Gran interés científico

De hecho, el progenitor del Instituto Forestal fue el Instituto de Agricultura y Economías Forestales creado aún en 1927, cuenta el director del Instituto Forestal, el candidato a doctor en ciencias agrícolas, Alexander Kovalévich.
Las medidas de protección de los bosques contra la radiación, el cultivo de los hongos “saludables” y los árboles transgénicos y el desarrollo de las rutas ecológicas vírgenes. Sólo son algunas directrices, que están a la vista y son comprensibles para cualquier persona, cuando se trata de la labor científica llevada por los expertos del Instituto Forestal de la Academia Nacional de Ciencias de Belarús. A propósito, no es nada casual que el mismo ha sido creado en la ciudad de Gómel, en la parte sureste de nuestro país, más boscosa de Belarús.


De hecho, el progenitor del Instituto Forestal fue el Instituto de Agricultura y Economías Forestales creado aún en 1927, cuenta el director del Instituto Forestal, el candidato a doctor en ciencias agrícolas, Alexander Kovalévich. Tres años más tarde a base del departamento forestal de aquella institución fue creado el Instituto de Investigaciones Científicas Forestales de Belarús. Al principio, los científicos se ocupaban de la realización de investigaciones biológicas del sistema forestal y la solución de problemas de la industria forestal. Pero después de la guerra, el instituto tuvo por tarea la recuperación de los bosques belarusos. En 1946, la cubierta forestal en nuestro país fue sólo del 21por ciento de todo el territorio. Hoy en día, esta área es casi doble.

Claro que podríamos contar sobre diferentes etapas y tareas más importantes en la historia del Instituto. Pero sin duda un punto crucial en su biografía, así como de todo el país, fue un accidente en la central nuclear de Chernóbyl que tuvo lugar en 1986. La explosión del reactor llevó al hecho de que una parte de bosque en las provincias de Gómel y Moguiliov se convirtió en una zona de mayor riesgo de radiación. Durante todos estos años, la mayoría de los laboratorios del instituto se dedicaban a los temas relacionados con la recuperación de los bosques en esta zona. Más tarde fueron creadas nuevas secciones para resolver este importante problema.

Durante décadas pasadas después del accidente en la central nuclear de Chernóbyl los científicos belarusos han acumulado valiosas experiencias en cuanto a la reducción del nivel de la radiación. Además de eso, fueron desarrolladas docenas de nuevas tecnologías y creados diferentes equipos bien sofisticados, así como obtenidos patentes. El director del Instituto Forestal cuenta sobre los resultados:

The Forest Institute of the National Academy of SciencesPrecisamente la lucha contra la radiación, la protección de los bosques afectados, así como de los vecinos de los pueblos cercanos, aportaron que los científicos se dedicaron a una directriz totalmente nueva: el cultivo de los “productos saludables” del bosque. En base experimental Korenévskaya del instituto aparecieron plantaciones de arándano rojo, sustancias biológicamente activas que ayudan a prevenir enfermedades oncológicas.

Otra vez gracias a los científicos del instituto en Belarús fue desarrollada una industria de cultivo de hongos: “hongo ostra” y “shiitake”. Todo fue comenzado en la ex base de Korenévskaya. En el laboratorio de la reproducción del Instituto de Producción Forestal durante horas pueden hablar sobre este proyecto:

— Precisamente aquí a partir de los estudios del candidato a doctor en ciencias, Fominá, por primera vez en Belarús ha sido creado y funciona un laboratorio, así como la planta industrial para la producción de hongos, así como de una de las antiguas culturas orientales: hongo terapéutico, “shiitake”. Es sumamente importante señalar que desde hace mucho tiempo nuestras tecnologías se están utilizando más allá de la Academia Nacional de Ciencias de Belarús. Hoy en día, del cultivo de hongos se ocupan empresas, organizaciones agrícolas y residentes en sus patios interiores. El interés hacia este tema no es casual para nada. No es sólo la cuestión de moda. Tomemos, por ejemplo, los “hongos ostra”. Según sus propiedades beneficiosas para la salud, ellos superan muchos tipos de hongos comestibles, ya que contienen proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas y minerales, potasio, fósforo, hierro y calcio. La proteína de hongos es similar a la clara de huevo. Y una de sus características más es que el uso de “hongos ostra” evita el desarrollo de tumores y ayuda a reducir el colesterol. Estos hongos contienen elementos biológicos, aumenta la resistencia del organismo humano a los radionucleidos.

