Los trajes que definían

En la ciudad rusa de San Petersburgo fue celebrada la exposición, “Belarusy.by. Basado en los materiales de los estudios etnográficos de Belarús en el siglo XX”

En la ciudad rusa de San Petersburgo fue celebrada la exposición, “Belarusy.by. Basado en los materiales de los estudios etnográficos de Belarús en el siglo XX”

А в Гомеле на выставке "Колаварот" была представлена вот такая необычная обрядовая атрибутика. Фото: Белта
En la exposición de Gómel, “Kolavarot”, fue presentada la decoración poco inusual

Nunca me han gustado ningún tipo de gorros aunque que sean de moda, ni tampoco chales y bufandas puestas en la cabeza. Incluso en invierno, en temperaturas bajas, prefiero andar sin gorro. ¡Así uno puede reflexionar mejor! Pero cuando vi este objeto, en seguida quise ponerlo. Pues nunca vi nada parecido: el objeto de lino, con uno bordado geométrico muy inusual de hasta cuatro metros de largo.

Creo que para ponerlo o más bien acomodarlo en la cabeza, se necesitan ciertas habilidades y mucha paciencia. Lo que falta a menudo a las chicas jóvenes, y lo que es obligatorio para las mujeres ya casadas. Al parecer, este tocado femenino popular entre los eslavos orientales, incluso los belarusos, estaba hecho para eso. Además de eso, tiene el nombre también muy bonito: “namitka” y proviene de las palabras, “namstka” y “obmstka”, pues lo ponen, envolviendo alrededor de la cabeza. De modo cómo, se lo demostró Elena Buko, la empleada del Museo Nacional de la Historia de Belarús.

— Nuestra “namitka” es tocado de toalla, cuenta Elena Buko, cuyo ancho por lo general es de 30 a 40 centímetros, y el largo es de dos a cuatro metros. Las “namitki” se diferencian no sólo según su tamaño y la decoración, sino también según su forma de poner. Además de eso, en este caso era muy importante almidonarlo adecuadamente para que no se cayera de la cabeza.

Conocí a Elena Buko en la exposición, “Belarusy.by. Basado en los materiales de los estudios etnográficos de Belarús en el siglo XX”, celebrada en la ciudad rusa de San Petersburgo, en el Museo Etnográfico de Rusia, que despertó el gran interés entre los expertos en la etnografía, así como en los propios vecinos de la ciudad. Basta decir que la sala –donde fueron presentadas quinientas muestras– no pudieron permanecer al mismo tiempo todos aquellos que tenían ganas de conocer los tradicionales trajes, utensilios e instrumentos musicales de Belarús parte de la colección del Museo Nacional de la Historia de Belarús. Por lo tanto, los visitantes se vieron obligados a hacer una cola y esperar. Y la gente estaba esperando y no se iba, lo que a mí me pareció algo raro en nuestros días.

Se puede decir que esta exposición fue una respuesta al barnizado organizado hace un año en Minsk, en el Museo Etnográfico, que, como todo el mundo esperaba, hubiera sido el inicio de la cooperación a largo plazo establecida entre los buenos vecinos.


En la exposición fueron presentadas numerosas muestras del tejido, bordado, encaje, talla de madera y cerámica.

— Nuestro proyecto conjunto comprende el intercambio de exposiciones, seminarios, así como la formación de especialistas, cuenta María Kazántseva, la directora de la sección del Museo Nacional de la Historia de Belarús. Nunca hemos interrumpido los contactos y seguimos cooperando durante varias décadas. Cuando el año pasado, el Museo Etnográfico de Rusia nos trajo su colección única de trajes belarusos recogidos aún en la primera década del siglo XX, aquí vinieron para verla los expertos de todas las partes del país, así como de Ucrania. Pues nuestra colección se remonta a los años veinte del siglo pasado, es decir, es más tardía. Además de eso, nuestro museo es mucho más joven que él de San Petersburgo. Por lo tanto, considero que es todo un honor para nosotros y nuestros colegas recibir una invitación para visitar la ciudad sobre río, Nevá. Aquí hay mucho que aprender. Espero que estos intercambios creativos –de exposiciones y especialistas– sean de modo seguido.

— A las orillas del Nevá ustedes trajeron no sólo los trajes, sino también vajilla e instrumentos musicales...

— No es una casualidad. Para comprender una u otra nación y conocer sus tradiciones, es muy importante saber, cómo ella vivía, que ponía su gente y qué fiestas celebraba. Aquí, por ejemplo, se puede ver una muestra muy similar al violonchelo, sólo que es de un tamaño más pequeño. De hecho, es “basetlya”, el antiguo instrumento musical belaruso, que era popular en nuestro país al igual como lira y platillos. El mismo tocaban en todas las fiestas celebradas en el campo belaruso. Casi cada región tenía su propia pequeña orquesta. Todos los instrumentos musicales exhibidos son hechos a finales del siglo XIX. Ellos fueron restaurados por nuestros artesanos y se mantienen muy bien. Es más, se consideran una rareza, por lo tanto, no muy a menudo los exponemos en algunos lugares. Pero en este caso los presentamos en la exposición de San Petersburgo.

Viendo “basetlya” –que me impresionó mucho– y un traje tradicional belaruso del pueblo de Ivacevičy, provincia de Brest –que estaba expuesto al lado– comencé a imaginar vívidamente el sol primaveral, que despertaba la tierra y todo alrededor, una alegre danza que afirmaba la vida en la plaza en el centro del pueblo. Además de eso, un grupo de jovencitas que no eran de esta zona y que observaban con gran curiosidad toda esta celebración. ¿Cómo adiviné que no eran locales? Por la ropa que vestían.


El objeto muy similar al violonchelo es “basetlya”, el antiguo instrumento musical belaruso

— El traje de cada región belarusa fue muy peculiar y se destacaba por su decoración y el colorido, explica Elena Buko. El ornamento belaruso es casi siempre geométrico (a diferencia del ruso: con flores). Está bordado con cruces o es una tira estrecha con decoración en forma de estrellas o rosetas. Si nos fijamos, por ejemplo, en los trajes de las provincias de Homieĺ, Brest y Mahilieŭ, vamos a notar una gran diferencia. También hubo diferencias dentro de cada región más o menos importante. Digamos si alguien se casaba con una muchacha del pueblo vecino y la llevaba a su casa, todo el mundo entendía según su ropa que era de otro lugar. Era una especie de una forma de auto identificación, muy importante para cualquier persona y para cualquier cultura nacional.

— Elena, ¿qué tela se utilizaba para coser trajes?

— Todo el tejido era hecho a mano, en su mayoría, era lino. En los tiempos más tardíos se utilizaba el algodón. Así que tenemos las colecciones de lino y de algodón. Además de eso, varían los tocados, así como la manera de su puesta. Aquellos mismos “namitki” se ponían a veces de modo muy original y en resultado la imagen de sus dueñas era muy majestuosa. Las mujeres se parecían a las reinas.

Elena Buko –que hace tres años se graduó de la Universidad Nacional de Belarús– lo cuenta con mucho entusiasmo, con conocimiento del asunto, como si ella misma haga estos trajes. “Sí, lo hago, admite la joven experta. No me sale muy rápidamente, pues necesito también trabajar, pero si comienzo, nunca dejó sin terminar”.

Liudmila Bezrúkova
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