Enseñar para él es como respirar

Vladímir Perlin es el director artístico y director titular de la Orquesta del gimnasio-colegio Musical de la Academia de Música de Belarús, artista emérito de la República de Belarús, sabe cuál importancia tiene la música para la gente
Vladímir Perlin es el director artístico y director titular de la Orquesta del gimnasio-colegio Musical de la Academia de Música de Belarús, artista emérito de la República de Belarús, sabe cuál importancia tiene la música para la gente 


 Vladímir Perlin también es el profesor de violonchelo. Es uno de esos maestros, que tiene su propio estilo de enseñar. En las clases él lee poemas, bromea y la materia musical –que a veces es muy difícil aprender– se convierte en algo sencillo y, por tanto, comprensible para sus alumnos. Además de eso, he oído hablar que él tiene un talento notable para descubrir habilidades artísticas de sus alumnos que luego con orgullo llevan el alto título del “artista de la orquesta”. Una vez asistí a una de sus actuaciones. Recuerdo que entonces me quedé muy sorprendido, cómo los músicos jóvenes subían al escenario sin demorar, bien rápido, e interpretaban sus partidos al nivel muy profesional. A mí me parecía que ellos vivieran en las imágenes creadas por la misma música. Los cuerpos y rostros de los jóvenes artistas como si siguieran su ritmo. Todo era muy elegante y orgánico. Es cierto, los expertos en arte musical con razón mencionan el método muy específico de enseñar de Vladímir Perlin. A su vez, los periodistas muy a menudo repiten su frase favorita: “Es poco tomar un arco en sus manos, es necesario poder extraer del mismo los sonidos como si fuera un toque de amor...” Pero como se dice es mejor una vez ver que cien veces oír. Para hacerlo me dirijo al gimnasio-colegio para conocer el “estilo artístico” del reconocido maestro. Como se sabe, los secretos de la “cocina” es mejor conocer en la misma cocina. 

Aquel día Vladímir Perlin tuvo un ensayo. Los alumnos estaban preparándose para un concierto-prueba de los laureados y becarios del Fondo Especial del Presidente de Belarús de Apoyo a los Jóvenes con Talento, dedicado al vigésimo aniversario de la institución. 

Cuando abrí la puerta del aula, el señor Vladímir estaba con las manos levantadas hacia el cielo recitando una poesía. Con el gesto de su cabeza me invitó a entrar. Sus alumnos se lo escuchaban con la admiración bien notoria y con la boca abierta. Entonces el maestro hizo movimiento con la batuta y comenzó a sonar la música, que de repente paró. El maestro se puso un poco enojado: “Ustedes interpretan, pero no viven. ¿Dónde están sus ojos? ¿Por qué no veo, cómo tiembla todo su cuerpo?” Y volvió a citar líneas poéticas de alguien.... Y comenzó a bromear. Y todo el mundo se echó a reír. Yo también, pues era imposible contenerme: sus bromas me venían muy a gusto. Luego el señor Vladímir comenzó a contar sobre la guerra, cuyo testigo fue. Sonaron nuevamente aquellos primeros acordes. Pero ellos ya eran distintos: la música interpretada por sus alumnos como si cobrara la vida llena de diferentes sentimientos, y yo incluso pensé que en unos momentos las imágenes musicales podrían ser visibles. 

Ese día, en el ensayo, pude percibir la música como una especie de sustancia que existía en un mundo aparte, en un mundo invisible, pero palpable casi físicamente y capaz de tocar el alma humana. Aquí, pensé yo, estaba el secreto de la música tocada por Vladímir Perlin. Es por eso que está haciendo todo lo posible para que sus alumnos también puedan conocer toda su magia y llevarla a la audiencia. Tengo presente en mi mente un ejemplo con el sobrino-nieto del reconocido escritor belaruso, Vladímir Korotkévich, Vladímir Sinkévich, que con el paso del tiempo se ha convertido en uno de los mejores violonchelistas del mundo. Ahora él de vez en cuando viene a Minsk y organiza talleres. Pero hubo un momento, cuando sus padres querían sacar a su hijo del gimnasio-colegio para que, según ellos, no atormentara a los profesores ni a sí mismo. Exactamente dos años más tarde el chico estaba tocando en la iglesia de San Roque en Minsk. Así que en su actividad pedagógica hay muchos ejemplos similares. 

Originalidad y maestría siempre acompaña a los alumnos de Vladímir Perlin 

Esta vez he observado, como Vladímir Perlin no quiere que sus alumnos se vayan a comer, y qué él pierda el tiempo concediéndome esta entrevista. Yo me daba cuenta de que todavía estaba allí, en el mundo de sonido armoniosos e imágenes musicales.... 

