Estuvimos lejos, conocimos mucho

La información que a menudo no la conocen nuestros colegas periodistas saliendo del país, como parte de las delegaciones oficiales y los tours de prensa

La información que a menudo no la conocen nuestros colegas periodistas saliendo del país, como parte de las delegaciones oficiales y los tours de prensa 



La aventura con el hotel, “Ashgabat”...


Nuestro primer encuentro con un residente local de la ciudad de Ashgabat resultó ser bastante agradable. ¿Por qué fue así? ¿Suerte? ¿Buena suerte? Por lo general, es una regla general, es resultado de una tarea que hemos definido bien claramente, mientras ya hemos estado en Minsk. Pero vamos a seguir contando por partes.

Desde el primer día del viaje nos pusimos en contacto con los miembros del equipo, que estaba preparando un stand de exposición del Ministerio de Información de Belarús, representando la edición nacional en la feria de libros en Ashgabat dedicada a la visita del presidente de Belarús, Alexander Lukashenko, a Turkmenistán en relación con el 20 aniversario de la Neutralidad de Turkmenistán. Nos dábamos cuenta de que conocer algo de la vida de los residentes de Ashgabat y comunicarse con ellos podríamos sólo en la feria, recorriendo los stands belarusos y turcomanos. Además de eso, teníamos nuestra propia tarea de conocer la vida de la ciudad y sus vecinos tras observarlos, paseando por las calles de la ciudad y visitando mercados y tiendas. Nuestra tarea era obtener experiencias y compartirlas con nuestros lectores. Y, por supuesto, logramos cumplir con esta tarea.

Junto con otros compañeros nos vinieron a buscar para ir en ómnibus del hotel, “Ashgabat” al complejo de exposiciones, “Sergui Kёshgi” (en la traducción del idioma turcomano: palacio de exposiciones). A su vez, al hotel ya debíamos regresarnos solos. El día estaba nublado y lluvioso. A las cuatro de la tarde paramos un taxi y preguntamos: “¿Nos podría llevar al hotel, “Ashgabat”, por diez manat? “Suban al auto, por favor”, respondió el conductor, hombre de edad avanzada. A propósito, en Ashgabat, como nos ha dicho la gente con conocimiento, los precios de taxi son muy convenientes: por diez manat se puede llegar a cualquier parte de la ciudad. Después, en varias ocasiones vimos los contadores en taxi, pero al parecer que funcionaban. Claro si el taxista debe esperarlos, mientras hacen sus cosas o se van a los suburbios, el pago aumenta.


El Palacio de Exposiciones, “Sergi Koshgi” (en el idioma turcomano Sergi Köşgi.) es el más grande en Turkmenistán. Aquí los días de 11 a 13 de diciembre de 2015 tuvo lugar la Feria Comercial Conjunta Belaruso-Turcomana.

