La dama de hierro

La herrería de Oksana Kirilyuk desde Molodechno es un área de gran tamaño, con un techo alto, donde a veinte grados bajo cero en la calle se puede calentarse junto a la chimenea

La herrería de Oksana Kirilyuk desde Molodechno es un área de gran tamaño, con un techo alto, donde a veinte grados bajo cero en la calle se puede calentarse junto a la chimenea



El ambiente frío vuelve a cobrar vida tan pronto como aparece su dueña, Oksana Kirilyuk. La mujer prende el teléfono móvil y en altavoces envueltos de plástico, para que el polvo no los dañe, comienza a sonar... Chopin.

Pronto comienza a trabajar al ritmo de vals compuesto por el gran compositor un enorme “metrónomo”: el martillo neumático casi de ocho toneladas, bajo cuyo peso la barra del hierro al rojo vivo puede ser moldeado como la arcilla. Cada rincón de la herrería se llena de música específica, ruidosa e industrial, y al mismo tiempo romántica al igual como la misma señora Oksana. La mujer ha demostrado que puede representar dignamente este oficio al parecer de hombres.

No puedo afirmar que Oksana echa por tierra los estereotipos. Ella es una de estas personas que están acostumbradas a comprobar algo. Oksana dice que sólo hace algo que le gusta y que está dispuesta a dedicar a este oficio todo su tiempo. Hoy en día, es la “señora de hierro”, que hábilmente maneja el martillo. Además de eso, es la “jardinera” capaz de hacer de la barra de metal una rosa o forjar una rama de vid.

Comenzó a trabajar en la herrería después de trabajar varios años como economista. En su registro de empleo tienes varias inscripciones sobre el trabajo en la empresa mixta de ropa belaruso-holandesa, en el departamento de la actividad económica exterior de la empresa, “Electromodul”; y en el colegio de “Belcoopsoyuz”.

— Un día de repente me di cuenta de que yo no quisiera más vivir la vida no mía. Y decidí cambiar todo. Ahora con muchas ganas hago mi trabajo, ¿entiende? Esto no es sólo una manera de ganar dinero. Me encanta lo que hago, disfruto cada momento, así como el contacto con el fuego y el metal.

Oksana prende el fuego con un fósforo. A la melodía de la herrería se agrega otro sonido más: el ruido de soplado. Respiramos el olor de humo, y Oksana sigue tirando el carbón.

— Siempre uno puede aprender algo nuevo. A menudo he oído hablar de mí: si hago lo que me gusta, entonces mi marido es un oligarca. ¡No es así, para nada! Creo que hace falta estar preparados a todos los cambios en la vida. Uno puede ahorrar el dinero suficiente para seis meses, dejar el trabajo aburrido y dedicarse a algo interesante o aprender algo nuevo. En general no es necesario pensar mucho, pues no sirve. Para ganar hay que ser siempre preparado. ¡Así que hagan planes! Por ejemplo, yo todos mis planes los escribo en un papel. Y luego trato de seguir estrictamente lo planificado.

Oksana toma las pinzas, aprieta una barra de hierro y las llamas comienzan a bailar alrededor del metal al rojo vivo. La maestra prende el martillo eléctrico y pone una barra de hierro entre los discos. Ahora comienza a trabajar un enorme mecanismo de zumbido: Oksana con una pierna presiona el pedal y el martillo con staccato empieza a golpear una pieza. Varios golpes y de la barra de hierro se forma un pétalo de flor. Si bien esto es sólo una preparación, y es necesario seguir trabajando con las manos. Este tipo de pequeños pétalos de flores los compañeros de Oksana prefieren hacerlos con martillos más pequeños. El “asistente” de Oksana es de dos veces más pesado.


— Es un mecanismo serio, con su ayuda ella hace el 80 por ciento del trabajo. Existe una opinión de que el más pesado es el martillo, menos trabajo minucioso se puede hacer con el mismo. Pero no es verdad. Si uno entiende cómo funciona el martillo eléctrico, y si el mecanismo está bien ajustado, se puede hacer una obra prácticamente de la joyería. En este caso, la fuerza del golpe es bien específica, pero ya me acostumbré. De hecho, cuando empezaba a trabajar, corría un riesgo tremendo. Los hombres –que me enseñaban– no me hablaron sobre la seguridad. Y yo no me daba cuenta de que podría tener lugar una situación de fuerza mayor. En resultado, tuve que pasar por todo: sucedía, el martillo me sacaba el pelo. Pero ahora, por supuesto, todo lo hago con más habilidad. A diferencia de muchos compañeros míos, yo prefiero trabajar con un martillo de un kilo o de 800 gramos. Los hombres a menudo hacen con más potencia y trabajan con martillos grandes de dos kilogramos y medio y no calientan bien el hierro. A su vez, yo trato de calentarlo hasta que comience a reaccionar bien. ¿Quiere probar, tal vez?

Oksana sostiene una barra de hierro. Su entusiasmo es contagioso. Sin pensarlo dos veces, tomo el martillo y me convierto en su asistente. Sigo cada movimiento de mi maestra. Primero, debo calentar la barra de hierro. Luego con dobles golpes del martillo trato de estirarla un poco, afilarla y doblarla de manera que se asemeje con una planta viva.

— Tome este martillo pequeño bastante antiguo, con rayas amarillas. Es mi herramienta más productiva. No me preocupa el aspecto del martillo, podría trabajar con una piedra sin remover. No me importa con qué será cumplida mi idea: el artista puede pintar un cuadro con acuarelas y carboncillo. Lo más importante es el resultado, ¿verdad? Si calienta también esta parte, podrá ver una deformación, pero que desaparecerá, si golpeamos aquí.

De hecho, de la combinación de la barra de hierro y el martillo sale un pequeño enrollo muy simpático. ¡Es un verdadero cuento de hadas de hierro! Resulta que es un trabajo increíblemente emocionante.

— El producto final es sólo una pequeña parte de cualquier trabajo. El proceso debe ser divertido, afirma Oksana. Siempre es el conocimiento, contacto, camino, trayectoria. De hecho, es toda una aventura. ¿Entiende? Me gustaría mucho crear un parque de esculturas de hierro. Con el dinero ganado quiero construir un establo para los caballos. También es posible que me ayude alguien. Todos los interesados podrán venir aquí, relacionarse con los caballos y darse cuenta qué inteligentes son. Los caballos fueron quien me hicieron venir a la herrería. Hace 15 años atrás rescaté a una yegua embarazada que debería ser enviada al matadero. Le alquilé un establo, aprendí a cortar heno y limpiar lugar. También a menudo reparaba el establo. A veces necesitaba que viniera un soldador y nadie venía, por lo tanto decidí aprender este oficio bastante complicado. Y cuando tuve pasantía en la estación de tren, pasé por la herrería y me di cuenta de que era algo mío y muy verdadero, y que quería seguir haciéndolo siempre.


A propósito


¿Hay otras mujeres herreras?

Con las tecnologías actuales de la herrería los “artistas de metal” ya no necesita tener músculos, sin embargo, la mujer herrera es toda una rareza. En la ciudad de Tula trabaja Natalia Zabélina de 37 años de edad, que hace armas para hombres. A su vez, en la ciudad de Koroliov es bien conocida Masha Arkhángelskaya, que a partir de 16 años de edad participa en exposiciones de herreros-armeros, celebradas dos veces al año en Moscú. La única mujer herrera en Siberia es Anna Melgízina, que, a propósito, dirige una organización sin fines de lucro de artistas herreros del Territorio de Altai.

Inna Kábysheva
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Автор фото: Владимир ШЛАПАК
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