Guerra de mi padre

Recuerdos de guardia del ordinario Mikhail Cherkashin

Recuerdos de guardia del ordinario Mikhail Cherkashin

Recuerdos de guardia del ordinario Mikhail Cherkashin


A mí padre no le gustaba recordar la guerra, y si lo hacía de vez en cuando, hablaba de pocas cosas, solamente de algunos acontecimientos. A pesar de que, nosotros, sus hijos y luego nietos, le pedíamos mucho contar, cómo combatía, qué sentía, en qué pensaba, él sólo protestaba, no decía nada y se iba de la casa a la terraza y comenzaba a fumar. E incluso cuando en la escuela me pedían escribir un ensayo sobre la Segunda Guerra Mundial, mi padre no quería ayudarme y contar algunos detalles. Recuerdo que en esos momentos la sonrisa lentamente desaparecía de su rostro y sus ojos se ponían muy tristes, como si la vida se detenía en cada célula de su cuerpo. Y luego en el patio de nuestra casa –que se encontraba en la ciudad Volchansk, provincia ucraniana de Kharkov– comenzaba a sonar su tos histérica. Cada vez –hasta que en el lugar de la antigua casa fue construida una nueva– me dolía mucho oír esta tos nerviosa. A su vez, mi madre tratando de tranquilizarme me decía, que no era de los cigarrillos, sino porque mi padre tocaba instrumentos de viento... En mi memoria infantil no quiso preservarse esta explicación y yo seguía creyendo que era por el tabaco que mi padre ponía cuidadosamente en un paquetico hecho de un pedacito del viejo periódico.


Además de eso, recuerdo cómo él a mí, la niña de cuatro años, me enseñaba a hacer estos paqueticos, doblando una hojita de papel: primero “plancharlo” con los dedos y luego dividirlo justo en dos partes... Yo con mucho entusiasmo dividía el papel y hacía los cigarrillos papa mi padre, pegando con la saliva los bordes. Fue muy divertido. Más tarde, mi padre comenzó a utilizar también los pedacitos rectángulos de papel de color blanco grisáceo. Luego mi padre fumaba los cigarrillos, “Norte”, “Belomorcanal”, “Astra”, “Prima”... Preocupando por sus pulmones –él a partir de 18 años tocaba instrumentos de viento– yo los traía de Kiev, capital de Ucrania, donde estudiaba en la universidad. Eran los cigarrillos caros en la época soviética, “Herzegovina Flor”. Compraba para regalarle a mi padre también pipas, pitilleras, boquillas para cigarrillos, etc. E incluso lo convencía de que sería mejor fumar cigarrillos light. Pero mi padre nunca lo hizo...

Su boquilla musical era del barítono y más tarde en casa apareció el trombón que olía un poco de tabaco. Esta boquilla a mí me parecía mágica. Aún recuerdo su olor. También mis dedos “recuerdan” muy bien su superficie bien lisa. Cuando niña, me parecía que los músicos en sus instrumentos de viento dejan entrar el humo de cigarrillos. Siempre me interesaba por dónde se escapaba el humo. Mi padre hacía anillos de humo y bromeaba, diciendo que si el humo pasara a través del tubo, en sus paredes se quedaría. Por lo que yo llegué a una conclusión: es por eso que la boquilla olía a humo. A veces me gustaba tocar el barítono de mi padre y presionar teclas muy brillantes. Además de eso, a veces agarraba un peine, ponía un pañuelo de papel sujetado en los dientes y comenzaba a soplar, como si hiciera cosquillas a mis labios. Y cuando mi padre ensayaba, tomaba una armónica traída de la guerra y también intentaba tocarla. Ahora ni siquiera podría decir, dónde está este hermoso trofeo. Tampoco puedo preguntar a nadie, pues ya no están en este mundo…