Haloxylon negro y abedul transgénico

El Instituto Forestal de la Academia Nacional de Ciencias de Belarús en varias ocasiones fue reconocido el mejor centro científico de la Comunidad de Estados Independientes. En primer lugar, gracias a sus avances científicos en el campo de la genética y la cría. De hecho, en la antigua Unión Soviética pocas instituciones científicas se dedicaban a estas directrices con la consistencia y el rigor como los científicos de Gómel.

Entre los proyectos –de que a esta altura se ocupan los empleados del instituto– hay muchos que están relacionados con los problemas ocurridos en otros países. Por ejemplo, hoy en día, las obras de investigación práctica –que se están llevando a cabo en Kazajшstán– tienen por tarea establecer plantaciones de haloxylon negro y el pino regular en el fondo del Mar de Aral, así como en el territorio del polígono nuclear de Semipalatinsk. En el instituto explican todos los detalles del problema:

— Las condiciones para cultivar plantar forestales por allí son muy duras: la tierra es muy ácida, no hay humedad, a su vez, en el polígono de Semipalatinsk hay mucha contaminación radiactiva. Por lo tanto, se aplica la última tecnología de granulación de las semillas. Es cuando las semillas se cubren con una película especial para apoyar plantas en el comienzo de su crecimiento hasta que ellas se adapten al medio ambiente agresivo. A propósito, la película fue desarrollada por uno de los institutos de la Academia Nacional de Ciencias de Belarús. Cabe destacar que esta tecnología ya fue aprobada en nuestro país durante el tendido de las plantaciones forestales en tierras de contaminación radiactiva.

Además de eso, entre las áreas más prometedoras está la ingeniería genética. Hoy en día, el instituto tiene el laboratorio de genética y biotecnologías que está a la vanguardia en el mundo. Una de sus últimas obras es un proyecto conjunto llevado a cabo junto con los colegas rusos del Instituto de Química Bioorgánica, encaminado a la creación de plantas transgénicas. Y su primer logro es el abedul transgénico. Sin embargo, en el laboratorio aclaran: estas plantas no saldrán del instituto, este tipo de trabajo se realiza únicamente con el propósito científico para el estudio de los procesos transgénicos:

— Tenemos que entender que si no trabajamos en esta dirección, no nos avanzaremos en el campo de la genética. Si trabajamos en la ingeniería genética, estamos manteniendo el ritmo con las prácticas internacionales.

A propósito, la cooperación con el instituto ruso se debe principalmente a la creación del centro de la clonación de plantas. Hace falta señalar que fueron adquiridas experiencias apropiadas muy útiles. Las especies de madera es una nueva directriz, donde los científicos belarusos ya tienen importantes logros. Actualmente, por ejemplo, se está llevando a cabo el trabajo encaminado a la creación de abedul triploide transgénico. Los expertos cuentan todos los detalles:

— Esta planta no podrá reproducirse directamente. Así que nosotros realmente podremos protegernos del cruce con otros abedules y básicamente descartamos el cruce genético de las plantaciones forestales. Lo más importante por lo que se hace todo este trabajo es el estudio en el interés científico.

Además de eso, actualmente, el laboratorio hace la certificación genética de los objetos de la base de semillas. Casi fue completado el proceso similar en cuanto a los bosques de robles. También fueron desarrollados los métodos de la detección de las infecciones patógenas de los bosques. Se está creando el banco nacional de infecciones oportunistas, que incluye en torno a 110 pasaportes genéticos, incluso 15 han sido determinados por primera vez. Ellos han sido entregados al Centro Internacional de Medicina Molecular en Nueva York.

