La vida es un instante

Sergey Zhuravel en el espectáculo “La cena con gilipollas”

Sergei Zhuravel es una persona, de la cual no se puede hablar sin sonreírse. Él no es un comediante y humorista profesional, aunque es punto fuerte. Cada vez mi cara se llena con una sonrisa especial, cuando pienso en un encanto natural de una u otra persona. Claro que Sergei Zhuravel es una de estas personas. Él es uno de esos tipos, cuyo encanto no se puede medir con una apariencia atractiva, ni el estado de ánimo o el estilo de vestirse.

Sergey Zhuravel, the People’s Artiste  of Belarus celebrates his 60th birthday
Sergey Zhoravel en el espectáculo “La cena con gilipollas”

En mi opinión, él siempre es encantador: está vestido bien o mal, es triste, alegre o enojado por alguna razón. Es así por nacer. Además de eso, Sergei Zhuravel tiene un encanto escénico. Como se suele decir, tiene don regalado por el Dios. Cuando era estudiante, los críticos le predecían un futuro brillante. Y con razón. En los años setenta del siglo pasado, siendo estudiante de la facultad de actores del instituto del arte teatral, en el Teatro de los Espectadores Jóvenes él interpretó un papel muy emblemático de Sergei Tiulenin en el espectáculo, “Joven Guardia” (una obra dedicada a los jóvenes clandestinos, que lucharon contra alemanes nazis en los años de la Gran Guerra Patria). Más tarde, al finalizar los estudios en el instituto Sergei fue invitado a ser parte del elenco teatral. Nunca olvidaré cómo su Sergei Tiulenin salía, es más bien corría por el escenario, apenas tocando el mismo. ¡Cómo cantaba y tocaba la guitarra, que lindo barítono tenía! ¡Qué voz, qué plástica! escribían críticos. El público –que venía a ver los espectáculos en el Teatro de los Espectadores Jóvenes– eran niños y jóvenes, cuya atención sólo pueden captarla los actores con la energía muy fuerte, que entienden que interpretan. Así fue Sergei Zhuravel en el escenario. Las sonrisas se calmaban, desaparecían réplicas en el transcurso de la acción y sólo el silencio reinaba en la sala de espectadores. En este caso dicen, que son actores capaces de conquistar al público. Muchas veces he preguntado a Sergei como logra hacerlo. Y él me respondía en muchas ocasiones que no sabe. Y daba el ejemplo con su hijo, Antón, que sabe reparar motos o grifos en la cocina, lo que para él es todo un milagro. A su vez, para su hijo la profesión de su padre es algo que él no logra entender. Un día, me contó Sergei, cuando él trabajaba en el Teatro de la Juventud, Antón vino para ver el espectáculo, “Vendedor de la Lluvia”, y luego se acercó a entre los bastidores y preguntó a su padre: “Cómo lo haces? Parece que estés sin moverte y no digas nada, pero algo está pasando conmigo y contigo...” Con los años, cuando me hice más experta en el arte teatral, al aprender a entender la manera de actuar de diferentes actores, entendí que la intensa vida interior del personaje, sus sufrimientos, su historia personal, atraen al público y provocan sentimientos recíprocos, incluso más que los efectos externos, que a veces se centran en sí mismos en las obras puestas por uno u otro director de escena. Una vez Sergei Zhuravel me contó cómo trabajaba sobre el papel del Censor en la obra, “La Academia de la risa”, puesta en el Teatro de la Juventud por Modest Abrámov según la pieza parábola del dramaturgo japonés, Koki Mitani. Para justificar la actitud muy seria de su protagonista hacia su obra, que no entiende cómo en los tiempos de guerra se puede escribir comedias, y su gran interés por el joven que escribió esta obra, Zhuravel inventó la biografía del Censor. Es decir, él tuvo un hijo que murió durante la guerra, por lo tanto, el Censor tan seriamente toma el tema de la guerra, incluso la comedia del joven autor. De este modo Sergei Zhuravel inventó el destino y la biografía de su protagonista. Por lo tanto, la imagen no resultó ser plana, sino múltiple y causa una compasión.

