Tantos vuelos sin fin de fantasía

En el arte antiguo de kviling Liudmila Bulava quere llevar características nacionales distintivas

En el arte antiguo de kviling Liudmila Bulava quere llevar características nacionales distintivas


“Girasoles”, el fragmento de panel

De una manera divina en la vida de la tecnóloga de impresión, Liudmila Bulava-Zhdanóvich, entró el arte de kviling (es palabra inglesa, pluma de ave — Aut.) Es el “arte de hacer composiciones planas o tridimensionales de espirales de papel, largas y estrechas”. Otro nombre es trenzado de espirales. Los espirales obtienen formas diferentes y ya son módulos de los que se hacen tarjetas postales, cuadros, marcos para fotografías y mucho más cosas. ¿Y por qué plumas de ave? Pues anteriormente las mismas se utilizaban para hacer espirales... El marido de Liudmila, Timofei, para el aniversario número siete de su boda, en 2012, se le regaló una invitación al taller del arte de kviling. “En la tienda –ubicada en la calle capitalina, Nemiga– se reunieron cinco mujeres que con la ayuda del instructor hicieron cada en menos de una hora una tarjeta postal, recuerda Liudmila. Resultó ser una obra muy sencilla que contenía una flor, un par de hojas y una mariposa. Pero la guardo como un recuerdo del inicio de mi pasión por el arte de kviling”.

Hace falta señalar que el mismo arte de kviling es de mucho tiempo. Se originó a finales del siglo XIV, principios del siglo XV en la Europa mediterránea. Se cree que el arte de kviling fue fundado por los monjes, que recortando los bordes dorados de libros, el papel que les sobraba lo ponían en las plumas de aves, imitando en las iglesias pobres las miniaturas de oro. Con el tiempo, la técnica comenzó a propagarse en el mundo, sobre todo en Alemania y Gran Bretaña. La técnica, es aparentemente sencilla, pero las obras salen perfectas, cuando sólo hay paciencia, perseverancia, agilidad y precisión. Y también el talento y una imaginación rica. Es curioso que al principio estas obras no fueron reconocidas como el arte, y en el siglo XIX se consideró un pasatiempo para las mujeres y finalmente (la era de la emancipación...) fue casi olvidado. Y al final del milenio la técnica de kviling volvió a convertirse en el arte. Gracias también al hecho de que la princesa inglesa, Isabel II, la actual reina del Reino Unido, lo admiraba: a esta altura, sus obras permanecen en el famoso Museo de Victoria y Alberto en Londres.

Después de haber dominado la técnica, sigue contando Liudmila, hay que utilizar toda su fantasía. El material es el papel de colores (se vende). Además de eso, se puede poner en una composición también plumas, flores secas, mazorcas de maíz e hierbas, granos... “Ahora, cuando han sido creadas docenas de diferentes obras, sé que es más interesante para mí es hacer cuadros grandes, admite la artesana. Gracias a las tarjetas postales aprendí el arte de kviling... Luego me atreví a hacer composiciones en forma de naturalezas muertas. La gente empezó a hacerme encargos y hace dos años atrás me convertí en una artesana: presenté una solicitud a la oficina de impuestos y a partir de este momento una vez al año pago impuestos: un salario básico. (210 mil rublos belarusos, o alrededor de diez dólares norteamericanos — Aut.) ¿Cuáles son mis obras? Los interesados pueden ver mi página web en la red social rusa, “Odnoklassniki” (compañeros de estudios — Aut.) Además de eso, funciona el servicio “boca a boca”. Una vez vistas mis tarjetas postales, las personas las piden para sus amigos o para las invitaciones de boda, regalos, recuerdos del cumpleaños. A veces con clientes especificamos los colores, pues cada uno tiene su propio gusto. A mí ya no me interesa hacer tarjetas postales de masas. No tengo ningún interés. Me gustaría que sean composiciones bien originales. A menudo algo viene a mi mente y ya tengo que cumplir”.

Liudmila comenzó a dedicarse al arte de kviling mientras cuidaba a su hijo, Boriska. Y en 2013 comenzó a trabajar –es la tecnóloga jefe en el centro editorial de la Universidad Nacional de Belarús– y por la noche hacía muchas tarjetas postales. “Me encantaba mucho, comienzan a brillar sus ojos. Este oficio consume a uno. Mi hija mayor, Daria, también está probando hacer algo: mi ejemplo la inspira. Todavía le falta la habilidad de manos y la perseverancia. En general, el arte de kviling es un buen mago, tanto para adultos, como para niños. Y qué alegría me dio ella junto con su abuelo, Piotr, cuando en la tierra natal de mi madre, en el pueblo de Pogoréloe, municipio de Osipóvichi, el verano pasado celebramos mi aniversario número 35. Vi en la mañana que hacían algo con todo un empeño. Resultó ser una tarjeta postal hecha según “mi técnica”. Anteriormente, sólo yo hacía regalitos de este tipo. Me sentí muy contenta, guardo con cariño este regalo muy valioso para mí”.

