que me gustaría olvidar. Aunque, como sabemos, no hay límite a la perfección, y pensamos tomando en cuenta las experiencias anteriores seguir mejorándonos. 

— ¿Cómo usted logró participar –siendo el presidente del jurado en el concurso de los jóvenes cantantes– también en el Foro de Navidad? Nos imaginamos que cansaba mucho. 

— Trabajaba durante todo el día muy intensamente, escuchando a los jóvenes cantantes y por la noche tenía espectáculo. Pero todo nos salía bien e incluso lográbamos terminar para las seis de la tarde y cenar juntos antes del espectáculo. Recuerdo que en Francia comenzábamos a las 10 de la mañana y terminábamos a las 10 de la noche. La primera demoró un día y medio, y el número de participantes era aproximadamente el mismo que en nuestro concurso. Imagínense, por qué estrés pasábamos. Así que reitero, todo es relativo. 

— ¿Cuando comenzaron a preparar el concurso? ¿Cuántas personas estuvieron involucradas en este proceso? 

— Empezamos hace un año. Cabe destacar que en la preparación del concurso tomaron parte muchos servicios del teatro trabajando según sus funciones. Y poco antes del inicio del mismo proyecto, nosotros incluso pedimos ayudarnos a los voluntarios, así como a los estudiantes de la Universidad Nacional de la Cultura y el Conservatorio. Agradezco mucho a todos. Un agradecimiento especial me gustaría expresarlo a nuestro socio general, “Belarusbank”. 

— Nos imaginamos que no fue fácil promover el primer Concurso Internacional de Canto de Navidad. 

— Claro que no fue fácil. Pues es una gran responsabilidad. Los participantes y los miembros del jurado llegaron de otros países. Invitamos a todos para tener el número correspondiente de concursantes. En una ocasión asistí a un concurso internacional, en que tomaron parte sólo 16 personas. En la primera ronda participaron 32 cantantes y luego el número de concursantes se redujo hasta la mitad... Por lo tanto, utilizamos todos los medios posibles –sitios web y correo electrónico– para enviar la información a diferentes países, usando nuestros contactos y memorandos de cooperación con otros teatros. En toda Europa son 25. Al principio nos llegaron solicitudes de 280 personas. Era obvio que no todos podrían venir. En resultado, al concurso lo asistieron 155 participantes. En realidad, es mucho. Normalmente, el número óptimo de concursantes es de 100 a 120. La primera ronda duró tres días, cuando los vocalistas cantaron una sola aria, En la segunda fueron presentadas dos arias y en la tercera partes grandes de las actuaciones. Es más, los artistas cantaron “escenas” junto con nuestros artistas en las actuaciones del repertorio de nuestro teatro y acompañados por nuestra orquesta sinfónica. Es la diferencia fundamental entre el Concurso Internacional de Canto de Navidad y otros concursos de canto, donde los participantes cantan sólo acompañados de una orquesta sinfónica. 

— ¿Siendo el presidente del jurado, usted tuvo que convencer a los demás miembros de elegir al ganador, o la opinión del jurado fue unánime? 

— No tuve que hacerlo. Analizábamos mucho. Eso es cierto. Calculábamos. Pero la decisión definitiva fue tomada tras una votación. Cada miembro del jurado tenía una tablita, en un lado de color rojo, que prohibía el paso a la segunda ronda, y en otro lado de color verde, que se parecía a un semáforo. Todos los miembros del jurado estaban sentados en una fila y no podían ver uno a otro. En el momento de la votación ellos ya tomaron la decisión por quién iban a votar, sabiendo que a la segunda ronda debían pasar 30 personas. Cuando se anunciaba el nombre del participante –a propósito, lo hacía yo– los miembros del jurado levantaban la tablita. A su vez, dos personas contaban los votos, una persona “lados rojos” y la otra “lados verdes”. Todo muy sencillo. Por lo general, no teníamos las diferencias entre las voces, excepto en uno o dos votos. Yo, siendo presidente del jurado, podía ejercer mi derecho de voto doble. Sobre todo en aquellos casos, cuando hubo los resultados como, por ejemplo, 6: 6, o 7: 7. Así que usé este derecho mío en seis ocasiones. Nos gustaría mucho que ganaran los cantantes con talento, por lo tanto, en la semifinal aumentamos el número de puestos hasta los seis. Y gracias a mi voto, una de las concursantes procedente de Ucrania ocupó el segundo lugar. 