— Vladímir Pávlovich, he leído en repetidas ocasiones en la prensa que usted odiaba el violonchelo, cuando joven, y que amaba deportes. ¿Cómo salió que hoy usted es no sólo el músico excelente, sino también el gran maestro de renombre internacional? 

— Es cierto, yo era el campeón en natación en Belarús, maestro de los deportes y no pensaba dedicar mi vida a la música. Soñaba con convertirme en un tanquista, piloto, Héroe de la antigua Unión Soviética, realizar hazañas. En cambio, mi madre me inscribió en una escuela de música del conservatorio, donde uno tuvo que estudiar durante diez años. Eso fue en el 1949. Sólo más tarde me enteré de que ella lo hizo en memoria de su padre, quien fue el primer director de esta institución en 1935 y el primer profesor de violonchelo. A mi abuelo se lo quemaron junto a mi abuela que entonces, en 1941, tenía sólo treinta y nueve años... 

Es cierto, yo odiaba el violonchelo. Pero luego en mi vida musical apareció el profesor que me abrió los ojos a la música y al papel que la misma jugaba en la vida. Alexander Pávlovich Stogorsky fue un excelente violonchelista y pedagogo... Cuando cumplió siete años, comenzó la guerra civil. No pudo terminar la escuela en 1917. “¿Cómo estudiaba?”, preguntaría usted. ¡Solo! ¡Es una auto-educación! Así que, como antes, me despierto a las cinco de la mañana y me voy a la cama a media noche para lograr hacer todo. 

— Además de eso, de usted –la persona que en muchos países tuvo conciertos y talleres y muchas veces tocó en una recepción ofrecida por la reina inglesa, Elizabeth– hablan como del mejor de los mejores. ¿Es agradable saberlo? 

— Es una estupidez absoluta pensarlo así de sí mismo. No con la palabra, sino con un instrumento musical uno tiene que mostrar cómo es. Y hay que alabar lo que hace una persona. Pues es una tentación grande. En realidad, yo nunca pido que me incluyan en conciertos, me inviten a realizar giras, escriban artículos de mí y hagan películas. Pero la gente me busca. Estoy ansioso por traer felicidad y alegría al mundo tras tener mis habilidades. 

Ensayo en el gimnasio-colegio

— ¿Qué le parece, el amor por el arte se hereda? 

— Oh, ahora está de moda hablar de los genes y la herencia de una u otra cualidad, incluyendo el amor por el arte y talento… Claro que eso existe. Por ejemplo, mi madre a los siete años de edad compuso una ópera. A su vez, mi abuelo, como he contado, fue el fundador del templo de la música…. Pero no es suficiente tener don e incluso un talento para, digamos, con un violonchelo en sus manos conquistar el amor del público. Es imposible hacerlo sólo teniendo buena técnica de tocar. El alma es una sustancia muy frágil que es imposible tocarla... Un músico podría impresionar al público con su alma, que tiembla en el momento de tocar una u otra composición musical. ¡Es necesario prender su propia alma! ¡Suya! Entonces la música impresionará el alma de los oyentes y entonces no será interpretada de modo formal. Todos los días me lo doy cuenta y lo enseño a mis alumnos. Pues ellos tienen que aprender mucho más cosas, no sólo la alfabetización musical. Su riqueza mental debe ser reflejada en su actuación. Cuando mis alumnos no saben algo –lo que sucede a menudo– voy compartiendo mi experiencia con ellos y en primer lugar les enseño abrir sus corazones. Les doy ejemplos de la vida. Y les invito a conversar. Digamos, pido a alguien a cantar una canción popular. Pero, lamentablemente, ellos no pueden cantar ninguna, pues no conocen. Entonces comienzo a recitarles en voz alta las famosas obras de Lérmontov, Pushkin.... Me gustaría mucho que mis alumnos entiendan que los poemas de Lérmontov y Pushkin están relacionadas con el piano y el violonchelo al igual que un maestro que enseña a tocar instrumento musical a su alumno. Reitero que se puede interpretar la misma obra de manera muy diferente. Usted acaba de oír cómo se cambiaba el sonido, cuando los chicos no tocaban de modo formal. Considero mágico este modo de tocar. Y los chicos son siempre sinceros y van a encontrar una mejor manera de expresarse. Lo más importante es lograr sacar emociones de ellos... 

— Con este método, usted puede enseñar a tocar absolutamente a cualquier persona... 