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Somos amigos de mucho tiempo. Sergei y sus compañeros por el escenario pasaban muy a menudo por la sección pedagógica del teatro, donde entonces yo trabajaba. Por supuesto, hablábamos sobre actuaciones, compartíamos nuestras opiniones, pensábamos cómo organizar el Día del Teatro de los Espectadores Jóvenes en alguna escuela de Minsk, o un estreno justo después de su celebración. Así fue con la obra, “Bembi”, puesta por la pieza de F. Saltén, que impresionó a toda la comunidad teatral. Recuerdo cómo nosotros, los profesores y los responsables de la parte literaria, en vísperas del espectáculo ayudaban a hacer a mano los trajes para actores que interpretaban a ciervos, respondiendo al pedido del director de escena de la obra, Yuri Mironenko. Además de eso, ayudábamos a los servicios del teatro, que siempre eran muy ocupados antes del estreno. Y después del estreno del espectáculo, “La Gaviota”, de Antón Chékhov, puesto por el director de escena, Grigori Borovik, en el cual Sergei –que entonces tenía tan sólo 22 años– interpretó el papel de Tréplev, hablábamos sobre el hecho de que la juventud no era una barrera para los papeles grandes y serios, pues él ya aprendió a actuar muy bien.
 
Por el papel de un pequeño ciervo, Bambi, Sergei Zhuravel entre otros actores –que interpretaron los papeles protagonistas– recibió un prestigioso premio de aquel entonces, el premio de Komsomol de Lenin de Belarús, que se entregaba a los jóvenes profesionales por logros en la esfera de arte, literatura y ciencia. En el verano, los actores daban conciertos en los campamentos de pioneros. Sergei Zhuravel tomaba parte muy activa en estas actividades culturales. A propósito, él nunca se negaba a participar en ningún encuentro, si no coincidía con su actuación en el teatro.

Hace falta señalar que todos sus papeles eran interesantes y tenían éxito. En el Teatro de los Espectadores Jóvenes, en el Teatro de la Juventud y en el Teatro Yanka Kupala, donde Sergei Zhuravel trabaja ahora. Él tenía mucha suerte con la gente buena y los profesionales. Entre ellos su primera profesora, así como sus pedagogos en el instituto, directores de cine, entre ellos Nikolai Piniguin, el actual director artístico del Teatro Yanka Kupala. Sergei interpretó muchos papeles muy diferentes: Salvador Dalí, Scapa, Tartufo... Además de eso, él interpretó muchos papeles en el cine sobre todo en los últimos tiempos, a pesar de que no considera a sí mismo el actor de cine. Sus papeles más destacados son el papel del pan Ostrovsky, así como el papel del conde en la película, “Masakra”, grabada por el cineasta ruso, Andrei Kudinenko, que me gusta mucho. No cabe duda, que su orgánica del actor y destacadas habilidades también le ayudan mucho en el cine. A pesar de que le gusta más el teatro, sus papeles en el cine son muy buenos. Hace un año, él interpretó muy bien en la obra del director de escena, Oleg Fesenko, “Balada Ulánskaya”, el papel de Mikhail Kutúzov, el gran comandante ruso de los tiempos de la Gran Guerra Patria de 1812. Y aunque en el teatro ahora es la temporada vacacional, Sergei trabaja mucho, así como en el cine. Acabo de regresar del rodaje de la película de los estudios cinematográficos, “Belarusfilm”, realizada por Alexander Efrémov, cuyo título de trabajo es de “Todos los tesoros del mundo”, donde interpretó el papel de un personaje villano, Krútov. En el cine del director, Igor Chetverikov, “Frontera del Estado”, que actualmente se está rodando en Bobruisk, Sergei Zhuravel trabaja sobre el papel de un artesano de pueblo, el tío Misha. Además de eso, se espera que en la película de Alexandera Butor, “Dulce despedida de Vera”, Sergei interprete el papel del propietario de un restaurante. Así que próximamente tendremos la posibilidad de conocer otros papeles de Sergei Zhuravel. Espero que en estas obras el actor presente su enorme potencial creativo. Pues los directores de cine de los estudios cinematográficos de Belarús, “Belarusfilm” son grandes profesionales capaces de mostrar su profesionalismo y talento. Sergei Zhuravel sabe llevarse muy bien con todas las personas, con las cuales trabaja, y establecer con las mismas una buena comunicación. En cuanto a su profesionalismo, me gustaría acordar del caso con un carpintero, gran conocedor de su oficio, del cual Sergei contaba con tanto entusiasmo.

Sergey Zhuravel and Alexey Dudarev are performing songs of their studentship. Actor Pavel Kharlanchuk is at the right
Sergey Zhuravel e Alexey Dudarev cantan los canciones de su juventud estudiantil. A la derecha — actor Pavel Harlanchuk

Una vez, él  tomó la decisión de reparar su casa del campo, pensando que podría hacer solo todos los trabajos de carpintería. Pero no logró hacerlo. Pidió venir a un carpintero y, mirándolo, cómo aquel con varios golpes de hacha en un par de minutos hizo algo que él lo podría hacer en una hora como mínimo, llegó a una conclusión: arreglos y reparaciones de autos tendría que confiar a los profesionales. Desde entonces lo hace.