— ¿Se está llevando a cabo algún proyecto para promover la ópera belarusa? ¿Los cantantes oriundos de Belarús participan en los mismos? 

— Siempre son bienvenidos los artistas que han nacido en Belarús. Por lo tanto, nos han visitado los belarusos que viven en Praga, en Bratislava. En varias producciones nuestras participó Irina Gordey. Recientamente ella ha cantado en la ópera, “Tosca”. Además de eso, en nuestro teatro ya fue celebrado el concierto de gala. También en nuestro teatro en varias ocasiones cantó Iván Shupénich... En realidad, podemos dar nombres de muchos belarusos. Estamos abiertos a cualquier persona que quiera cantar en nuestro escenario. 

— ¿Su historia de amor con la ópera comenzó cuando usted ocupó el puesto del director general del Teatro Bolshoi o el amor por el arte se le despertó temprano, tal vez cuando era niño? 

— Nunca he sido indiferente al arte. Tomaba clases en la escuela de música. A propósito, por allí conocí a mi futura esposa. Con ella tomábamos clases de acordeón en Svetlogorsk. También nuestros hijos estudiaron en escuela de música. Ahora es difícil decir, si me gustaba o no me gustaba el arte. Mis padres pertenecían a la intelectualidad rural. Mi padre era director de la escuela, mi madre era maestra. Por supuesto, ellos entendían que la música desarrolla la personalidad y me mandaron a tomar clases en la escuela de música. Después del tercer grado, me iba a dejar las clases de música, incluso entregué las notas en la biblioteca, pensando que jamás regresaría. Recuerdo que entonces mi padre –que ya falleció– me dijo: “Si no eres capaz, déjalo”. Después de estas palabras, pensé, cómo que no era capaz... Terminé la escuela de música y luego cambié mi dirección educativa, al ingresar en el Instituto Pedagógico Maxim Gorki. A su vez, mi esposa continuó la educación musical y más tarde se graduó del colegio musical y el Conservatorio. Pero curiosamente, mi relación con el arte musical ha continuado no sólo a través de mi esposa, lo que al parecer estaba destinado. No hace mucho tiempo lo entendí, al reflexionar sobre las coincidencias en nuestra vida. El edificio del teatro abrió el 10 de marzo de 1939. Este mismo día cumplo años. Ni siquiera pensaba que estas dos fechas podrían ser compatibles entre sí. Tampoco pensaba que algún día podría ser el director general del Teatro Bolshoi. 

— ¿Siendo colegial, era líder? 

— Por supuesto. En la escuela secundaria fui el presidente del destacamento de pioneros, luego el presidente de la junta de pioneros y más tarde el secretario del comité del komsomol de la escuela. Al pasar unos años, fui elegido el secretario del komsomol de la ciudad de Svetlogorsk y luego llegué a ser el secretario del Comité Central de Komsomol de Belarús... 

— ¿Cómo podría explicar este enorme interés de los ciudadanos belarusos hacia la ópera hoy día en comparación con el pasado? De hecho, la ópera es arte de la élite y no es fácil entenderlo. 

— Eso significa que el público belaruso ya ha alcanzado este nivel cultural. Además de eso, hemos creado una muy buena base para que la gente vaya a nosotros. Pues el público va a los nombres y títulos. A su vez, nosotros tratamos de atraer una gran cantidad de nombres y títulos. Estos dos componentes nos permiten reunir al importante número de espectadores. Se trata de 45 estrenos en apenas de cinco años, que gozan de mucha popularidad y lo que no está mal. ¿Qué le parece? 

