Vida rural con colorido asiático

¿Trabajar al aire libre y pagar dinero por esto? ¡Esto no vale!

¿Trabajar al aire libre y pagar dinero por esto? ¡Esto no vale! Cansados desde la niñez del agrofitness semanal muchos intentan salir al campo con un solo objetivo — descansar al máximo. Los extranjeros, sin embargo, esperan de nuestro país las emociones desconocidas. Si la terapia laboral permitirá sentir mejor el colorido belaruso, entonces ¿por qué no? Durante dos días los estudiantes de la Universidad Lingüística Estatal de Minsk: el turco del tercer curso Ertugrul Beseoglu y el surcoreano del cuarto curso Kim Sung-Jae aprendían a cortar leña, segar césped y hacer drániki. Aquí es un reportaje pastoral de la región de Rossony.




 De hecho, el turismo rural en nuestro país ya no sorprende casi a nadie. Otra cosa es que a los visitantes en la aldea les prefieren recibir según los canones bastante tradicionales, y como regla, todo el programa consiste de diez puntos. La pesca y el barco. Los paseos a caballo y en bicicleta. Los baños en un lago y la sauna. Los museos improvisados de antiguos utensilios rústicos y las clínicas de cocina. Las excursiones a los lugares históricos y culturales de la zona y su propio zoo de contacto… Ganan los que al plato turístico estándar añaden una salsa especial.

...Desde las ventanas de una simple casa rural de Alla Joren en la agrociudad Kliástitsy se abre una excelente vista al río Nischa. A la orilla están masticando hierba las vacas — Alla Nikoláevna tiene las tres.

— Descansaban una vez en estos lugares los alemanes — recuerda la anfitriona. — Querían obtener experiencia — planeaban comprar su propia granja. Me pidieron darles de probar ordeñar una vaca: para entender si podrán o no. Les permití hacerlo, a pesar de que en la aldea hay ciertos indicios. Es mejor no acercar a tu vaca a un extraño ni dejarle entrar en el pajar. Noté que a los extranjeros les realmente interesa nuestro modo de vivir: cómo calentar el horno, cómo acopiar el heno, cómo cocinar... La mayoría, sin embargo, prefiere mirar y sólo algunos — aprender.

El surcoreano del cuarto curso Kim Sung-Jae y el turco del tercer curso Ertugrul Beseoglu están satisfechos de descanso en la región de Rossony

Son así los héroes de nuestro reportaje — Ertu y Sung-Jae. La guadaña y el hacha para ellos son como artefactos de un museo de etnografía territorial, unos hallazgos arqueológicos de la Edad de Piedra. Pero vamos a precisar que para Ertugrul las preocupaciones rurales no son absolutamente nuevas. Dice que fui a visitar a sus amigos en la ciudad de David-Gorodok. Por eso por lo menos tiene la idea de que es heno, leña picada, sauna y otros artefactos rurales. Incluso intentaba aprender a usar el hacha. Sin embargo, el encuentro de hoy con las herramientas tradicionales para cualquier campesino se acompaña de las declaraciones sobre el progreso: que en sus países la agricultura ya es automatizada y las manualidades cayeron en olvido.


Kim Sung-Jae, Corea del Sur:


— Para nuestro país su vida es por supuesto, el siglo pasado, los años 80. Por lo tanto, sólo se queda sentir nostalgia. Por eso este tipo de turismo seguramente será interesante para mis compatriotas. Durante mucho tiempo no podían encontrar en el mapa un lugar adecuado. El problema es que todos los caminos llevan a Minsk. Incluso si los visitantes de Belarús saben a dónde ir para tales impresiones, surgirá la pregunta ¿cómo llegar allí? ¿Por qué las agencias de viajes no ofrecen un recorrido fuera de la capital, sea centralizado o individual?



— Agarras con la mano izquierda, tomas la manija con la mano derecha — el colorido especial del turismo rural consiste en que prácticamente cada uno puede enseñar a hacer las cosas rurales. Stanislav Kozlóv (Fiódorovich sin ceremonias), solista del conjunto folklórico de Yánkovichi “Krynitsa”, llegado a Kliástitsy para familiarizar a los jóvenes con las particularidades culturales del país, muestra meticulosamente cómo afilar la corte, tomar el instrumento, amagar, cómo apretar la guadaña a la hierba y cómo no dañarse. Resume: buena guadaña tiene que segar por sí misma.


Kim Sung-Jae comienza a segar y después de un par de movimientos ya le sale bien, aunque el surcoreano confiesa que antes usaba sólo la cortadora de césped.

— La guadaña es trabajo físico, entrenamiento para los músculos — comenta Fiódorovich.

— ¡Pero no ahorra el tiempo ni esfuerzos! — comienza la discusión Ertugrul.

— ¡Pero es útil para la salud!

— ¡De qué salud se puede hablar cuando siegas todo el día bajo el sol! — discute el ciudadano turco.

— Pero no es necesario ir al gimnasio. Segar es como usar una simuladora.

Mientras tanto la directora del conjunto, Nadezhda Kovaliova, propone enseñar a los estudiantes de la ULEM a usar el hacha. ¿Una mujer? Los jóvenes están cambiando las miradas perplejas. En respuesta a sus miradas asombrosas ella sólo bracea: ¿qué problema hay? En su familia ya hace mucho el esposo corta leña y ella la parte en enjuto.