Por supuesto, de vez en cuando yo pedía a mi padre tocar algo de esas melodías, que él había tocado en la guerra. Y él volvía a encerrarse en sí mismo que uno no podía animarlo para nada, sólo varias veces escuché tocarlo “Vals de oficiales”, “Ondas de Amur”... A su vez, mi madre se lo pedía cantar la famosa canción sobre el “modesto pañuelito azul”. “Misha, decía ella, por favor, hazlo, te pide tanto tu hija”. Algunas veces este argumento funcionaba, y el padre tocaba “Ondas de Amur”... Nunca lo pregunté, por qué tocaba justo esta melodía. Tal vez la misma se le hiciera recordar sobre su servicio en la Flota del Océano Pacífico... Durante cuatro años él sirvió en la infantería marina. ¿Y por qué yo nunca lo pregunté, qué amigos tenía, cómo pasaba su tiempo libre, dónde estaba su unidad militar y qué clase de gente estaba en su batallón, pelotón...? Alguien le enseñó a tocar los instrumentos de viento, y alguien tomó una foto de un joven marinero en su uniforme militar... Esta foto, afortunadamente está en nuestro archivo familiar. Leo una inscripción breve en el certificado militar de soldado:

Mikhail Cherkashin está listo para el servicio militar y está alistado como el cadete en la escuela de especialistas de la Flota del Océano Pacífico.

Mi padre comenzó a estudiar en la escuela el 1° de octubre de 1932. Este mismo año, por lo que yo sé de la historia, empezó la formación activa y el desarrollo de la Flota del Océano Pacífico “con el objetivo de reforzar las fronteras del Lejano Oriente soviético”.

El padre se retiró a la reserva el 1° de octubre de 1936. Mi madre me contaba que por primera vez –entonces ella tenía 16 años– vio al marinero en uniforme de marinero en la Casa de la Cultura durante un intervalo entre ensayos de la obra, “Tamila”, que se ponía en el teatro popular de Volchansk, y donde ella interpretaba el papel protagonista. Mi madre se quedó muy impresionada por un aspecto muy atractivo de mi padre, así como por su hermoso abrigo de piel puesto por encima del uniforme de marinero. Luego a mi madre se le gustaba muchos acordar de aquel tapado de piel que mi padre había traído de la ciudad de Vladivostok. Nadie en Volchansk tenía una prenda similar, contaba ella. Si no lo comiera mol en el armario, con el mismo ellos podrían taparse en Valuyki durante el invierno...

Valuyki es también parte de nuestra historia familiar. Cuando comenzó la guerra, el padre en seguida fue llamado a filas y al tercer día lo enviaron a Valuyki, centro municipal de la provincia de Belgorod, a cien kilómetros de la ciudad de Volchansk, a la unidad militar de mantenimiento de aviones número 690 y lo designaron dirigir el almacén de comestibles. Y cuando en invierno el padre pasó en una ocasión por Volchansk, llevó consigo a su joven esposa con un hijo de tres años de edad. Claro que estaba prohibido vivir en la unidad militar con su familia... Pero mi madre de veinte años no quiso regresar, sino comenzó a trabajar allí mismo de contadora. A su vez, mi hermano, Yuri, se quedó con una mujer del pueblo, en cuya casa se instaló la empleada civil, mi madre, María Cherkáshina. “Fue un tiempo muy duro, frío y cruel. Fallecieron muchos pilotos. Cada día sucedía eso”, contaba mi madre. Según ella, muchas mujeres y sus hijos entonces acompañaron a sus esposos que fueron enviados a Valuyki, pues pensaban que la guerra terminara pronto…

Algún tiempo después, en febrero de 1942, mi padre fue trasladado a la 51ª División de Fusileros de la Guardia y fue alistado en el pelotón de músicos. Supongo que él hubiera dicho a alguien que aprendió a tocar instrumentos de viento, sirviendo en la Marina. Además de eso, en su carnet de soldado del Ejército Rojo leí algunos detalles: el número de su especialidad de músico de instrumentos de viento fue 108. Aquí mismo vi también las inscripciones sobre las condecoraciones otorgadas a mi padre. Claro que también recuerdo sus historias concisas que él participó en las batallas del “arco de Kursk” y en las afueras de Stalingrado, vi sus medallas y órdenes que eran parte del archivo familiar de su hijo, Bogdán... Ahora, gracias a la fiesta de la Gran Victoria y mis pensamientos en el destino de los soldados comunes de la Segunda Guerra Mundial, quisiera analizar todo desde el punto de vista de la historia de guerra de mi padre.