— Usted está viajando mucho al extranjero. ¿Quién de las estrellas de la ópera mundial se le parece más interesante? ¿Qué excepcional tienen además de su manera de actuar en el escenario? 

— Por lo general, todos mis viajes están relacionados con la celebración de memorandos. Además de eso, se trata del conocimiento del arte internacional que ayuda a comprender, si estamos desarrollando bien y estamos al tanto. Hasta el momento, no he reunido con grandes estrellas en el extranjero. A María Guléguina la conocí en Belarús, cuando ella estuvo aquí. Además de eso, me agrada mi amistad con Nina Ananiashvili, con la que hemos hecho varios proyectos muy interesantes, incluso “Verano de Ballet en el Teatro Bolshoi”, así como la presentación de un ballet georgiano y el ballet, “Laurencia”. Nina Ananiashvili es una persona maravillosa, ella no sólo es talentosa, sino también es muy sencilla y encantadora. También me alegro mucho por contar con la amistad de Andrias Liepa, estrella del más alto nivel. Sus actuaciones han enriquecido el repertorio de nuestro teatro. Podría dar otros nombres. Además de eso, he reunido con el director de la Ópera Nacional de Viena, hemos hablado mucho y espero que se establezca la cooperación entre dos entidades culturales. A pesar de que tenemos diferentes intereses, diferentes áreas, así como distintos principios y enfoques, seguramente podríamos tener algo en común. Por ejemplo, tomemos el Concurso Internacional de Canto de Navidad, esta idea se me vino a la mente, cuando yo era parte del jurado internacional en el concurso de canto en Francia, en la pequeña ciudad de Burdeos. En dos ocasiones estuve allí. Y después de la primera visita me di cuenta de que no tenemos suficiente cantidad de estos concursos, pero es importante y prestigioso no sólo para el país, sino también para la gente y especialmente para los cantantes. A propósito, en el mundo se celebran concursos para artistas jóvenes menores de 30 años de edad. Pero a nuestro país en su mayoría vinieron los cantantes de ópera que tenían de 35 a 38 años. Así que en el mundo no se celebra nada similar. Además de eso, el jurado lo formaron muchos directores de teatros: Hans-Joachim Fry de Austria, Allen Nona de Canadá, Tadeo Eder de Lvov, Mart Mikk de Estonia... A algunos de ellos los conozco desde hace mucho tiempo. 

— ¿De dónde proviene su amistad con Tadeo Eder? Él habló con tanto cariño de usted en la conferencia de prensa previa al inicio del Foro de Navidad? 

— Hemos conocido hace muchos años atrás. Por primera vez, él llegó a Minsk para participar en un evento conmemorativo dedicado a Zinovy Babiy, cuando yo sólo me ocupé el cargo del director del teatro. Recuerdo muy bien, cómo Tadeo subió al escenario, habló bien de Babiy, pues era un tenor maravilloso, la leyenda de la ópera, que comenzó su trayectoria artística en Lvov... Entonces firmamos un memorando de cooperación. Y luego invité a Tadeo a participar en el Primer Foro de Navidad, luego en el Segundo y en el Tercero... A partir de entonces él viene a Belarús cada año. Una vez durante mis vacaciones estaba pasando a través de Lvov y nosotros también nos reunimos. Así nació nuestra amistad. Además de eso, me llevo muy bien con otras celebridades. Por ejemplo, con el señor Yakubov desde Tashkent. Juntos organizamos viajes de intercambio: nuestros solistas se iban allí y los azerbaiyanos aquí... Todo comenzó con la celebración de los Días de la Cultura de Azerbaiyán. Entonces yo trabajaba en el Ministerio de Cultura y encabecé la delegación de Belarús. En seguida sentí que mi vida sería relacionada con el teatro de la ópera y el ballet, pedí a la parte anfitriona que me llevaran al Teatro Nacional de la Ópera y Ballet de Azerbaiyán. Allí conocí a Akifa Turánovich Mélikov, con que recientamente visitaron Bakú. director del teatro. También nos hicimos buenos amigos. Y nuestros solistas de la ópera y el ballet comenzaron a venir allí, y los azerbaiyanos aquí. Varias veces ellos presentaron en Minsk el ballet, “Siete Bellezas”. Y luego nosotros pusimos en escena la obra, “Siete Bellezas”, con nuestra propia coreografía y escenografía. Y hace un año, lo presentamos a Bakú. Hace falta señalar que nuestra producción fue todo un furor. Y cuando el compositor mundialmente reconocido, Arif Mirzóev, se me acercó y dijo: “Usted puso en escena lo que una vez fue pensado por el famoso compositor azerbaiyano, Kara Karayev”, me sentí muy satisfecho. 