Nos metimos en el taxi. De pronto mirando por la ventana húmeda nos damos cuenta de que íbamos por otro camino... Por la mañana, habíamos ido por las amplias avenidas con edificios bien modernos. Y esta vez el camino pasaba a través de las calles estrechitas, donde estaban edificios viejos. Tal vez fuera otro camino. Pero cuando el conductor nos llevó hacia un edificio gris y dijo: “Es aquí, voy a dar una vuelta...”, nosotros, mirando por la ventana, comenzamos a protestar: “No, es otro lugar, necesitamos ir al hotel, “Ashgabat”. Pero no es nuestro hotel”. Pero en la fachada del hotel estaba puesta la inscripción, “Hotel Ashgabat”. ¿Podrían ser dos hoteles con el mismo nombre? Por suerte, en la mañana hicimos fotos de “nuestro” hotel, “Ashgabat”, en los rayos del sol naciente. Las mostramos el conductor. “¿Es probable que ustedes se hayan alojado en el nuevo hotel “Ashgabat”? Soy un jubilado y raras veces paso por nuevos barrios”. Resultó que el taxista nos había llevado al viejo hotel, “Ashgabat”, pero también hay un nuevo hotel, “Ashgabat Myhmanhana”. Hace falta señalar que nuestro hotel, “Ashgabat”, era muy grande y se veía de todos los lados de la ciudad. Además de eso, tenía una preciosa vista a las montañas Kopetdag con picos nevados. Lo que lo hacía ser muy distinto del viejo hotel con el mismo nombre... El ambiente junto al nuevo hotel fue muy moderno y acomodado con buen gusto. Entre las obras más destacadas eran el nuevo estadio deportivo, “Ashgabat”, así como el monumento iluminado durante toda la noche rodeado de fuentes de espuma blanca: el jinete en el caballo “Sardar” (lo que significa hombros de piedra), y el hotel, “Zvezdá” — “Yildiz” (estrella — Aut.) que se elevaba muy para arriba. También en la zona se encontraba un enorme Palacio de Bodas adornado con cuatro estrellas de ocho puntas y con un globo en su interior. Ese palacio, como contaba luego el poeta, Ales Badak, participante de los Días de Cultura de Belarús en Turkmenistán, ni siquiera se podía ver desde el exterior. Dicen que la gente local no está acostumbrada visitar los palacios. En general, cabe destacar que las obras arquitectónicas de esta ciudad “blanca” –construidas en los barrios nuevos- sorprenden con la monumentalidad, el tamaño y el alumbrado de muchos colores que se prende por la noche. Pasando del aeropuerto a la ciudad, algunos de nosotros –que estaban de visita en Ashgabat, por primera vez– se quedaban sin palabras. Sin ninguna exageración. Nos quedamos impresionados muchísimo. Sólo se escuchaban las exclamaciones: ¡Wow! ¡Impresionante! ¡Maravilloso! Más tarde supimos que hace poco Ashgabat –siendo la ciudad con el mayor número de edificios, decorados con mármol blanco– incluso ha sido inscrito en el Libro Guiness de los Récords. Ahora en Ashgabat 543 nuevos edificios revestidos con mármol blanco, el área total es de unos cuatro millones 500 mil metros cuadrados.

...Nuestro conductor rascó la cabeza: ¿qué haría? En este momento él ya sabía quiénes éramos: los invitados de honor desde la capital belarusa, Minsk, y claro no nos podía dejar en la calle en una ciudad desconocida, sino que mostrar toda su hospitalidad y llevarnos a nuestro hotel, “Ashgabat”. Además de eso, ya era tiempo de ir a buscar a su esposa, la arquitecta. Nos preguntó si estábamos de acuerdo de irnos a buscarla juntos. Como ella conocía mejor la ciudad, podría ayudarnos a encontrar más rápidamente nuestro hotel. No nos quedaba la otra. No teníamos prisa y decidimos conocer la ciudad y al mismo tiempo aprovechar el tiempo para hablar con el conductor.


El hotel, “Ashgabat Myhmanhana”, es un moderno edificio de quince pisos situado en la parte occidental de la ciudad. Por allí cerca se encuentra el estadio municipal y el Palacio de la Boda, “Bagt Koshgi”.

Mientras estábamos hablando, ya él no nos parecía un turcomano... “Es cierto, soy armenio”, dijo. Mi nombre es Piotr. Vivo aquí durante mucho tiempo”, comenzó a sonreír. Es comprensible: una vez tomada la decisión, uno se pone más relajado. “Al ver su nariz típica, pensé que se parecía a un armenio, lo que le dije en seguida. Soy Valentina. La grabadora ya estaba prendida. Y ahora escribiendo este artículo, volvimos a oír la risa de Piotr Karapétov. Él nació en Ashgabat, creció, trabajó “en el sector del transporte” y no era conductor común, pues por el trabajo viajó por toda la antigua Unión Soviética. En varias ocasiones pasó por Belarús. En los años veinte del siglo pasado, sus padres se trasladaron a Turkmenistán desde Nagorny Karabaj. Hablando del conflicto –que sigue entre Armenia y Azerbaiyán por Nagorno-Karabaj– preguntamos con cuidado: ¿Los turcomanos toleran a las personas de otras nacionalidades?”

