Unidos por la música

Dos veces por la semana Alla Bashkírova viene de Baránovichi a Gántsevichi y de vuelta. Su vocación es buscar y encontrar talentos entre los niños

Dos veces por la semana Alla Bashkírova viene de Baránovichi a Gántsevichi y de vuelta. Pues vive en una ciudad y trabaja en la otra. Ella es maestra de la música en la Escuela de Artes para Niños en Gántsevichi. Su vocación es buscar y encontrar talentos entre los niños.

Pero hay algo más que obliga a la mujer ya jubilada cada día a tomar el tren e irse a otro municipio: “Cuando uno se jubila, comienza a pensar en sus enfermedades. Pero el trabajo ayuda a no centrarse en los problemas”.

Por el trayecto de Baránovichi a Gántsevichi señora Alla pasa ya durante siete años. También antes ella recorría una distancia bastante larga para dedicarse a lo que le agradaba mucho:

— Siendo estudiante del cuarto año en el Colegio de Música Glinka de Minsk, comencé a dar clases en una escuela capitalina y luego en la de la pequeña localidad de Uzdá. Allí necesitaban a una maestra de solfeo y que tocaba acordeón. No me quedaba la otra que aprender a tocar acordeón junto con mis alumnos. Y luego el director de la escuela me propuso también dirigir un coro. En aquel entonces yo tenía sólo 19 años.

La señora Alla siempre lograba hacer muchas cosas y sigue siendo una mujer muy activa.

En opinión de Alla Bashkírova, no hay personas que no saben cantar. La mujer está segura de que un buen profesor puede contagiar con la música incluso a aquella gente a que no le gusta cantar para nada:

— Enseño no sólo a tocar piano y cantar, sino también cuento sobre los fundamentos de la cultura musical. Mis alumnos aprenden nombres de los compositores más reconocidos del mundo, entre ellos los belarusos: Churkin, Aládov, Smolski, Pomázov, Dorokhin, Gorélova y Murashko. Además de eso, me gustaría que los jóvenes sepan de dónde en momentos diferentes extraían los sonidos. A su vez, para recordar de las composiciones musicales soviéticas, he traído mis tocadiscos.

— Hablando de los tiempos antiguos y de las celebridades musicales, Stanislaw Moniuszko y Michal Kleofas Oginski, ¿qué cultura ellos representan: nacional o extranjera?

— Creo que la música no tiene nacionalidad, ella sólo tiene estilos: barroco, clasicismo, romanticismo, impresionismo, jazz, etc. Claro que debemos sentirnos orgullosos de que Michal Kleofas Oginski, autor de la famosa polonesa inmortal, “Adiós a la Patria”, es nuestro compatriota. El año pasado, llevamos a cabo una conferencia dedicado a nuestro paisano mundialmente reconocido, donde lo nombramos “el compositor belaruso, polaco y lituano”.

Alla Bashkírova considera a la artista popular, Liudmila Efímova, brillante representante de la escuela de Leningrado de dirección coral como su gran maestra. Hace falta señalar que Liudmila Efímova más de 20 años trabajó dando clases en la Escuela de Música Glinka de Minsk, y en 1987, ocupó el puesto de la directora del Coro Nacional Académico Shirma.

A su vez, la misma señora Alla no buscó logros de la carrera:

— Una vez me gradué, no me quedé en Minsk, sino regresé a Baránovichi. Creía que debería cuidar a mi padre el veterano de la Segunda Guerra Mundial, que hizo mucho para que yo recibiera educación.

— ¿Sentía usted que estaba viviendo en la provincia cultural?

— Ni siquiera tenía este pensamiento. ¿Sabe por qué? Siempre hemos tocado mucho en los escenarios de la ciudad, en otras escuelas y unidades militares. Incluso me galardonaron con la insignia, “Por el patrocinio cultural de las Fuerzas Armadas”. Pero entonces no se pagaba por nada. Hoy en día vivimos en un mundo diferente: debemos aprender a ganar. Pasamos mucho tiempo dando conciertos y organizando veladas musicales. El pago por las entradas es bien simbólico y la gente de Gántsevichi, Liakhovichi, Baránovichi asiste a nuestras actividades culturales. Me parece que la provincia es allí, donde no hay cultura. Pero tenemos cultura, la creamos nosotros mismos.

Sin duda, la señora Alla tiene mucha suerte de tener como su jefe al director de la escuela de música de Gántsevichi, Valery Martinkévich, que está tocando acordeón, compone composiciones musicales y también es el director del conjunto popular.

La atmósfera creativa y agradable –que reina en la escuela– es un fuerte incentivo para venir a trabajar aquí, aunque sea desde lejos, pensé que después de haber conocido a la maestra y sus alumnos.

¿Y el sueldo es importante para una jubilada? Alla Bashkírova admite que la posibilidad de ganar algo adicional la motiva no estar en casa descansando, sino seguir trabajando. Pero lo más importante es la inspiración. Ahora Alla Bashkírova planea mudar a uno de los pueblos situados en el municipio de Minsk. Por lo tanto, el próximo año académico la maestra planea trabajar ya en otra escuela de música, pues no le gusta sentarse en el banco y sólo conversar con sus contemporáneas:

— Si no hay un lugar en la escuela, organizaré en mi casa la sala de música. Ya sé cómo debe ser todo: hermosas sillas, piano y retrato de Oginski...

Víktar Kórbut

Cuando encantan las clases de música


“Mis amigas todo el tiempo me preguntan, si me gusta asistir a las clases en la escuela de música y me piden tocar algo”, se pone obvio que según la referencia de una de las alumnas de la Escuela de Artes para Niños en Gántsevichi, el estudio aquí es un trabajo y gran honor al mismo tiempo. Esto es lo que también cuentan los alumnos de Alla Bashkírova de lo que porque ellos se han comprometido a aprender fundamentos de música.


1° grado Natacha Saladkova:

— Cuando me enfermo, toco piano, y en seguida comienzo a sentirme mucho mejor.

2° grado Christina Blinkóvskaya:


— Yo vivo lejos de la escuela: en las afueras de Gántsovichi. Pero estoy aprendiendo a tocar piano para mí misma y con mucho gusto asisto a las clases. Más de todo me encanta escribir hermosas claves de sol y notas.

3° grado Alisa Vlásova:

— Una vez en la televisión vi como tocaban los pianistas, y quise también tocar así. Me encantan clases de música, pues en las mismas en vez de pruebas y exámenes participamos en conciertos. Además de eso, recientemente he empezado a asistir a las clases de guitarra. Mi padre toca muy bien guitarra, pero me gustaría aprender a tocar aún mejor.

Nastya Melekhovets:

— El solfeo es mi materia favorita. La música me ayuda a desarrollar la memoria. Además de eso, me encantan las matemáticas.

Eugeni Baranets:

— En el 2° grado vino maestra para seleccionar a los niños a la escuela de música. Me inscribí en la clase del violín, sin saber que es el instrumento más difícil de tocar. Pero me gusta mucho.

5° grado Sasha Rylko:

—A la escuela de música me llevó mi madre, pues ella también se graduó de la escuela musical. También mi abuelo toca acordeón, y la composición musical más favorita de todos nosotros es un vals para acordeón, “En las colinas de Manchuria”.
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