— ¡Cuidado! — grito yo. — Y si la mocheta se desprende o los jóvenes fallan, son principiantes, o...

Pero no hablemos de las cosas tristes. La tarea es simple: partir un leño de abedul.

— Lo haré con una mano — al fin y al cabo una clínica la va a ofrecer el hombre, conductor Mijaíl Malashenko. — Y vosotros intentáis al principio con dos manos.

Ademán, hachazo — ¡hecho! Entendemos que para los jóvenes físicamente fuertes hacer este tipo de trabajo es coser y cantar. Y no hace falta temer que no funcione.

Ertugrul y Sung-Jae comparten sus impresiones: para ellos esta prueba ha sido un deporte. Ya que en la vida cotidiana de los turcos o surcoreanos no hay ninguna necesidad de usar hacha.

— ¿Y encender el horno, barbacoa? ¿En vuestros países no suelen reunirse para hacer shashlyki (o traduciendo al idioma extranjero — barbacoa)?

— Ya nadie usa los hornos, no hacemos shahlyki, no es nuestra cocina. Aunque también preparamos la comida a la parrilla. Por ejemplo, samgyeopsal — panceta frita a la parrilla. Pero en vez de la leña usamos los medios especiales para el encendido y el carbón — dice Kim Sung-Jae.

— Si alguien necesita la leña picada, puede comprarla. A su acopio se dedican las personas especialmente entrenadas — añade Ertugrul Beseoglu.


No es conveniente alimentar a los extranjeros con shashlyki. Los visitantes extranjeros están interesados principalmente en los platos locales. La mesa de Alla Joren se dobla bajo diferentes platos de patata, tenca al horno en crema agria, varios quesos caseros y pepinos en vinagre, jolodnik y rebozuelos, tazas con zumo de abedul y copas con licor local. Para beber — diferentes tés de hierbas. ¿Y los drániki? Los drániki los huéspedes tendrán que prepararlos por sí mismos.


Ertugrul Beseoglu, Turquía:

— La vida cotidiana es su nicho. Igual que para nosotros los hoteles de tipo “todo incluido”. Nosotros preferimos confiar en el trabajode alguien, la gente aquí en su mayoría puede abastecer a sí misma. Dicen que es necesario descansar durante las vacaciones? Pero paramuchos el cambio de la actividad es también el descanso. Y lo principales que cada uno puede ganar gracias a este tipo de turismo: la gente no hace nada nuevo para nosotros. Simplementenos muestra lo que sabe y siempre sabía hacer.



Ertugrul se niega: dice que sabe cocinar (pasta con diferentes salsas, ensaladas turcas, kebab), pero no le gusta. Prefiere comer en los cafés. Además, insiste en que a pesar de que los mejores cocineros en Turquía son los hombres, la cocina es para las mujeres. En casa siempre cocina su madre.

Le toca cocinar a Kim Sung-Jae. Pues, el surcoreano no tiene nada en contra, pero confiesa que podrá preparar sólo el arroz. “Y la carne de perro?” — bromeamos. “La probé una sola vez” — contesta...

— No hieras los dedos — enseña Alla Joren cuando el joven empieza a rallar la patata. — No hagas drániki tan gruesos — sigue otra pista.

Complicamos la tarea. Dejamos a Sung-Jae solo. ¿Podrá hacerlo? Lo he hecho. Dentro de 10 minutos tenemos el plato hecho: como si cocinara durante toda su vida...


Según los expertos

Dmitri Subtselny, vicepresidente de la Federación Europea de Asociaciones, Centros y Clubs de la UNESCO:

— Uno de los objetivos de nuestra organización es ajustar la comunicación intercultural, por eso debido a nuestro trabajo cooperamos a menudo con los extranjeros. Ellos son expertos permanentes de nuestros proyectos internacionales — por ejemplo, los campamentos de instrucción y voluntarios. Un punto obligatorio del programa es familiarizarse con el país. Pero visitar los castillos y otros objetos del patrimonio histórico-cultural es una cosa. Y para llegar a comprender la mentalidad, ajustar los lazos es mejor sumergirse en la vida cotidiana, dar la posibilidad de sentirse belaruso, mostrar en Belarús las cosas que no ve un turista típico, lo que de hecho, intentamos hacer.

Valeria Klitsunova, presidenta de la organización cívica belarusa “Country Escape”:  

— Algunos extranjeros esperan de Belarús la paz y la tranquilidad. Están interesados simplemente en asomarse por la ventana y mirar a un manzanar. Sin embargo, la tendencia del turismo moderna por la cual muchos están dispuestos a pagar un montón de dinero son impresiones. Tomemos, por ejemplo, la siega. El hombre trabaja físicamente. Siente la hierba y su olor. Ve el sol, los pájaros. Nunca lo hacía y por supuesto, experimentará las emociones muy fuertes. Con todo eso los huéspedes sienten perfectamente dónde es el teatro y dónde es la vida real. Sé de qué estoy hablando, porque en la tribu de masáis viví durante una semana para no sólo ver la imagen sino también sentir el alma. Otra cosa es que en las granjas la terapia laboral como una oferta concreta todavía no es legalizada. Ofrecerán trabajar solamente si se lo pides...

Dmitri Umpiróvich
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