En cuanto a su teatro natal, el próximo otoño, aquí Nikolai Piniguin pondrá la obra, “La Gaviota”, de Antón Chékhov. Y aunque aún no han sido repartidos los papeles, se supone que Sergei interprete en el espectáculo el papel del Dr. Dorn. Así que al pasar cuarenta años él debe sumergirse en un complejo mundo interior de uno de los protagonistas de Antón Chékhov.

Debo confesar que yo nunca he leído en los medios de comunicación las críticas negativas sobre la actuación de Sergei Zhuravel. A mí me agrada mucho también escribir sobre Sergei Zhuravel. Así que esta vez tampoco puedo resistirme a no decir cosas buenas sobre este talentoso actor. Y hay muy buena razón para eso, pues es su aniversario.

¿Qué hizo Sergei Zhuravel en este día solemne? Claro que actuó. Subió al escenario para participar en la obra, “Cabaret”, puesta por Nikolai Piniguin, e interpretó varios papeles: de judío local, señor polaco y belaruso en una camisa de lino. Creando estas imágenes muy diferentes el actor demostró el más alto nivel de su profesionalismo y talento.

Una vez celebrado el espectáculo, Sergei Borísovich Zhuravel recibió muchas felicitaciones.

“Su brillante carrera artística, su talento, su maestría virtuosa y sus propia manera de actuar lo convierten en una verdadera estrella del teatro y cine belaruso, en un artista, que es amado sinceramente por el público por su propia visión de la vida y del arte”, se decía el discurso de bienvenida del presidente de Belarús, Alexander Lukashenko, que leyó la viceministra de Cultura, Irina Driga. Según el jefe de Estado, los papeles –interpretados por Sergei Zhuravel en los espectáculos puestos según las obras de autores belarusos y extranjeros– son brillantes ejemplos del arte teatral nacional, que han tenido una influencia significativa en su desarrollo. Además de eso, a Sergei Borísovich se le felicitó el ministro de Cultura de Belarús, Boris Svetlov, así como el presidente de la Unión de Personalidades Teatrales, el dramaturgo, Alexei Dúdarev y otros representantes de la comunidad teatral del país.

Por lo que yo sé, a los actores se les encanta trabajar con Sergei Zhuravel, pues respeta mucho a sus compañeros por el escenario. Su dúo en la obra, “Cabaret”, con Víktor Manáev, el artista popular de Belarús, es un ejemplo muy ilustrativo. ¡Si podrían ver cómo ambos actuaron ese día! Parecía que ambos se bañaran en sus papeles y saboreaban cada palabra pronunciada. Sus chistes hacían morir de la risa al público. Así es lo que cuenta sobre la actuación de Sergei la artista popular de Belarús, Olga Klebanóvich: “Me gusta asistir a las actuaciones con la participación de Sergei Zhuravel. El encanto de Sergei es tan grande que parece que el público respire con él, observe todos sus movimientos, sintiendo la alegría de encuentro con este gran actor”.

Scene from a performance of Cabaret
La escena del espectáculo “Cabaret”. Ivan Zhdanovich

A su vez, en la recepción –que tuvo lugar, una vez terminado el espectáculo, Olga Klebanóvich recordaba qué brillante era Sergei interpretando el papel de Kaloshnitsa, caja de zapatos, en el espectáculo-entreprise, “Zapato amarillo con una suela gruesa”. Comparto esta opinión de Olga sobre Sergei Zhuravel, el actor con un alma viva, que sabe llenar imágenes presentadas con una rica vida interior.

Hace falta señalar que los invitados –entre ellos sus compañeros de estudios, Víktor Gudinóvich y Alexei Dúdarev– han dicho muchas palabras muy lindas sobre su talentoso amigo. Con ellos, tocando la guitarra, Sergei cantó canciones de su juventud estudiantil. Cabe destacar que sus canciones más populares agradan a todos nosotros, sus amigos, y nosotros con mucho gusto las cantamos en la recepción. En ese momento parecía que no hubieran pasado muchos años y la frase tan común “todo pasa” parecía no tener ningún sentido. Recuerdo, como Alexei Dúdarev después de la canción de la película de cine, “Tierra de Sánnikov”, “Era todo y pasó todo…” dijo, pensando en lo suyo: “Nada pasa”. Y yo lo entiendo, pues en estos momentos de sentimientos causados por los maravillosos recuerdos de mi juventud, a mí me parece que entre el pasado y el presente no hay nada. Y como se canta en otra canción de la misma película: “Sólo hay un instante entre el pasado y el futuro, que se llama la vida...” A propósito, es también una de las composiciones musicales más queridas de Sergei Zhuravel, que era muy popular a principios de los años setenta del siglo pasado.

Valentina Zhdanóvich
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