Todas las tendencias modernas

El Festival Internacional de Coreografía Contemporánea en Vítebsk (IFMC) no sólo es el más antiguo festival de danza contemporánea en la antigua Unión Soviética
El Festival Internacional de Coreografía Contemporánea en Vítebsk (IFMC) no sólo es el más antiguo festival de danza contemporánea en la antigua Unión Soviética, sino es uno de los foros culturales más representativos en Belarús según el número de participantes extranjeros

Este año el festival se celebra por vigésima séptima vez. Sus solicitudes enviaron 55 grupos artísticos de 17 países del mundo, de los cuales 33 los jueces los invitaron a actuar en Vítebsk. Como invitados especiales al escenario subieron también los integrantes de grupos teatrales de baile procedentes de Rusia, Ucrania, Gran Bretaña, Suecia, España, Israel, EE.UU., Estonia e Italia. Además de eso, en el jurado y el consejo asesor han trabajado los representantes de Alemania y los Países Bajos.

Según el ministro de Cultura de Belarús, Borís Svetlov, el Festival Internacional de Coreografía Contemporánea se destaca entre otros festivales por su personalidad brillante, así como el reconocimiento del público y los profesionales:

— El festival es un reflejo de las tendencias mundiales en el arte. Este laboratorio creativo de la danza moderna –interesante para el público y los profesionales—siempre reúne a muchos representantes de medios de comunicación y durante muchos años sigue siendo un lugar, donde nacen nuevas estrellas de danza.
Este año, más de la mitad de los participantes llegaron a Vítebsk por primera vez. Rusia fue representada ampliamente en cuanto a su geografía: sus obras trajeron los grupos artísticos de Moscú, Vólogda, Kémerovo, Omsk y Ufa. Los artistas rusos ganaron los premios más prestigios, excepto el Gran Premio. Olga Gorobchuk del teatro de danza de Omsk fue reconocida por los miembros del jurado como la mejor coreógrafa del concurso. Su representación “Chispa”, fue galardonada con un premio especial Eugeni Panfílov. El ganador del primer premio del concurso fue Ilya Oshi desde Vólogda por la obra, “En las puntas de los dedos”. Los coreógrafos del teatro estudio de coreografía moderna de Moscú ganaron dos terceros del premio: el jurado destacó la miniatura, “A casa” (Egor Máslov) y el ballet de un acto, “Tres Hermanas” (Pável Glúkhov). El trabajo, “Celos” (Elizaveta Zhúkova) –presentado por los artistas del mismo estudio– recibió un premio especial del jurado, “Por la mejor plástica”.

A los grupos artísticos de Belarús fueron otorgados dos segundos premios: los obtuvieron el teatro estudio de Diana Yúrchenko de Vítebsk por la obra, “Provincia”, y el proyecto de Sergei Poyárkov e Igor Poyarkova Nichiporuk de Minsk por el trabajo, “Flores para Julia”. El premio especial del jurado, “Por un debut talentoso”, fue concedido a la obra, “Espectro”, parte del proyecto de Valentín Isákov desde Gómel. A su vez, Olga Skvortsova, directora artística de SKVO’s Dance Comany, fue galardonada con un diploma, “Por el desarrollo de la moderna danza belarusa”.

El criterio más importante de cualquier concurso -y el IFMC no es una excepción– es el talento. Lo que se pone notorio de inmediato. Por lo tanto, los miembros del jurado se pusieron de acuerdo muy rápidamente: el principal premio fue otorgado al dúo japonés, Ayaks Habat y Kotar Ito. Así que el Gran Premio del Festival Internacional de Coreografía Contemporánea por primera vez fue llevado a Japón.