— No, para nada. No puedo hacerlo solo. ¿Recuerda la famosa triada: estudiante, profesor, padres? Si algo no funciona en esta cadena, no saldrá nada. Tenía a un pequeño alumno. Lo llevaba a las clases su abuela. Todo iba bien. Pero una vez al aula entró corriendo una mujer muy enojada... Y yo este día tenía que grabar la clase. Tuvimos que parar. Resultó que era la madre del niño, a la que no le agradaba algo en nuestro proceso creativo. Ella pensaba que su hijo ya era un pequeño Mozart. Pero él tenía seguir trabajando duro. Y en un instante fueron arruinados todos nuestros esfuerzos como un castillo de naipes. Educar a un profesional del más alto nivel es como seguir el crecimiento de un árbol frutal. En primer lugar, hay que plantarlo. ¿Acaso un manzano crece muy rápido? No. Es necesario esperar cinco años como mínimo. Echar agua, abonarlo, vacunarlo, recortar ramitas. Así que cuando formo grupos de chicos, siempre pido que vengan padres, pues de ellos depende mucho. Tenemos que ser aliados. 

— ¿Hay algunas reglas de la enseñanza para que el talento del niño evolucione? 

— ¿Si el Dios nos da un don musical, quién sabría cómo cultivarlo? No hay ningunas reglas. Lo más importante es motivar a los chicos. Sé qué y cuándo hay que decir, cuándo bromear o cuándo criticar. Un profesor puede tener un temperamento diferente, pero lo más importante es amar su trabajo. Tengo setenta y tres años, pero voy corriendo a trabajar por mis alumnos. Necesito como respirar enseñarles y ver cada día sus ojos brillantes. ¿Acaso no sea una felicidad para un profesor? ¡Es increíble como el alma de un chico influencia en el estado de ánimo! Si ustedes tienen niños, me entienden. ¡Es una medicina contra todas las enfermedades! Amo a mis alumnos y ellos me quieren a mí. Eso se pone muy notorio, cuando alguien viene a mi clase. No hay que ofender o engañar a un niño, hay que amarlo y tener mucha paciencia. En otras palabras, prepararlo para la vida profesional, así como para la vida en general. Si usted alimenta al niño sólo con pasteles, es decir, sólo diciéndole una alabanza, no le crecerá nada bueno. Crecerá un pavo orgulloso. Claro que a veces puedo ofender sin intención a alguien. Entonces sufro mucho y me siento muy mal. Yo soy mi propio juez, y es más, muy estricto. Cuando la inspiración se me va, dejaré inmediatamente trabajar con los niños. 

— ¿Cómo selecciona a los alumnos para tocar en la orquesta del gimnasio-colegio? 

— ¿Ha visto cuánta gente vino hoy a ensayar? Se necesitaban sólo quince personas. Por supuesto, me agrada mucho de que me vienen tantas. Pero entre ellas estoy buscando a los “idiotas”, para los que la música sea todo, su mundo, que luego ellos querrán regalarla a otra gente y hacer todo lo posible para que penetre en los almas humanas y las enriquezca, para que la vida alrededor de nosotros sea más limpia, para que hayan menos criminales y la policía no tenga trabajo. Necesito a los entusiastas que no van a trabajar sólo por el dinero. Estoy convencido de que este tipo de profesionales apasionados por la música serán demandados en todo el mundo. Y seguramente van a obtener su reconocimiento. Hay muchos de estos ejemplos. 

— ¿Y cómo reconoce el talento de un niño? 

— Tal vez, en este caso podría afirmar que tengo una intuición. Por la naturaleza soy un fisonomista. E incluso puedo decir qué alumnos tendrán éxito y tocarán obras clásicas aunque todo el mundo asegura que ellos deben dejar estudios. 

— ¿Por qué, en su opinión, la música clásica sigue viva? 

— Pues la música clásica da una catarsis y un shock. El reconocido actor de teatro y cine de Rusia, Valentín Gaft, una vez dijo lo siguiente. Voy a citar su poema: 

El arco se acerca al alma, 

Apenas toca el violonchelo, 

O apenas toca el violín, 

Es un momento sagrado y no hay que pecar! 

El alma anhela la pureza, 

En aquel sonido está el eco de nuestros tormentos, 

El arte es como quien toca! 

Cuando hay una cuerda esa, 

También hay manos y la inspiración, 

Hay música y en la misma la salvación, 

Allí hay verdad desnuda, 

Que no está afectada por las palabras, 

Y uno quiere amar y vivir, 

Entregando todo y perdonando todo. 

A veces nos sucede. 

— ¿Cómo hacerla popular la música clásica para que los jóvenes de hoy día puedan nombrar de inmediato al autor, digamos, de las famosas “Temporadas del Año”? Pues no es ningún secreto que muchos niños aprenden acerca de la existencia de la música clásica de la publicidad en la televisión o la radio... 