Cuando pequeña, estaba muy orgullosa de que mi padre era músico: él tocaba en la orquesta en la Casa de la Cultura de la ciudad de Volchansk. Participaba en las celebraciones festivas, en conciertos y en funerales. Pero casi no ganaba nada. Además de eso para conseguir la plaza para mí en el jardín de infancia, tuvo que aceptar la propuesta de trabajar de administrador en esta institución: en este caso se le sirvió su profesión –que tuvo de antes de la guerra– de contador comercial.

Durante mucho tiempo pensé que mi padre no quería contar sobre “su” guerra por ser un hombre muy reservado. Pero sólo recientemente me he dado cuenta de que me equivocaba. Escuchando a los veteranos –con los que tengo el honor de hablar o los que participan en los programas de televisión– siento que incluso aquellos que saben narrar, no quieren revelar toda la verdad sobre la guerra pasada, sino sólo cuentan una parte, que no puede dañar a los demás, ni trae el dolor a ellos mismos. Y con razón. En mi opinión, es por el instinto de auto preservación tan característica para la naturaleza humana. Es posible que los horrores de la guerra paralizan la memoria y por lo tanto los rostros de las personas –que los conocieron– se ponen congelados sólo con una mención sobre la misma. Así que, reitero, se ponía congelado el rostro de mi padre. Recuerdo como él se abría un poco, diciendo que en la guerra tuvo que lavar vendas y ver recipientes con partes amputadas de cuerpos humanos, así como enterrar a los muertos, sacar del campo de batalla a los heridos y establecer una comunicación telefónica... Pero ¿qué pasaba con la música? De vez en cuando también tocaba la música. Preparando este artículo, leí en el foro de músicos las siguientes líneas:

El pelotón de músicos, según una vieja tradición rusa, siendo parte de muchas unidades militares, entre los combates se convertía bajo la dirección del director de orquesta en la banda del regimiento. Los músicos tocaban la música militar patriótica y popular, así como melodías y canciones populares y marchas para animar a los combatientes. A menudo los músicos tocaban también durante las operaciones de ofensiva, elevando el ánimo de los soldados, ayudando a los militares a participar en asaltos decisivos y levantando a los soldados para atacar. Durante los combates, los soldados de pelotones de músicos muy a menudo tuvieron que ser enfermeros, formar parte de brigadas de trofeo y funerales y llevar armas. Sus vidas de soldados comunes estaban llenas de peligro y muerte, y, por supuesto, de hazaña.


Condecoraciones y documentos de Mikhail Cherkashin

Me duele mucho que mis preguntas a mi padre, un veterano de la Segunda Guerra Mundial ya no tendrán respuesta. No sabré nunca, si él soñaba la guerra y sus compañeros de combate, si pudo olvidarla, si a menudo escribía a su esposa e hijo desde el frente, que con su madre Catalina, su hermana mayor y sus dos sobrinos pequeños, aunque por poco tiempo, estaban en la ocupación... Creo que hoy en día, podría hacer hablar a mi padre. Cuando estaba vivo, nosotros, reuniéndose en nuestra casa familiar, más a menudo hablábamos de la vida. Sólo según algunas historias contadas por mi padre y aquellos documentos –que mi madre pudo preservar– ahora yo puedo imaginar la “envergadura de la guerra de mi padre” sin sumergirme en una terrible realidad, en la que él al estar las 24 horas cada día pasó tres años y medio: se trata de más de mil 300 días y noches...

