Pirueta japonesa

Takatoshi Machiyama nació en la ciudad japonesa de Osaka. Se graduó de la Academia de Ballet Ruso Agrippina Vagánova de San Petersburgo, Rusia.
Takatoshi Machiyama nació en la ciudad japonesa de Osaka. Se graduó de la Academia de Ballet Ruso Agrippina Vagánova de San Petersburgo, Rusia. Y ya el cuarto año está bailando en el Teatro Nacional Académico de Ópera y Ballet Bolshoi. Recientemente, se ha convertido en el solista principal. Takatoshi Machiyama con orgullo dice que en la historia del teatro belaruso él es el primer extranjero que tiene honor de bailar partidos protagonistas.



 Hemos conversado con un joven artista, Takatoshi Machiyama, o simplemente Taka, como se lo llaman sus amigos belarusos, y lo hemos preguntado cómo se encontró en la capital belarusa y por qué no planea regresa a casa.

— ¿Cómo se encontró en Minsk?

— Después de graduarse de la Academia de Ballet Ruso Agrippina Vagánova de San Petersburgo, me ofrecieron en el teatro una pasantía. Pero mis padres no son tan ricos para mantenerme. Necesitaba un trabajo y estaba buscándolo con mucho entusiasmo. Aun estando en Japón leí sobre el teatro de ópera y ballet de Minsk. Además de eso, conocí a un bailarín belaruso y él me aconsejó probar aquí. Vine, me presenté y me aceptaron al elenco del teatro.

— Usted ha mencionado a sus padres. ¿Son bailarines?

— Mis padres no tienen ninguna relación con ballet. Mi hermana tiene su propia pequeña escuela de ballet en Japón. En realidad, mi madre siempre quiso que yo bailara. Pero yo no tuve mucho interés hacia este oficio. Yo comenzaba a bailar varias veces junto con mi hermana, pero luego dejaba de hacerlo. Empecé a dedicarme seriamente a ballet a los 13 o 14 años de edad. Antes creía que el ballet es más bien para mujeres. Son ellas que ponen un hermoso tutú y bailan. Y hombres sólo las levantan y hacen girar. Eso pensaba hasta que no vi bailar a los maravillosos bailarines: Ángel Corella y Mikhail Baryshnikov. Me quedé muy impresionado. Fue entonces cuando yo realmente quise dedicar mi vida al ballet.

— ¿Después de diez años de practicar rugby...?

— Es cierto. Mi padre y mi hermano mayor son jugadores de rugby. Pero yo nunca quería jugar rugby. Tuve una lesión grave, después de la cual no podía jugar más. Probé correr distancia sprint a 800 y a 1500 metros. Además de eso, tiraba un plato. Pero opté por bailar.

— ¿Los padres están orgullosos de sus éxitos?

— Ellos nunca me han dicho: haces bien, estamos orgullosos de ti. Mi padre siempre me dice: “No importa que eres solista del teatro. Tienes seguir esforzándote mucho”. A veces, le respondo que no es fácil para nada. Y él me dice: “Tú has elegido esta profesión. Así que siga trabajando y vas a lograr”. En realidad, mis padres piensan que para lograr algo en esta vida es necesario pasar por todas las etapas y superar todos los obstáculos.

— ¿Echa de menos a su familia?

— Claro que sí. Pues el hogar para uno es el mejor lugar en la tierra. Mis padres tienen un apartamento muy pequeño en Osaka, donde todo está pegadito uno a otro y yo siempre arruino algo. Pero es el mejor lugar para mí y me encanta estar allí.

— ¿No planea regresar a Japón?

— Por el momento no. Si no fuera un bailarín, me habría ido. Pero aún es demasiado pronto. El trabajo de artista de ballet en mi país es bien distinto. En Japón importa mucho la edad de bailarín. Ahora tengo 23 años. A esta edad no podría bailar la parte solista, no importa si bailo bien.

— ¿Lo reconocen los espectadores?

— Una vez viajaba en bus y una mujer me preguntó: “¿Usted es Takatoshi Machiyama?” Le respondí que era yo. Ella me comenzó a contar: “Una vez vi su actuación. ¿Cuál era esa pirueta?” Entonces aún no bailaba muy bien y yo le dije: “Lo siento”. Por lo general, cuando me reconocen, piden la foto o un autógrafo. Claro que es bien agradable. Pero, en mi opinión, en Minsk a los artistas de ballet los tratan sin mucha piedad, no como, por ejemplo, en Japón. Allí adoran a bailarines, se los esperan después del espectáculo, piden fotos y autógrafos. Tal vez porque es un arte de mucho estilo, que no se parece al tradicional arte japonés, kabuki. Los admiradores quieren acercarse a las personas que lo hacen. Además de eso, en Japón una entrada cuesta más de 100 dólares e incluso a veces 300. Dos veces máximo al año uno puede darse el lujo de ir a ver el ballet. Y aquí, así como en Rusia, el ballet clásico es el arte muy popular y bastante asequible. Quien está interesado puede ir a verlo cada rato.

— ¿Tomado en consideración el precio de las entradas, en Japón usted sería un hombre rico?

— Sí, allí los bailarines ganan bien. Pero por el momento no es para mí. Ya expliqué, por qué. Por el momento, para mí no es muy importante tener un apartamento o un coche. Ahora me gustaría trabajar duro, aprender mucho más para demostrar a que capaz y soy un verdadero artista del nivel más alto, así como crear mi propio estilo artístico, para que la gente diga: nadie baila como Machiyama Takatoshi. Sé que esto es difícil de lograr, pero algún día lo haré. Me gustaría mucho hacerlo.

— ¿Escuché hablar que usted está enamorado de una muchacha belarusa?

— En realidad no es una muchacha belarusa, sino ucraniana, pero baila en Minsk. Es la solista del teatro de ópera y ballet, Yana Stangey, que ella representó a Belarús en el concurso de jóvenes bailarines, “Eurovisión-2013”. Vivimos juntos ya durante dos años y medio.

— ¿Es probable que se casen pronto?

— No me gustaría planificar nada. Ahora terminamos la temporada, vamos a su patria, luego otra vez a Japón. A propósito, el verano pasado ya estuvimos en mi país.

En cuanto a la boda... Espero que sea pronto.

Irina Svirkó
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