La fuerza está en la verdad y unidad

Sobre la exposición – que ha sido inaugurada junto a la estela, “Minsk es la ciudad héroe”– hablan como del nuevo edificio del Museo de la Gran Guerra Patria

Sobre la exposición –que ha sido inaugurada junto a la estela, “Minsk es la ciudad héroe”– hablan como del nuevo edificio del Museo de la Gran Guerra Patria. Una vez hecho un recorrido por las salas de museo y vistos objetos exhibidos, me gustaría contar del nuevo museo y sus muestras, pues las mismas se diferencian notablemente de todos los artefactos presentados anteriormente en la avenida Nezavísimosti por su trasfondo emocional, profundo contenido informativo y lógica impecable de la historia. Cabe destacar que en la inauguración del nuevo museo tomaron parte los presidentes de Belarús y Rusia, Alexandr Lukashenko y Vladímir Putin.


Alexandr Lukashenko y Vladímir Putin


Resulta muy difícil contar sobre un evento que debería ser visto. Dos veces yo recorrí el museo. Primera vez, con una visita organizada para los periodistas. Noté cómo ya al principio del recorrido comenzaron a cambiarse las caras de los colegas rusos. Las miradas algo serias de repente se volvieron ser más serenas. Los colegas con una increíble curiosidad estudiaban los objetos de exposición, verdaderas rarezas de aquellos difíciles tiempos de guerra. Hace falta señalar que los periodistas –que conocen bien su oficio– hicieron docenas de preguntas al guía turístico. Muchos detalles de tiempos de guerra en cuanto a la vida cotidiana de los guerrilleros, el movimiento clandestino antifascista y las atrocidades nazis– ellos incluso escucharon por primera vez. Los colegas rusos fueron muy impresionados por la información contada bien nueva para ellos...

Los dos mandatarios también escuchaban muy atentamente al guía. En un momento ellos se detuvieron por un instante en la entrada a la sala, donde se exponían los materiales sobre el genocidio nazi en Belarús. Este segmento bien dramático de la exposición estaba presentado con el uso de altas tecnologías. Hacia un fino velo de niebla artificial se dirigían las llamas vivas del fuego. En su fondo aparecían los nombres de los pueblos belarusos quemados por los alemanes nazis. En este lugar cada uno de visitantes sentía una gran angustia e incluso un tremor muy fuerte. Aquí la historia como si renaciera y hacía acordar de toda la crueldad de la pasada guerra...

Pero me gustaría subrayar una vez más, que todo eso hace falta ver con sus propios ojos. Cada exposición está acompañada de materiales visuales y sonidos, que permiten sentir de un modo especial toda la esencia y el significado del tema presentado. De vez en cuando los presidentes se intercambiaban de breves comentarios y hablaban con el guía. Era obvio: en estos momentos ellos pensaban en lo mismo. Lo que confirmaron las palabras pronunciadas por los líderes de los dos países en el Salón de la Fama.

Bajo una cúpula de cristal –que simboliza el Reichstag en ruinas– los jefes de Estado hablaron de la victoria común, que fue lograda por nuestros padres, abuelos y bisabuelos tras mostrar esfuerzos sobrehumanos. Pero a esta altura, los representantes de la generación joven tienen que volver a protegerla de los revisionistas y falsificadores de la historia, que igual como los alemanes nazis en los años cuarenta del siglo pasado trataron de dominar la conciencia humana. Ellos en primer lugar trataron de hacer todo lo posible para que nosotros olvidáramos de estos trágicos acontecimientos, pero recibieron un rechazo aplastante de sus ficciones cínicas. Pues la memoria, como señaló el presidente, Alexandr Lukashenko, es la verdad. Y en la verdad está nuestra fuerza.