Mientras el público disfrutaba del arte, el jurado –formado por los críticos de ballet, pedagogos y celebridades culturales de diferentes países– analizó el estado actual de la danza moderna. Su presidente –la crítica de ballet y la musicóloga, Larisa Barykina– señaló que el nivel técnico de los artistas realmente ha crecido mucho, pero sigue siendo notorio el problema de “la forma y el contenido”:

— Como siempre, hubo actuaciones poco comprensibles, cuando casi no se notaba la idea y no había nada de coreografía. Los japoneses ganaron, ya que su baile se destacó con su gran valor artístico. Si hablamos de las tendencias, se van al pasado los tiempos, cuando decían, que la moderna danza era lo que quedaba a las infelices mujeres solteras. Entre los coreógrafos de hoy día hay muchos hombres y no hay predominio de temas de amor no correspondido. Claro que la guerra, los disparos en el escenario, así como la búsqueda de la comprensión mutua son signos de nuestros tiempos.

La danza moderna es lo que somos hoy en día: mucho orgullo y poco amor. A los coreógrafos de este género se les gusta “acentuar” temas desagradables, así como hacer preguntas inesperadas y causar nuevas emociones. Al público inexperto le puede parecerse que el ballet moderno eligen los perdedores, pero no es así. Es un mundo muy diferente. Hace falta acostumbrarse al hecho de que durante un espectáculo de danza los artistas están parados, acostados, hablan, utilizan efectos teatrales, pantomima y acrobacia.

Belta

Hace falta subrayar que la coreografía –ya sea clásica o moderna – es el arte de la élite. Por lo tanto, siempre es un círculo bien estrecho. Pero, dicen, si una persona se enamora de ballet, es para toda la vida. El público de Vítebsk se enamoró de este género de arte hace muchos años, y en resultado, en el escenario de la sala de conciertos ya se presentaron miles de artistas procedentes de más de cuarenta países del mundo. Muchos coreógrafos principiantes sólo aquí en Vítebsk –que dio al mundo la vanguardia artística de principios del siglo XX– sintieron que sus búsquedas creativas eran interesantes para alguien más: incluso en Minsk es complicado durante cinco días reunir a tanta cantidad de espectadores en los cinco conciertos poco entretenidos.

Según la tradición, en el marco del IFMC fueron celebradas exposiciones bien interesantes. El fotógrafo de Moscú, Vladímir Lupovskoy, presentó una serie de retratos, “Los veinteañeros”, dedicada a los pioneros de la danza moderna. La minsqueña, Anna Moyseyuk, a través de la fotografía trató de presentar al público a los bailarines detrás del escenario, y el artista de vanguardia belaruso, Alexei Kuznetsov, dio a conocer su nuevo proyecto, “Arte Abstracto”.

Claro que todos estos eventos culturales no podrían celebrarse sin la ayuda financiera de los fundadores del festival: el Ministerio de Cultura de Belarús, el Teatro Nacional Académico de Ópera y Ballet Bolshoi y el Gobierno de la ciudad de Vítebsk.

Maryna RamanoŭskajaMarina Romanóvskaya, autora y directora del Festival Internacional de Coreografía Contemporánea, ganadora del premio Sergei Diaguilev por el mejor proyecto de productor en el campo de la cultura y el arte. Así fue reconocido el foro cultural de Vítebsk en el festival internacional, “Temporadas de Diaguilev: Perm - San Petersburgo - París”:

— Hemos tratado de presentar las actuaciones muy diferentes. Todo lo que vio el público en el festival, están viendo ahora los espectadores en Europa. Me encanta que los artistas y sus obras son muy humanistas y hablan de lo mismo: la búsqueda de la armonía y la comprensión mutua. Por lo tanto, el concierto de la inauguración del festival tuvo nombre, “Camino hacia sí mismo”. Claro que la danza no puede cambiar a nadie, pero puede hacer que una persona comience a pensar, a mirar hacia adentro y tratar de comprender a los demás. Tal vez no somos autorizados de decir que el mundo está mal, pero los artistas están viviendo en este momento muy difícil y reaccionan a su manera. Al festival ha asistido la gente de diferentes países, pero estamos hablan el mismo idioma y estoy segura de que multiplicamos el bien y hacemos este mundo un poco mejor.

Olga Kruchenkova
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