“No hay nacionalismo aquí”, respondió con seguridad Piotr. El anterior presidente, Turkmenbashi, tenía actitud bien definida a cualquier manifestación del nacionalismo. A propósito, su esposa era judía, y él era muy consciente de todos los problemas que trae a los pueblos la discordia nacional”. Nosotros recordamos la vecina en la relación con las consecuencias a las que llevan los problemas nacionales y lingüísticos. A propósito, Piotr Karapétov, aunque vive en Turkmenistán, está hablando el idioma ruso. El idioma armenio –su lengua materna– no lo conoce muy bien. A su vez, su esposa –aunque es también armenia– habla mejor el idioma turcomano.

A diferencia de otros jubilados, Piotr no está metido en la política, sino trata de prestar mucha atención a su salud, lee mucho y cuida su estado físico. Una vez en dos días corre siete kilómetros, hace gimnasia y trata de cumplir con todas las recomendaciones del famoso doctor, Sergey Bubnovsky, en cuanto a la alimentación. Bueno, todo esto le ayuda estar en buena forma y tener buena salud, así como tener aspecto de una persona mucho más joven, aunque tiene 75 años. A propósito, en Ashgabat hay muchos seguidores de un estilo de vida saludable. La ciudad tiene la así llamada “Senda de la Salud”. Se trata de un sendero único pavimentado de 36 kilómetros de largo, iluminada durante toda la noche, acomodada para caminar, entre las montañas, de un ancho de cinco metros, cuenta con un área de descanso. El Día Mundial de la Salud –que se celebra el 7 de abril– en la “Senda de la Salud” por tradición organizan subidas a la montaña. La vimos de regreso desde nuestra habitación iluminada por muchos bombillos.


La composición en forma de un poderoso toro –que sostiene en sus cuernos la Tierra partida — es una parte del monumento a la memoria de las víctimas del terremoto de Ashgabat en 1948

Hace falta señalar que las tradiciones nacionales en el país son fuertes: los enemigos de la salud como los cigarrillos y el alcohol no están aceptados en la cultura cotidiana. Más tarde vimos los ojos y las caras, así como el color de la piel sana de los jóvenes que asistían a la exposición. También las caras de los funcionarios, por así decirlo, no tienen ningún tipo de “huellas de los malos hábitos”, lo que se puede ver incluso en la televisión. En los días de nuestro viaje a Turkmenistán ampliamente y solemnemente, con la participación de los visitantes distinguidos de diferentes países, fue celebrado el 20° aniversario de la Neutralidad de Turkmenistán. A propósito, ver los programas de televisión, sin entender ni una palabra, es bastante curioso... En seguida comienzas a prestar atención a todos los detalles que por lo general están “escondidos” detrás del habla del presentador.

Recorriendo la ciudad, al principio con Piotr y luego con su esposa, Larisa, mujer amable y muy alegre, vimos cerca del Monumento de la Neutralidad iluminado con bombillos de diferentes colores, así como la Rueda de Observación más grande en el mundo, con cabinas cerradas en el centro cultural y de ocio, “Alem”, que también está inscrito en el Libro Guinness de los Récords... Además de eso, en Ashgabat hay un Monumento de la Independencia de Turkmenistán. También pasamos varias veces junto a un enorme Monumento al Termómetro, de unos quince metros, situado en el cruce de los caminos hasta que Piotr pudiera dar vuelta para ir al nuevo barrio. A su vez, su esposa, Larisa, al sentarse en el coche, de inmediato dijo que conocía donde estaba el nuevo hotel, “Ashgabat”. Ella junto con sus colegas arquitectos del Instituto de Diseño fue incluso el “representante del pueblo”, cuando el edificio fue inaugurado oficialmente. A propósito, ella aclaró, y luego lo confirmaron los reporteros de Ashgabat: ahora en la ciudad hay tantas nuevas obras bien originales, que casi todas las semanas se inaugura algo nuevo. Larisa varias veces hasta que nos acercamos al hotel al abrir la ventana comenzaba a preguntar en el idioma turcomano a la gente pasando en las aceras, dónde era mejor pasar y girar.