— ¿Si tuviera la oportunidad de cantar, le gustaría hacerlo con él? ¿Y con quién de los solistas de su teatro le gustaría cantar? 

— ¡Oh! Son muchos. Una vez conocí al famoso tenor, Peter Dvorsky. Un tiempo él era jefe de la Ópera de Bratislava. Eso sucedió después de que él dejó de cantar, a los 50 años de edad, siendo muy joven para el cantante de ópera. El destino de los cantantes de ópera es muy diferente. La voz es una cosa vulnerable, que puede desaparecer en algún momento. Escuché su canto grabado. Tenía la voz de increíble belleza. Peter Dvorsky cantó con muchas estrellas internacionales. Maria Guléguina decía del mismo, que Dvorsky era su Alfredo más favorito en la obra, “Traviata”. ¿Con quién me gustaría contar de nuestros artistas? Con la mayoría absoluta: Anastasia Moskvina, Oksana Vólkova, Stas Trífonov, Vladímir Petrov, Vladímir Grómov, Nina Sharúbina Ilya Silchukov, nuestro barítono “brillante”... Y Eduardo Martyniuk. Son tenores tan elegantes que no tienen otros teatros. ¡Qué virtuosos! Además de eso, Yury Gorodetsky tiene voz tan cálida y extraordinaria. Todos los artistas del elenco del Teatro Bolshoi son muy talentosos. Muchos nos envidian. Se puede hablar muchos de ellos e incluso sobre los bailarines. Por ejemplo, Sasha Chizhik ahora vive su mejor momento en el escenario. Es una hermosa bailarina, que participa en la mayoría de los espectáculos del teatro. Liuda Khítrova también es todo un milagro... 

— Usted dijo que el público va para ver a artistas. ¿Por eso invita a solistas de otros teatros? 

— Claro que sí, por eso también. Además de eso, se trata de un intercambio creativo, en el que los artistas –nuestros y de otros teatros– perfeccionan su maestría. Pues, en mi opinión, todo es muy relativo. Y cuando el público belaruso ve que nuestros artistas tienen voces brillantes y fuertes, entonces comienza sentirse orgulloso de ellos. 

— ¿Cuáles son las exigencias de las estrellas de ópera? ¿Qué piden, cuando les invita a cantar usted en una u otra obra? ¿Podría invitar, por ejemplo, a Khvorostovsky o Netrebko? 

— Las estrellas –que invitamos– no piden nada sobrenatural. A propósito, todo el mundo conoce hospitalidad belarusa. Siempre recibimos en el aeropuerto, organizamos el alojamiento en el hotel, “Belarús”, y la comida... Durante el Foro de Navidad a unos participantes los alojamos en el hotel, “Minsk”, y a otros, en “Victoria”. Los miembros del jurado, por ejemplo, estaban viviendo en el hotel, “Belarús”. Nuestros socios nos ayudaron mucho con el transporte. Maria Guléguina, cuando estaba en Minsk, vivía en el hotel, “Svísloch”, ahora es “Grand Plaza”. Tampoco los artistas se quejaban con otras cosas. Y cuando parten de Minsk, expresan su gratitud. Hace falta señalar que Dmitri Khvorostovsky estuvo en Minsk en varias ocasiones. Participó en el concurso internacional, “Slaviansky Bazar”... Pero no sé, si hay necesidad de poner muchos esfuerzos para invitar a las estrellas. Nuestra sala de espectadores nos es muy grande... Además de eso, tenemos que financiar nuevos proyectos. 