La verdad es que al ocupar nuestro territorio, el enemigo no pudo conquistar a nuestro pueblo. Pagamos el precio muy alto por esta resistencia: la vida de cada tercer habitante de nuestro país. Además de eso, la verdad está en el hecho de que una derrota de los alemanes nazis en el frente oriental determinó el resultado de la Segunda Guerra Mundial, y luego el orden mundial de posguerra. La verdad es que en los países –cuyos los soldados de las unidades de Wehrmacht y SS pisoteaban nuestra tierra y mataban a nuestros niños– en vez de ser agradecidos por el presente hoy en día tratan de hablar con nosotros con un idioma de dictado y sanciones. Además de eso, ellos están apoyador por los pseudohistoriadores, que tratan hoy en día de presentar a los traidores como héroes y a los invasores como libertadores. ¡Eso no funcionará! Damos un rechazo firme a este tipo de cosas. Y nuevamente, como hace 70 años atrás, estramos juntos: los belarusos y rusos.

Una ver terminado el recorrido, los dos presidentes escribieron en un libro de invitados de honor y regalaron la espada, “A la ciudad héroe de Minsk”. Los armeros de la ciudad de Ural, Zlatoust, grabaron en la misma un eslogan de Alexandr Nevsky: “Quién con una espada vendrá a nosotros, morirá de esta misma espada”. Además de eso, Vladímir Putin donó al museo los periódicos históricos con una noticia muy esperada sobre la liberación de la ciudad de Minsk. También en el salón sonaron los acordes de la marcha, “Día de la Victoria”. En cuanto el coro comenzó a cantar las primeras notas, por encima de la cúpula transparente se abrieron las nubes y el luminoso Salón de la Fama comenzó a llenarse de brillo, lo que era muy simbólico.

El diálogo llevado a cabo en un espíritu de hermandad

Al recorrer el nuevo edificio del Museo de la Gran Guerra Patria, Alexandr Lukashenko y Vladímir Putin se dirigieron al Palacio de la Independencia, donde mantuvieron una reunión de trabajo. A propósito, ya es el octavo encuentro durante este año. Aquí también se habló mucho sobre las cosas, que nos unen. El presidente de Belarús agradeció a su homólogo ruso:

— Realmente apreciamos mucho su visita en estos días de fiesta. Aunque nos vimos obligados a sobrevivir tiempos muy duros, la Victoria después de todas las dificultades fue muy buscada y común. Una vez, cuando algunas personas se enojaron conmigo, yo dije: “No se preocupen, si es necesario, nos uniremos y vamos a defendernos y luchar, como lo hemos hecho en algún momento de nuestra historia conjunta”.

Alexandr Lukashenko agradeció a Vladímir Putin por haber venido, por la ayuda y el apoyo a la economía de Belarús. La crisis económica y financiera global afectó a nuestros dos países. Pero juntos es más fácil superar sus efectos negativos. Además de eso, el mandatario belaruso expresó su confianza en que los dos países se harán aún más fuertes económicamente.

La cooperación comercial y económica bilateral fue uno de los temas más importantes analizados en el marco de reciente reunión de los dos presidentes. Según balances del año pasado el intercambio comercial de Belarús y Rusia ascendió a casi 40 mil millones de dólares norteamericanos. Es un monto bastante grande. Sin embargo, el potencial de crecimiento está lejos de haberse agotado. El líder ruso, Vladímir Putin, aseguró que Belarús y Rusia continuarán los esfuerzos para consolidar aún más la integración económica. No se trata sólo del aumento del volumen de la economía de los dos países, sino también de la calidad de su crecimiento. Según el presidente ruso, en este sentido podría ayudar mucho la creación de la Unión Económica Euroasiática:

— Será un paso más para unir a nuestros pueblos y nuestros países a partir de todas las experiencias positivas, que hemos obtenido de los tiempos anteriores y de lo ha sido hecho y regado, vamos a decir la verdad, con la sangre de nuestros padres y abuelos, tomando en consideración los tiempos de guerra.

Además de eso, por la tarde Alexandr Lukashenko y Vladímir Putin colocaron ofrendas florales al monumento de la Victoria en Minsk.

Dmitry Kriátov y Líliya Khlystún

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