“La Senda de la Salud” de 36 kilómetros de largo –puesta en las montañas de Kopetdag– es uno de los atractivos más importantes de Turkmenistán. Está hecha de hormigón, iluminada, de cinco metros de ancho, cuenta con fuentes de agua potable.

Aquella noche de diciembre nos despedimos de nuestros nuevos amigos junto al hotel iluminado con muchas luces. Muy agradecidos por la aventura, damos a Piotr además de pagar diez manat (aproximadamente diez dólares en equivalente) una buena propina...

En busca de las trenzas y las zapatillas de “Hottabych”


Las búsquedas de algo en las narrativas y otros proyectos creativos no son nuevas para nada: buscan fósforos, como en la película, “Por los fósforos”, juntan los brindis en la película, “La Prisionera del Cáucaso”, o buscan el tesoro perdido en la novela, “La isla del tesoro”, o se puede acordar de los salvadores de la civilización de la serie, “Terminator”. También en nuestras notas de viajero fue tejida la trenza de la narrativa similar. ¡Estábamos buscando zapatillas! “Bordadas con puntas para arriba! Iguales a los del protagonista del cuento soviético de Lázaro Lagin, “El anciano Hottabych”, que amaban todos los adolescentes en la época soviética. ¡Y también el melón secado! Nos pidió traerlo nuestro gran amigo y nos gustaría mucho cumplir con este pedido. Pues sería toda una alegría y el honor para nosotros y esta razón resultó ser para nosotros de mucho agrado y en el camino hacia la meta hemos conocido a mucha gente maravillosa. Queríamos traer de la ciudad –que habíamos visitado en los años sesenta del siglo pasado, los días de nuestra juventud– esas zapatillas. En cuanto al melón secado en trenzas, logramos “contagiar” con nuestro deseo a todos los que conocimos. Y si uno podría ver cómo la gente –que habíamos preguntado sobre las zapatillas– se entusiasmaba y nos aconsejaba dónde pudiéramos encontrarlas. Qué nos perdone nuestro jefe, para nosotros eso fue toda una aventura, totalmente romántica. Estábamos sinceramente felices de que los turcomanos de la generación anterior se acordaban de Hottabych. Y también compartían sus recuerdos de los sueños de infancia sobre la alfombra voladora y la jarra mágica con la ginebra, que cumplía todos los deseos... Y es todo un milagro: como se vio después, nuestra “obsesión” de adquirir las zapatillas de ninguna manera afectó a nuestro trabajo, sino al contrario, ayudó a cumplirlo con calidad.


Estas zapatillas –cosidas en el estilo tradicional por las artesanas turcomanas– es toda una obra de arte popular. Las vimos en uno de los stands de la Feria Comercial Conjunta Belaruso-Turcomana.

Claro que contábamos con nuestro colega, Ales Karlyukévicha, director en jefe de mediaholding, “Editorial Zvezdá”, que representaba en la feria la parte belarusa, y sus amigos turcomanos. Y justo en el primer día de la exposición conocimos a su gran amigo, Kasim Nurbádov, traductor de obras belarusas al idioma turcomano. Durante la época soviética, él recordó, como visitó la ciudad belarusa de Gómel. Ahora Kasim trabaja en el colegio de la construcción. Tiene diez hijos, y su nuera más joven es muy inteligente: le falta poco para obtener el título de la candidata a doctora en ciencias, es especialista en Japón y es una mujer joven bien educada, sabe cuidar su relación con su suegra y muestra todo el respeto a los padres de su marido. En primer momento, nos pareció que por lo menos alguien de esta gran familia  debería saber, dónde podríamos comprar las zapatillas. Pero nadie nos pudo ayudar…