— ¿Dónde vivían los participantes del reciente concurso de canto? 

— No nos ocupamos de este tema. En este caso, por viaje, comida y alojamiento los cantantes mismos pagaban. Es una práctica mundial de la participación en este tipo de concursos. A propósito, los concursantes también pagan una cuota de entrada. Y los que entran en la semifinal, obtienen un bono: comida. Me agrada el hecho de que no hubo concursantes que se ofendieron por algo. Todos ellos partiendoo del país nos agradecían mucho. A todos los cantantes les damos entradas a los espectáculos del Foro de Navidad. Los miembros del jurado –que estaban en nuestro concurso por primera vez– también expresaron su gratitud, diciendo que en ningún país no habían visto nada parecido. 

— ¿Cuál es su proyecto más favorito llevado a cabo en el teatro? ¿O les gustan todos? 

— Todos los proyectos son como los niños en la familia: los amo a todos. Se trata de “Gran Baile en el Teatro Bolshoi”, “Noches en la residencia de los Radziwill”, “Temporadas Rusas”, “Foro Internacional de Ópera de Navidad” y el reciente concurso de canto. No tengo dudas de que el mismo se convertirá en una tradición. Y el “Verano de Ballet en el Teatro Bolshoi” también... ¿Cómo podría no amar nuestra revista, “Parterre”, o subestimar el nuevo proyecto, “Gran Enciclopedia del Teatro Bolshoi de Belarús”? ¡Esta es una obra maestra! 

— ¿Cuéntenos sobre la promoción de sus proyectos? 

— Sin duda ninguna, cada proyecto debería ser promovido, así como cada nombre. A través de la publicidad, la televisión y otros medios de comunicación. No nos queda otra. Algunos de nuestros proyectos ya no lo necesitan. Por ejemplo, las entradas para el “Gran Baile de Navidad” estaban agotadas ya en septiembre. También el Foro de Navidad ya no requiere nada de promoción, así como “Noches en la residencia de los Radziwill”. 

Pero en la víspera de cada uno de estos proyectos, nosotros de cualquier modo tratamos de utilizar todos los medios posibles para recordar sobre ellos. 

— ¿Qué estrenos están preparando para nosotros el año en curso? ¿Cómo piensa sorprender al público? 

— Lo hemos hecho muchas veces, así que ya no es nuestra tarea. Vamos a seguir haciendo producciones de calidad. En cuanto a los estrenos, próximamente el público belaruso tendrá la posibilidad de disfrutar de las óperas, “La novia del zar” y “Carmen”, así como del ballet de Eifman, “Anna Karénina”… 

— ¿Cuánta gente está bajo su cargo? ¿Cómo le parece el puesto del director del Teatro Bolshoi? ¿Qué siente, cuando tiene que subir al escenario, como fue una vez celebrado el concierto de gala? Usted salió y dijo: “¡Eso es todo!” 

— En el teatro trabajan más de mil personas. La orquesta sinfónica está formada por 150 personas y el ballet son 120 bailarines, los solistas de la ópera son 70 cantantes, el coro también son 70 personas. También grupos de producción... Además de eso, tenemos nuestro propio comedor y un pequeño servicio administrativo y de gestión... A priori, a mí me encanta servir en el teatro y servir al Teatro. En general, me gustaba trabajar donde trabajaba. Debo admitir que subí al escenario con mucho gusto. Pues en aquel momento sentí que la misión estaba cumplida. Por lo tanto, sentí una gran alegría. Porque todo lo pensado se hizo realidad.

Valentina e Iván Zhdanóvichi 

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