Mi padre murió en enero de 1993, 48 años más tarde del día, cuando fue herido de gravedad en enero de 1945 y fue evacuado al 414° hospital en Ekaterimburgo, entonces era Sverdlovsk. Recuerdo como él decía “... y me enviaron a Sverdlovsk…” con un acento en la primera sílaba tan característico para nuestra provincia de Kharkov. Hoy en día sólo puedo sólo suponer que mi padre contara de “su” guerra, que comenzó el 24 de junio de 1941 y terminó en abril de 1945. Estas fechas yo las encontré primero en su carnet de soldado del Ejército Rojo y luego en su certificado militar. Del hecho –que él pasó por el tratamiento en el 414° hospital en Ekaterimburgo– me enteré de sus documentos. Allí, en la calle Mamin-Siberiak, número 145, en el edificio de la Casa de la Industria, ahora está puesta una placa conmemorativa de mármol gris en la memoria del 414° hospital, a donde una vez herido fue enviado mi padre.

Fue un golpe directo al punto de comando, decía el padre. Mi padre sufría mucho recordando que tras los bombardeos de la aviación enemiga, el 16 de enero de 1945, murieron muchas chicas jóvenes del pelotón de comunicación telefónica. ¿Dónde ocurrió eso? Según la información –obtenida en Internet, siguiendo el camino de la 51ª División– puedo imaginar que eso era en las afueras de la ciudad de Liepaja, mientras tenían lugar los combates por la ciudad de Konigsberg. Además de eso, el padre contaba que lo habían liberado de los escombros sus compañeros de la orquesta: el armenio con el apellido, Baghramyán, y el judío, Mikhail Cherpakov. Los dos notaron las “botas de Mishka” de cuero cosido con puntadas bien características. Él me contaba que cosía botas también a sus compañeros de la orquesta. A propósito, estas habilidades se las adquirió, cuando tenía doce años de edad y era aprendiz de zapatero. Resulta que este oficio se le salvó la vida.

Ahora yo como si vea aquellas botas que aparecen entre los escombros, así como a los compañeros de combate de mi padre. Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, mi padre decidió a buscar a sus salvadores. Jamás encontró a Baghramyán. Soñaba con ir a Moscú el día de la Gran Victoria. Incluso yo, siendo estudiante, tenía idea de llegar a la muralla del Kremlin, en la Plaza Roja de Moscú, donde se reunían los veteranos con la esperanza de encontrarse con sus compañeros de combate. Me da mucha pena que nunca he podido ir con mi padre... Pero mi padre pudo pasar por la ciudad de Kursk y participar en las celebraciones dedicadas a uno de los aniversarios de la Gran Victoria: los veteranos residentes del municipio de Volchansk fueron invitados para visitar el famoso monumento erigido en honor a los héroes de la batalla en “arco de Kursk”, inaugurado el 3 de agosto de 1973. Recuerdo que mi padre contándolo se ponía muy contento. A su vez, mi padre pudo ver a Mikhail Cherpakov dos veces e incluso pudieron conocerse sus esposas. Él visitó junto con su esposa la ciudad de Volchansk y en 1981 mis padres pasaron por la casa de los Cherpakov en Riga. El padre contaba que “Mikhail escribía un libro acerca de los músicos en la guerra”. No sé si ha podido publicar un libro... Si yo podría saberlo... Con saberlo, me parece yo sería más rica espiritualmente y tal vez podría conocer cómo luchó mi padre en el frente. Pero tengo sólo unas breves frases, como éstas, tomadas de diversas fuentes en Internet:

...En la noche del 26 de enero de 1943, el comandante del Frente de Don, Konstantín Rokossovsky, dio orden de llegar a la Colina de Mamay y terminar la división completa de las restantes tropas alemanas ya rodeadas. Por la mañana de este día bajo el acompañamiento de la música de la orquesta los soldados de la 51ª División de la Guardia lanzaron un ataque y junto con las unidades de la 121ª Brigada de Tanques y de la 52ª División en las pendientes de la Colina de Mamay se unieron con las unidades de las divisiones de infantería número 13 n 284 y del 62º Ejército, al cumplir con el orden militar, así como con la tarea histórica...