Preguntamos a los belarusos que antes habían estado en Ashgabat, así como a los residentes locales, incluyendo los taxistas, pero sin éxito. Pero supimos que este calzado exótico los mismos empresarios turcomanos se los traían del Oriente árabe, de Turquía y también de la India. Además de eso, nadie nunca vio estas zapatillas en la venta, pero la gente nos contó que las zapatillas se vendían antes en el mercado ruso. Según la tradición de muchos años, el centro comercial de Ashgabat, “Gulustan”, se lo llaman el mercado ruso. También nos contaron que toda una variedad de zapatillas –de fieltro, tela o piel– se podía comprar en un gran mercado de pulgas, Chigaldyk, pero eso era antes y ahora no hay...

Además de eso, queríamos adquirir una lámpara mágica con su ginebra, así como una alfombra voladora... Pero si hablamos en serio, el moderno Ashgabat no es una ciudad de los cuentos, “Las mil y una noches”. En adelante sigue el cuento que hemos puesto en nuestro cuaderno de notas el 9 de diciembre: “Para llegar a conocer la vida en esta ciudad desde el interior, no es suficiente recorrer Ashgabat de color blanco y dorado o caminar por sus palacios y tiendas. A propósito, aquí todos hablan muy bien el idioma ruso y es imposible perderse. Para conocer Ashgabat, sería bueno ir al mercado de pulgas y también visitar barrios antiguos. No pudimos visitar el mercado de pulgas, pues trabajaba justo los días de la exposición: en la víspera de la esperada visita del presidente de Belarús a Turkmenistán. Por lo tanto, los que vendrán después de nosotros, podrán tal vez visitar el mercado de las pulgas. A propósito, en la entrevista –que nos concedió amablemente la ministra de Información de Belarús, Líliya Anánich, (“Fortalece la amistad”, diario, “Voz de la Patria”, No. 47, 2015), se trata de viajes de prensa de periodistas belarusos a Turkmenistán). Son viajes muy reales.


Janet Mamédova, estudiante en la Universidad Nacional de Economía de Ashgabat, sabe bien dónde se encuentra Belarús. Pues su amiga estudia en la ciudad belarusa de Vítebsk.

En cuanto a las trenzas, en Ashgabat vimos a muchas jovencitas con arreglar su bonito cabellos de este modo. Las vimos en la exposición y también en las calles de la ciudad. Yo incluso pude hablar con una de las dueñas de la larga y hermosa trenza. Janet Mammédova es estudiante que de la Universidad Económica de Ashgabat. Conoce bien Belarús, pues su amiga vive en Vítebsk y a menudo pasa por la capital belarusa. Janet con ganas posaba para fotos y prometió ir a ver la exposición. A propósito, casi todas las chicas jóvenes en Ashgabat llevan una especie de gorros: en el idioma turcomano se llaman “tahuas”. A su vez, las mujeres casadas ponen “borik”: un turbante de forma de cono.

Estos gorros de los llevan también las mujeres funcionarias de rango alto, así como las científicas y actrices. Y las señoras mayores... Durante uno de nuestros paseos, una de las mujeres de la edad avanzada comenzó a mirarnos con mucho interés sentados a cuclillas sobre el parapeto de una tienda en el camino hacia el mercado ruso. Comenzamos a hablar con ella. Resultó ser Oraznabat Davlétova, jubilada, pero sigue trabajando, enseñando la biología en la escuela. Además de eso, se dedica al trenzado de paja. Nos invitó a pasar por su escuela para ver obras de sus alumnos, pero nosotros al agradecerla, postergamos esta visita y le aconsejamos acudir a la embajada de Belarús en Turkmenistán: tal vez allí le podrían ayudar a hacer una exposición conjunta belaruso-turcomana de obras de sus alumnos, una vez establecidos los contactos con chicos belarusos.