— Bueno, la música clásica ha sido siempre un lujo. Ella es para las personas de un cierto nivel de cultura. Pero esto no quiere decir que está destinada sólo para ellas. Es necesario más a menudo hablar de ella, escribir de ella e interpretarla... Pero nosotros, los músicos, podemos hacer el mundo un poco mejor por decirlo así, indirectamente, transmitiendo imágenes sonoras. Entonces vendrá el Ángel-guardián y nos salvará. Yo creo en esto. Por lo tanto, estoy tocando y enseñando este maravilloso arte a los demás. Tengo una idea de hacer una representación para los niños de la edad de jardín de infancia en el Teatro de Joven Espectador de Minsk. Estoy seguro de que les encantará. Voy a decir sin falsa modestia que mis conciertos son todo un éxito taquillero y no es fácil conseguir entradas. La gente se va de los conciertos con lágrimas en los ojos. Así que debemos hablar más a menudos de que tenemos un milagro: producto de lujo de la clase mundial. 


— ¿Y cuál es el criterio de nivel mundial? 

— Es la demanda. ¡Usted no podrá asistir un concierto –ofrecido por la Orquesta Filarmónica de Viena Strauss– si no reserva la entrada dos años antes! Muchos músicos –demandados en el mundo– son nuestros graduados. Por ejemplo, Iván Karizna, ganador del Concurso Internacional Piotr Ilich Chaikovski. Además de eso, en 2010, él salió a la final del concurso clásico, “Eurovisión”. A su vez, Andrei Ponochevny ganó numerosos concursos internacionales de la música. Artiom Shishkov es el ganador de quince concursos internacionales. El famoso violonchelista, Vladímir Sinkévich, de que ya he contado, ganó el concurso en Corea, donde nunca ha participado ningún eslavo. Podría seguir esta lista sin cesar... 

— ¿Se arrepiente de algo en su vida? 

— Es que muy tarde he conocido a mi profesor, Alexander Pávlovich Stogorsky. Diecisiete años de mi vida no fueron tan fructíferos como podrían ser. Además de eso, lamento mucho que la mitad de mi vida yo fui un ateo convencido. 

— ¿Cuál fue la razón para cambiar su visión de la vida y si le ayuda la fe a superar los desafíos de la vida? 

— Cuando tenía 54 años, tuve problemas con mi brazo: podrían amputarlo. Un día, me enteré de una abuelita que curaba con la oración. Yo pensé que no sería peor y fui a verla. Entré en su casa y vi las velas por todas partes, haciendo un ruido. La abuelita me dijo: “Ay, mi querido, sólo ayudo a los creyentes. Mira que pasa con las velas”. Salí en mal humor y pensé para que había venido hasta aquí... Pero vi entrando a otras personas y las velas sin hacer un ruido mínimo. Pero en cuanto metía mi cabeza en la puerta, las velas comenzaban a hacer un ruido. Decidí pasar por la iglesia más cercana. Pedí a mi esposa que me acompañara. Recuerdo que me reía mucho mientras me bautizaban. Volví a pasar por la casa de la abuelita y las velas ya no hacían ningún ruido. ¿Qué le parece? Es más, mi brazo fue salvado. Años más tarde, cuando yo tomé una decisión bien consciente de bautizarme en la iglesia, me dijeron que ya no podía hacerlo y que era así mi camino en la vida. Entonces conocí a muchas personas creyentes, que más tarde resultaron ser sanadores. Gracias a la fe, me di cuenta de que ser un verdadero creyente y amar a nuestro prójimo, no con palabras sino con hechos, esto es una gran hazaña, que una persona puede hacer en su vida. 

Alisa Krasóvskaya 

A propósito

En 2003, por la decisión del Gobierno de Francia, Vladímir Perlin fue galardonado con la Orden, “Palmas Académicas”. Hace falta señalar que es el máximo galardón francés jamás entregado a un belaruso. Las insignias de la Orden, “Palmas Académicas”, se las estableció Napoleón I en 1808. Actualmente la orden se otorga a los franceses que viven en el exterior, así como a los ciudadanos extranjeros, que hacen una contribución significativa a la promoción de la cultura francesa en el mundo. Los caballeros y comandantes de las “Palmas Académicas” son miembros de la Asociación de los Caballeros de la Orden de las Palmas Académicas, que es auspiciada por el Ministerio de Educación de Francia. Vladímir Perlin fue galardonado como “un músico sin igual no sólo por el dominio de la técnica y el arte de tocar el violonchelo, sino también por su gran talento de enseñar”. Durante muchos años, por iniciativa de Vladímir Perlin y músicos franceses reconocidos en Belarús –el violonchelista, Jerome Perno, y el pianista, Jerome Ducros– se está desarrollando la colaboración creativa entre el colegio de Minsk con el conservatorio del XVIII distrito de París y el Conservatorio Nacional Superior de Música y Baile de París. 
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