El sargento de Osetia, Azamat Kaytukov, también se acuerda de estos mismos acontecimientos:

...Kaytukov servía en el 158° Regimiento de Fusileros de la Guaria y de la 51ª División de Fusileros de la Guardia. Participó en las batallas que tenían lugar en las afueras de la ciudad de Stalingrado y en el “arco de Kursk”, así como en la operación de liberación, “Bagratión”, en Belarús. El combate más memorable para Azamat Kaytukov fue la batalla de Stalingrado. Una noche a la unidad militar de Kaytukov vino el comandante de la compañía y dijo que en la madrugada comenzará el ataque. Y agregó:

…¡Vamos con la música, camarada sargento! Al amanecer, una compañía de ametralladoras tomó sus posiciones de partida para el ataque. Aquí mismo se acercaron también los músicos del regimiento bajo la dirección del director de orquesta, Filátov. De repente en el cielo se estalló un cohete y luego sonó el “Internacional”. La artillería comenzó a atacar. “¡Hurra! ¡Hurra!” empezó a sonar por encima de las trincheras, y los combatientes de la División de la Guardia empezaron su ataque...

Mi padre, músico de la división, también estaba allí. Y luego, junto con sus compañeros de la orquesta ayudaba a los heridos. Ahora puedo afirmar gracias a la información muy valiosa obtenida de Internet que arroja luz en la que mi padre, además de cumplir con su deber de músico, también tenía que hacer otras cosas. Recientemente mi hijo, cuando la mayor parte de este artículo ya ha sido escrita, ha encontrado la base de datos electrónicos, “La hazaña del pueblo en la Segunda Guerra Mundial de 1941-1945”, (http://www.podvignaroda.mil.ru/). Para mi gran alegría, estudiando los documentos de archivo, vi el apellido de Filátov. Sí, es este mismo hombre mencionado por Kaytukov. Resulta que el director de orquesta, el teniente de la guardia, Filátov, presentó la solicitud sobre la condecoración de Mikhail Cherkashin con la medalla, “Por méritos de combate”, en la hoja de galardonados fechada del 10 de diciembre de 1943, en la parte, “La hazaña”, escribió: “... El soldado Cherkashin, sirviendo en el batallón médico-sanitario como un enfermero era muy responsable y cumplía con su deber con honestidad y conciencia. Durante las operaciones de combate en el período de 08.11.1943 a 13.12.1943 atendió a los heridos en el pelotón operacional. El soldado Mikhail Cherkashin, sin saber ni fatiga ni descanso ayudaba a atender rápidamente a los soldados y oficiales heridos, y participaba en su evacuación al hospital móvil de campaña”. Y el 27 de diciembre fue firmado el orden de la condecoración de mi padre. Incluso antes a él fue entregada la medalla, “Por la defensa de Stalingrado”. Y en su carnet del soldado del Ejército Rojo está puesta la siguiente inscripción. Cito textualmente:

“Por la participación en la exitosa derrota de la agrupación enemiga de Stalingrado el camarada Stalin otorgo dos cartas de agradecimiento. Fue galardonado con la medalla, “Por la defensa de Stalingrado”, en 1943 (el decreto del Presidium del Soviet Supremo de la antigua Unión Soviética del 22 de diciembre de 1942 — Aut.)

De la historia sabemos que la batalla de Stalingrado duró del 17 de julio de 1942 hasta el 2 de febrero de 1943.