En el País de Flores y la Primavera


A pesar de todo pudimos pasar por el mercado ruso. Y fácilmente encontramos allí el melón secado “Vakharmánskaya” cultivado en el municipio de Tychensk, en el idioma turcomano “velayate”. Ahora el melón secado se vende en forma de cubos que pesan un poco más de una libra, envuelto en papel de celofán. Además de eso, vimos el melón en chocolate. Las trenzas largas, nos dijeron los vendedores jóvenes, ya no las hacen, tal vez, en algunos pueblos se puede conseguirlo... A su vez, las muchachas turcomanas –alumnas y estudiantes– son fieles a la tradición de muchos años: siguen haciendo trenzas de pelo y ponen gorros típicos. Hicimos foto de un vendedor de melones y frutos secos. También el otro vendedor se animó mucho al enterar que somos belarusos. Dijo que pronto se va a la sesión a Moguiliov: está estudiando a distancia en el colegio de comercio y no quiso hacer foto. A su vez, una señora muy típica –que estaba vendiendo verduras y hierbas frescas– permitió sacar su foto sin problemas. Ella al oír que nos gustaría conocer el significado de la palabra “Gulustan”, se metió en nuestra conversación con los cargadores, que nos dijeron que así se llama el centro comercial. Todo se explica muy sencillo: “stan” es el país y “gul” significa flores. Hace falta señalar que en el mercado ruso vimos también productos belarusos: leche condensada de Glubókoye, el azúcar de Gorodeya, los conservas de carne de Berioza y las latas fabricadas en la empresa, “Santa Braemar”, de Brest. Además de eso, conocimos al vendedor Devrán que vende más de seis meses los víveres belarusos traídos por la Casa de Comercio Turcomano-Belarusa.


En el centro comercial, “Gulustan” (País de Flores) se venden productos belarusos. De la venta se ocupa, en particular, el empresario, Devrán.

De regreso al hotel, nos costó mucho conseguir un taxi. Finalmente se detuvo un chico joven con un pasajero en el asiento trasero. Resultó que íbamos casi al mismo lugar. Nos presentamos. Cuando Bakhar (“primavera” en la traducción del idioma turcomano, era el nombre de nuestra compañera de viaje) supo quién éramos y de dónde, con mucho orgullo dijo que junto con otras floristas –empleadas de un enorme complejo de invernaderos– acabó de hacer de rosas blancas y rojas las hermosas ofrendas florales. Es el pedido encargado para la delegación belarusa... Al día siguiente, por la noche vimos el reportaje de televisión cómo el mandatario de Belarús visitó el complejo, “Memoria de la gente”, y depositó una ofrenda floral en el monumento a los caídos en la Segunda Guerra Mundial. La ofrenda de flores –hecha por Bakhar y sus compañeras– era muy grande y muy hermosa.

Varias horas antes de la inauguración de la exposición, visitamos todos los stands de Belarús y Turkmenistán. Volvimos a buscar las zapatillas... Había un montón de cosas traídas desde Belarús: alimentos, muebles, estufas de gas, tapizados para paredes, juguetes... En la calle estaban camiones, grúas, aviones no tripulados, incluso tractores destinados para recoger el algodón. Junto al stand del Ministerio de Educación estuvo el stand del Ministerio de Información. Durante tres días muchos jóvenes de Ashgabat visitaron nuestros stands y mostraron su enorme interés hacia el sistema educativo de Belarús. Oímos muchas preguntas en cuanto a los detalles sobre las condiciones de admisión a los colegios y universidades belarusas. Las personas adultas visitaron a nuestro stand para ver los libros publicados en la “Editorial “Zvezdá”, la editorial, “Enciclopedia Belarusa Petrús Brovka”, “Educación Popular”. A propósito, en Turkmenistán, los libros gozan de mucha popularidad, y los mismos turcomanos se posicionan como una nación que lee mucho. Mucha gente nos preguntaba si vendemos libros. Los profesores querían comprar la literatura metódica, los padres querían adquirir los cuentos de hadas para sus pequeños, amas de casa preguntaban sobre los libros con recetas de platos típicos belarusos. Por lo tanto, las tarjetas postales con recetas de tortillas de papas “drániki” (plato nacional belaruso — Aut.) se vendieron el primer día de la exposición. A propósito, para la exposición fue preparado una edición especial de la revista, “Belarús”, dedicado a la cooperación entre Belarús y Turkmenistán. En sus páginas fueron presentadas las publicaciones sobre el encuentro en Minsk de los presidentes, Alexander Lukashenko y Gurbanguly Berdymukhamédov, la construcción de la planta de minería y procesamiento de Garlyk, así como el artículo sobre la participación de turcomanos en la reconstrucción de Minsk después de la Segunda Guerra Mundial y el material dedicado a una joven bailarina desde Ashgabat, Pervana Myrádova, que recientemente ha sido aceptada a la compañía de ballet del Teatro Bolshoi de Belarús...