Liudmila recuerda otro pequeño pueblo de su infancia, Yatskovschina, ubicado en el municipio de Liákhovichi, provincia de Brest, donde vivieron sus abuelos: Olga e Iván. Fue nieta única. En un cajón de su mesa estaba un “tesoro”: postales recibidas por el correo. Los abuelos no votaban ninguna y las guardaban como saludos de la gente querida, junto con las fotos. “Algunas tarjetas me permitían cortar con las tijeras y de ellas hacer composiciones: jarrones, estuches, cuenta Liudmila. Todo el tiempo, que puedo recordar, quería crear bellezas. Una vez en Internet leí un artículo acerca de las tarjetas antiguas y su valor. Los dibujos de algunas de ellas los conozco desde mi infancia, cuando vivía en Yatskovschina. Además de eso, yo misma coleccionaba tarjetas postales. Mi esposo sabía que me interesaban mucho las manualidades, y por lo tanto, me regaló la invitación a participar en un taller de kliving. Dicen que tengo talento... Es probable que Dios me haya hecho este regalo... Como un soporte, un consuelo. De lo contrario, no sé cómo viviría, cuando paso por los momentos muy difíciles emocionalmente. Sé exactamente que este pasatiempo no sólo es un entretenimiento, sino me da fuerzas y mucha energía”.

Mientras tanto, el efecto saludable de hacer manualidades se lo conocían muy bien nuestros antepasados. Y en el hogar de la abuela, Olga, la jovencita veía los manteles, ropa de cama y toallas para iconos bordados por la mujer. “Tengo un mantel de aquella época, dice Liudmila. También un cubrecama tejido a mano que cubría la cama de mi abuela. En la misma estaban hermosos pavos y rosas... Además de eso, mi abuela tejía alfombritas para el piso y le encantaba bordar: en su bolso estaban hilos de variados colores”.


El cuadro, “Dozhinki”

Cuando pequeña, Liudmila nunca ha oído de su abuela sobre el “efecto saludable” de las manualidades, pero con el paso del tiempo aprendió este misterio, que permitía soltar malos pensamientos haciendo algo con sus propias manos y no centrarse en los problemas, sino obtener paz y consuelo. Hay problema, pero uno ya está fuera del mismo. “No es nada extraño de que las mujeres en los tiempos antiguos bordaban, e incluso en las familias nobles la costura y el bordado fueron respetados mucho, sigue contando Liudmila. Cuando uno hace algo con sus propias manos, en la mente todo por sí mismo se arregla y se pone a su lugar. Es genial ver como del caos nace una armonía. Y, tal vez, esta armonía cura el alma.... Pues si en la vida hay caos, no puede ser orden en los asuntos, ni en la salud, ni en las relaciones con la gente... Entonces uno siempre está inquieto y no se siente cómodo. Le duele el alma. Y uno se siente lástima por sí mismo... Y luego a través de la tensión creativa, el caos-problema se convierte en la belleza-alegría, es como en un cuento de hadas una rana se convierte en una princesa... Creo que la gente ya ha sido consciente de la importancia de la influencia de las manualidades en la subconsciencia humana. Por lo general, las amigas dicen que hace falta “distraerse”. ¿Y cómo? ¡Haciendo manualidades!”.

Es especialmente agradable trabajar cuando sale algo hermoso: “La alegría sale directamente desde el interior de uno. A veces quiero hacer algo interesante, una vez surgida la idea y comienzo a moverme al tacto con mis pensamientos, y ya sabe y anticipa que al final saldrá algo lindo. En la mente hay un boceto, un esbozo, una imagen de lo que está buscando. Su atención comienza a fluir de algunos pensamientos y sentimientos, y “se sumerge” en otros. La flor y la hojita... y aparece una imagen, y yo estoy en otro flujo alegre y armonioso de la vida. Para mí el arte de kviling es una autoexpresión y la revelación de mi alma. Y yo obtengo una gran alegría, cuando veo a las personas alegrarse por ver bellezas. Sobre todo cuando eso sucede sinceramente: siempre lo percibo”.

Unas obras suyas fueron vendidas y ella no sabe nada de su paradero. Pero otras permanecen en las fotografías, que ella comparte con sus amigas. Para hacer una pequeña composición Liudmila necesita tres horas por la noche, cuando sus hijos están dormidos: de 11 de la noche hasta las dos de la mañana. Más trabajo la mujer tiene, cuando la piden hacer una composición en el formato A3: para un aniversario, por ejemplo, o para las oficinas de las empresas. Por ejemplo, en una ocasión Liudmila ha hecho un bello jarrón con flores de gran tamaño.

Actualmente la interesan mucho los temas nacionales. El año pasado, la artesana hizo el cuadro, “Dozhinki”. Además de eso, se la atraen las imágenes de las fiestas Kupalle, Navidad y otras. “Mi suegra, Irina, era maestra en la escuela primaria, ahora está jubilada y vive en Volozhin. Ella tiene su propia casa, donde a mí y mi esposo y su hermano, Ilya, nos encanta venir todos los años para celebrar la Navidad, cuenta Liudmila. Mi suegra pone la mesa con siete platos típicos de la tradicional cocina belarusa. Me gustaría transmitir la atmósfera de la fiesta, la expectativa de la felicidad y el nacimiento de Amor y Luz: con una estrella de Navidad, copos de nieve y dibujos de heladas. Es probable que el fondo principal sea de color azul oscuro, a veces azul con oro brillante... Campanitas... En la noche antes de la Navidad todos juntos nos vamos a la misa a una iglesia antigua hecha de madera. Mucha gente se reúne aquí. Y me gustaría poner la imagen del templo en uno de mis cuadros de kvilihg”.

A la pregunta, ¿cuál es su secreto de la creatividad?, Liudmila responde: “Tal vez mis fantasías misteriosas aún no hayan sido reveladas hasta el final. Son infinitas. Con la ayuda del arte de kviling espero descubrir en mi alma un montón de cosas interesantes que hasta el momento están ocultas en mí. En general, cada vez comienzo a trabajar con una pequeña oración, y cuando termino la obra, doy gracias a Dios por la ayuda y el apoyo”.

Iván Ivanov
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