Mi padre recibió la gratitud por participar exitosamente en acciones de guerra de la liquidación de la ofensiva alemana de julio en las afueras de la ciudad de Belgorod. En la historia estos combates están conocidos como la Batalla en las afueras del pueblo Prókhorovka en el “arco de Kursk”, que duraron desde el 5 de julio hasta el 23 de agosto de 1943. A su vez, el 22 de julio de 1944 mi padre fue galardonado con una segunda medalla, “Por los méritos de combate”. Es muy complicado saber 70 años más tarde, por qué no con la medalla, “Por el valor”, como solicita su comandante, el teniente de la guardia, Iváshchenko. Así son las palabras escritas en la hoja de condecoración, solicitando otorgar una medalla, “Por el valor”:

“El batallón médico-sanitario siempre se encontraba en el grupo delantero. Trabajaba de día y de noche, sin descansar y dormir para poder ayudar rápidamente a los enfermos y heridos. Sólo en el período de la operación de combate de 20.06.1944 el camarada Cherkashin ayudó a cuidar a 450 heridos. Durante su trabajo en el batallón médico-sanitario participaba también activamente en la evacuación de los soldados y oficiales heridos. El camarada Cherkashin merece ser galardonando con la medalla, “Por el valor”...

Mi padre también tomó parte en la liberación de las ciudades belarusas. Me contaba sobre su participación en la operación, “Bagration”, así como de las ciudades de Pólotsk y Vítebsk... A propósito en dos ocasiones estuvo lesionado: el 20 de enero de 1943 fue herido y el 16 de enero de 1945 fue herido gravemente.

En la hoja de la condecoración del 23 de enero de 1945 –firmada por el coronel Kovalenko, comandante del 49° Regimiento de comunicaciones de la Orden de Alexander Nevsky de Pólotsk y de la Orden de Estrella Roja– estoy leyendo de mi padre, aunque escrito en forma burocrática, pero de alguna manera llega a las profundidades de mi conciencia. Y apenas contengo las lágrimas, dándome cuenta de que tan poco decía a mi padre que lo amaba y ni una sola vez que me sentía muy orgullosa de él:

El camarada Cherkashin, trabajando de supervisor de línea (en la hoja de la condecoración su cargo es el telefonista — Aut.) en un corto período de servicio ha demostrado de ser capaz de cumplir cualquier tarea.

El 10.01.1945 cumplía con las obligaciones del supervisor del lineal. Mostrando la abnegación bajo el fuego de la artillería del enemigo en 25 minutos reparó más de ocho roturas en la línea telefónica y en resultado proporcionó la comunicación ininterrumpida al punto de comando. Con sus acciones prácticas siempre ayuda al comando a cumplir con éxito su misión de combate. Durante el cumplimiento de su deber el 16 de enero de 1945, durante el bombardeo de la aviación enemiga el camarada Cherkashin resultó ser herido. Solicito el consejo militar del 6° Ejército de la Guardia adjudicar al camarada Cherkashin la Orden de la Gran Guerra Patria del segundo grado”.

Yo, por desgracia, no sé todas las circunstancias, en las que se le fue entregada la Orden de batalla de la Gran Guerra Patria del segundo grado. Tal vez fue en el hospital...

Sí, está muy bien que se preservó el carnet de soldado del Ejército Rojo de mi padre. No entiendo, por qué él nunca lo había mostrado... Lamentablemente nunca tendré la respuesta. Incluso parece que el mismo sigue teniendo el olor de mi padre tan familiar desde la infancia. O tal vez es sólo mi psicosomática... Hojeo su identificación militar, certificado de participante de guerra... Más tarde, en 1987, se le dieron un certificado del inválido de la Segunda Guerra Mundial. El padre estaba orgulloso de los privilegios que recibía, aunque nunca hablaba mucho de eso. Pero platicando con los vecinos sentados en el banquillo, él a veces decía un par de palabras que le habían traído la pensión...