En el día de apertura de la Feria Comercial Conjunta Belaruso-Turcomana, en el Palacio de Exposiciones, “Sergi Koshgi”, actuó el famoso grupo artístico desde Belarús, “Pesnyary”. Las jovencitas turcomanas con mucho entusiasmo hacían fotos con sus integrantes.

Fue muy agradable poder regalar nuestra revista a los visitantes de la exposición, sabiendo que ellos van a poder leer sobre muchas cosas muy interesantes. Igualmente agradable fue ver al mandatario belaruso, que junto con los amigos turcomanos se detuvo junto a nuestro stand. Aquí mismo la ministra de Información de Belarús, Líliya Anánich, presentó al viceprimer ministro de Turkmenistán el libro de Gurbanguly Berdymukhamédov, publicado en el marco del programa de publicaciones del Ministerio de Información de Belarús en el idioma belaruso. En el libro el líder de Turkmenistán cuenta sobre su abuelo, maestro popular.

En la exposición turcomana vimos los stands con toda una variedad de obsequios: productos de piedra, alfombras, joyas, imanes con vistas Ashgabat y sus famosos caballos, el orgullo del pueblo turcomano. Además de eso, probamos el sabroso “ayran” (bebida láctea típica turcomana — Aut,) y el té de hierbas de la montaña y compramos nueces con miel. En un local vimos el melón seco en forma de trenzas. Pero el vendedor de al lado dijo que los vendedores, al parecer apicultores, no venían a vender: seguramente algo había sucedido. En otros días de la exposición tampoco estaban vendiendo.


En la Feria Comercial Conjunta Belaruso-Turcomana, en el Palacio de Exposiciones, “Sergi Koshgi”, de gran popularidad gozaban los stands del Ministerio de Educación y algunas universidades belarusas. La educación superior y especial –obtenida en el país hermano– está apreciada en Turkmenistán, y los padres están dispuestos a mandar a sus hijos para que estudien en Belarús.

En uno de los stands –que venden alfombras y otros productos hechos por artesanos locales– vimos pequeñas zapatillas de fieltro con puntas curvadas para arriba bordadas con brillantes cintas. Nos pusimos muy alegres y pedimos que nos hicieran grandes. La artesana se las hecho para el día siguiente. Aunque las zapatillas parecían muy poco a las de Hottabych, pero fueron adornadas con una cinta que se llama “aldzhala”, que los turcomanos consideran la guardiana de la envidia y el mal de ojo.

Además de eso, conocimos a Batyr Merédov, un joven humilde que, como conocimos después, estudió en Brest y se casó con una belarusa, María. A su vez, su hermano vive y trabaja en la ciudad de Baránovichi.

Es verdad que el mundo es maravilloso, es todo un pañuelo. En muchas ocasiones nosotros nos convencíamos en sus viajes que en todas partes se puede conocer a la gente que de alguna manera sigue manteniendo lazos con Belarús. Y cuando nuestros paisanos comienzan a contar con entusiasmo sobre nuestra tierra, nos sentimos muy orgullosos. Así que pensamos seguir contando más sobre divinos encuentros en la capital de Turkmenistán, Ashgabat.

Iván y Valentina Zhdanóvich

Minsk-Ashgabat-Minsk
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