El colaborador cientifico de laboratoria de genética y biotechnología del Instituto Forestal Dmitriy Kulaguin

La Meca para los turistas


Tal vez en ninguna parte uno no podría conocer tantas cosas interesantes sobre el bosque, como en el Instituto Forestal de Gómel. Los empleados de la institución saben todo e incluso más. Es más, tienen gran deseo de presentar estar información bien interesante. Y no en una forma habitual para un centro científico, sino en una forma del desarrollo de rutas ecológicas únicas. Los expertos del sector de dirección de bosques y el uso racional de zonas forestales del Instituto Forestal de la Academia Nacional de Ciencias de Belarús no se preocupan mucho por el tema de que nuestro país no tiene montañas ni mar:

— Claro que a todos les encantaría visitar un lugar exótico, se dan cuenta ellos. Pero no todo el mundo sabe que nuestro país es uno de los pocos en el mundo, donde el bosque crece más rápido que lo cortan. Las reservas del agua dulce también son muy grandes. En todo el mundo, millones de personas tienen dificultades de obtener el agua limpia y fresca debido al agotamiento de los acuíferos, a su vez, nosotros podemos nadar en los mismos. Los rincones naturales no afectados por la civilización, la riqueza de la fauna silvestre, que se puede observar...
Me convencen de que en invierno la provincia de Gómel es un lugar perfecto para pasar bien las vacaciones. Además de eso, cuentan que hay algunas zonas, donde no vive nadie. Sólo animales y aves. El Instituto Forestal ha desarrollado más de 30 rutas ambientales para organizar cazas de fotos, paseos a caballo y a pie, así como recorridos acuáticos y ciclismo. Y todas estas actividades podrían ser combinadas con visitas de los atractivos históricos y naturales:

— Hemos conservado nobles mansiones construidas en el siglo XIX y las fortificaciones de los tiempos de la Primera Guerra Mundial. Estos objetos también son parte de los recorridos. La historia la aprendemos de los ancianos y los archivos. Así que nuestros guías turísticos tienen mucho que contar a los turistas nacionales, así como extranjeros. En total, ofrecimos para conocer más de 300 obras de interés. Por ejemplo, todo el mundo conoce la línea de Stalin de los tiempos de la Gran Guerra Patria (1941-1945), pero nadie se acuerda de la línea de Voroshílov. Pero ella pasaba a través de la provincia de Gómel. Aquí incluso se preservó el sistema de fortificaciones. Las famosas cruces de piedra en Túrov –que crecen de la tierra– podrían ser incluidas en la lista de lugares de culto, pues a cualquier viajero se le gustaría mirar este milagro natural.

Los empleados del instituto afirman que al descanso cognitivo y de relajación en el bosque se agrega un nivel de servicio digno. Hoy en día, cada empresa forestal dispone de sus propias casitas de cazadores, que según el nivel de confort responden a los requisitos más exigentes de los turistas. Las casitas fueron diseñadas cumpliendo con los intereses y necesidades de los visitantes extranjeros. En la temporada de caza las mismas están aprovechadas por los aficionados a los deportes extremos. En la temporada de invierno en las mismas se alojan las parejas, que tienen la posibilidad de pasar en silencio no sólo los fines de semana, sino los feriados y las vacaciones. ¿Qué hacer en el bosque? Al menos, dar un paseo en la nueva moto de nieve de la producción canadiense (hoy en día, cada empresa forestal dispone de éstas) o montar trineos tirados por caballos, disfrutar de una comida preparada en el fuego, pescar en el hielo y admirar vistas panorámicas de la naturaleza virgen. Cada lugar en los bosques belarusos tiene su propia peculiaridad: en un lugar es el paisaje, en otro son obras históricas, así como animales salvajes en jaulas... Los científicos del Instituto Forestal de Gómel lo saben muy bien.

Violetta Dralyuk
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