Este farol de pescador de nuestro padre cada año encendemos en el Día de VictoriaLa pensión de los inválidos de la Segunda Guerra Mundial fue mayor que la de sus contemporáneos que no habían participado en la guerra. La madre me contó cómo logró convencer a mi padre poner su desgastado uniforme de guerra con las medallas y hacer foto el día de su cumpleaños número 60… Esta foto está ahora con nosotros. Celebrando los próximos cumpleaños de mi padre o el día de la memoria, así como el Día de la Gran Victoria, ponemos esta foto junto con la linterna pesquera del padre y encendemos una vela... Y el día del 90° Aniversario de María Petrovna Cherkáshina (a propósito, mi madre era también participante de la Segunda Guerra Mundial) invitamos la banda militar para honrar la memoria de mi padre y su esposo, veterano de guerra y escuchar las canciones y la música de los tiempos de guerra y de su juventud. Сuando se reúne toda nuestra familia, recordamos que mi padre era un pescador muy apasionado, iba a pescar en el río Seversky Donets, donde a principios de la guerra tenían lugar batallas muy crueles... Ahora mi hijo también es un pescador apasionado. Todo proviene de la infancia: a lo largo de muchos años él pasaba las vacaciones de verano con su abuelo. El tema de pesca también está en sus obras maestras. Uno de los últimos trabajos suyos es lámpara-barco, donde también hay un lugar para una linterna estilizada, que recuerda a la linterna pesquera de mi padre.

Para el 70° Aniversario de la Gran Victoria, hemos recogido todas las reliquias familiares relacionadas con la guerra: la medalla, “Por la victoria sobre Alemania en la Gran Guerra Patria de 1941-1945”, la segunda Orden de la Gran Guerra Patria del primer grado, que mi padre, al igual que muchos otros veteranos, recibió en 1985. Así como recogimos los certificados a las órdenes y medallas... Así como nuestra memoria sobre el veterano, Mikhail Cherkashin.

El Día de la Victoria hablamos de su inflexibilidad: el padre odiaba a ladrones y oportunistas, apreciaba mucho su palabra. Al igual que cada uno de nosotros, tenía rasgos malos, así como buenos. Y si prometía algo, siempre lo hacía a tiempo. Es por eso que nunca daba promesas vanas. Prestaba fácilmente el dinero, sabiendo el precio de la pobreza y el hambre. Muy a menudo ayudaba a los músicos jóvenes y recién casados que vivían en nuestra calle Podgórnaya. Y cuando la esposa de mi hermano trompetista, Yuri, dio a luz a una niña –recuerdo muy bien este caso– mi padre se sentó en la bicicleta, que era su medio favorito de transporte, para llevar la sopita fresca a la joven mamita, su nuera, Liuba. Además de eso, le encantaba ver el fútbol y el hockey en la televisión. Y me contagió con los partidos internacionales, así como con la música tocada por los instrumentos de viento. Le gustaba mucho, al tocar en la celebración del 1° de mayo en la plaza principal de Volchansk, sentarse a la mesa puesta en el patio bajo las uvas en un día cálido, con sus familiares, entre los cuales había también mi primo, Oleg, y su familia. Oleg era piloto, hijo del comandante del Ejército Rojo fallecido en la guerra, Iván Lugovskoy. Cuando el padre era más joven, él invitaba a todos al jardín y cocinaba un gallo en gran cubo y preparaba la salsa de carne en el fuego. Y nunca, ni siquiera en la fiesta, no tomaba más de dos copitas de vodka.

El otro día, yo y mi esposo comenzamos a contar cuántos descendientes tiene mi padre, soldado de la guardia, el veterano de la Segunda Guerra Mundial, Mikhail Cherkashin. ¡Resulta que 10! Y habrá más. Todos nosotros hemos nacido, estamos viviendo al igual que tienen que nacer en el futuro, debido al hecho de que mi padre no murió en aquella terrible guerra. Por lo tanto, hasta que yo viva con gratitud pensaré en los veteranos de la Segunda Guerra Mundial y voy a reiterar: “¡Gracias, padre, por la Victoria! Me siento muy orgullosa de tí.

Espero que él me escuche.

Valentina Cherkáshina-Zhdanóvich
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