El Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Belarús en Rusia, Igor Petrishenko: “No reescribimos la historia, la creamos”

Cada año, decenas de delegaciones rusas visitan Belarús y viceversa

— Señor embajador, ¿los foros de regiones cumplen con las expectativas de nuestros agricultores, industriales? ¿Cómo evalúa usted el nivel tan intenso de la cooperación interregional?


— Parafraseando a Saint-Exupéry: “Si la intensidad de los contactos crece, entonces alguien lo necesita”. Cada año, decenas de delegaciones rusas visitan Belarús y viceversa. Por nuestro ya han pasado los representantes de todas las regiones de Rusia.

El presidente de Belarús, Alexander Lukashenko, ha dicho en repetidas ocasiones que en gran parte debido a las relaciones interregionales se logró mantener y fortalecer el potencial de la interacción intergubernamental entre Belarús y Rusia. A propósito, el mandatario belaruso recibe personalmente a todos los líderes de las regiones rusas durante sus visitas a Belarús.

Lo que dice mucho.

El Primer Foro de las Regiones –celebrada en junio de 2014 en Minsk– fue dedicado al desarrollo de complejos agroindustriales. En el Segundo Foro de las Regiones –celebrado en septiembre de 2015 en Sochi– fueron abordados temas de política industrial de la Unión de dos Estados y en el marco del Tercer Foro de las Regiones –que tendrá lugar en nuestra capital– está previsto analizar los problemas de la aplicación de la política social y económica.

No hay duda que los foros cumplen con las expectativas de los líderes de las regiones y los directores de las empresas. Por ejemplo, en resultado de la reunión –que tuvo lugar en Sochi el año pasado- fueron firmados doscientos contratos por un monto de decenas de millones de dólares norteamericanos. Pero eso es, por así decirlo, el efecto “inmediato”.

Pero también es importante lo que no se puede ser evaluado en los números. Los foros es un catalizador para el desarrollo de contactos directos entre las regiones y las comunidades empresariales de nuestros países, lo cual es muy importante durante la creciente competencia en los mercados mundiales.

Hoy en día, Belarús tiene directas relaciones comerciales y económicas casi con todas las regiones de la Federación de Rusia, incluyendo más de 60 acuerdos directos sobre la cooperación a largo plazo. A propósito, ya es una tradición de celebrar en los foros los nuevos acuerdos y contratos de cooperación.

Las ciudades y provincias belarusas y rusas están unidas por doscientos tratados, acuerdos, protocolos de cooperación en la esfera económica, científico-tecnológica, comercial y cultural. Lo que funciona de manera muy eficiente.

Casi en cuarenta regiones de Rusia fueron creadas en torno a 80 plantas de ensamblaje. En la Unión de dos Estados operan más de doscientas entidades de la red de distribución con la participación del capital belaruso y con el capital ruso más de tres mil. La cooperación industrial une a más de ocho mil empresas belarusas y rusas, operan más de un millar de empresas conjuntas. Todo esto funciona en gran medida gracias a las relaciones interregionales.

¿Si se cumplen las expectativas?

Tal vez, a nosotros nos gustaría tener aún mayores ritmos. Pero lo más importante es que hay un progreso constante. Esperamos seguir teniendo comunes perspectivas específicas del ulterior desarrollo de la Unión de dos Estados, así como ampliar y fortalecer relaciones interregionales.

— Es la pregunta para usted como un diplomático de alto rango: en poco tiempo –el 25 de junio– La República de Belarús y la Federación de Rusia van a celebrar el aniversario número 24 del establecimiento de relaciones diplomáticas entre dos países soberanos. Durante 20 años estamos construyendo la Unión de dos Estados. ¿Qué nos podría hacer sentirnos orgullosos, y que aún no ha sido hecho? ¿Cuáles son los argumentos para convencer a los belarusos y rusos en la necesidad de un mayor desarrollo de nuestra integración?

— Creo que los belarusos y los rusos no tienen que buscar argumentos adicionales para estar seguros de la necesidad de nuestra integración. Hoy en día, en cualquier empresa industrial o agrícola, en cualquier familia belarusa o rusa mejor que cualquier diplomático se les contarán todos pro y contra de la integración. Y obligatoriamente señalarán que no todo se mide en toneladas y metros cúbicos. En 20 años de trabajar juntos fue creado un espacio humanitario, social y económico común desde Brest hasta Vladivostok, sin fronteras y mucha burocracia. En toda su extensión los belarusos y rusos tienen los mismos derechos en los ámbitos de la educación, la seguridad social, la medicina y la adquisición de bienes, y el emprendimiento de negocios. Yo creo que no sólo en Europa, sino también en todo el mundo no hay otro ejemplo de la amistad tan profunda y una integración más estrecha que existe a esta altura entre nuestros pueblos y países.

Pero vamos a analizar este tema algo común de un modo diferente: ¿Qué tendríamos, si no hubiéramos creado la Unión de dos Estados?

Estoy seguro de que nunca tendríamos iguales derechos. Pero tendríamos la frontera con todas sus consecuencias: una molestia para los ciudadanos que la cruzan. En este sentido, hubiéramos sido ajenos a pesar del hecho de que los belarusos y los rusos se consideran países hermanos.

No tendríamos lazos económicos muy estrechos. A su vez, Belarús nunca sería el quinto socio comercial más importante de la Federación de Rusia. Y es poco probable que en los tractores, cosechadoras y camiones belarusos la mitad del costo comprendan las partes rusas, lo que se llama la cooperación industrial. Nuestros productos –belaruso-rusos– tendrían costo más alto. Además de eso, tendríamos más barreras en el comercio.

También en la dirección hacia el oeste, Rusia tendría que crear una agrupación militar de gran alcance, y los belarusos, respectivamente, deberían solucionar a solas el problema de la seguridad militar. Y como consecuencia sería más costosa la protección de las fronteras exteriores.

¿Acaso fuera tan unánime el apoyo en los escenarios internacionales más importantes: en las Naciones Unidas, la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa?

Así que creo que en muchos aspectos las expectativas de nuestros pueblos se han cumplido. Pero, al mismo tiempo, es necesario decir bien abiertamente que en casi todas las áreas de la cooperación tenemos reservas y el potencial poco aprovechado.

Tomemos el sector económico. Necesitamos aplicar una política industrial común. Necesitamos tener una coordinación más estrecha en el complejo agrícola y el sector del transporte. Hablamos mucho de los productos de alto contenido tecnológico. ¿Por qué no ir a los mercados de terceros países con un conjunto producto bajo la marca, “Producto de la Unión de dos Estados de Belarús y Rusia”? Todavía hay obstáculos a la libre circulación de mercancías, el acceso a la contratación pública y al pedido estatal de defensa.

Tampoco todos los temas están solucionados en cuanto a la garantía de la igualdad de derechos de los ciudadanos de los dos países. Los temas conceptuales ya los tenemos resueltos, pero de cualquier modo quedan algunos. Por ejemplo, el tema del reconocimiento de las historias clínicas y los certificados y así sucesivamente.

Así que hay en qué trabajar y qué mejorar.

— El monto del intercambio comercial entre nuestros países en 2015 disminuyó significativamente. ¿Cómo cree, la intensificación de la cooperación interregional pueda influenciar en el cambio de la situación para mejor?

— Por alguna razón creo que los que llegarán al Tercer Foro de las Regiones de Belarús y Rusia no lo dudan para nada. Pero si hablamos muy seriamente, cabe señalar que los belarusos y los rusos ya se dan cuenta: a la vanguardia de nuestros problemas comunes están en su mayoría los problemas internacionales, incluyendo las políticas de sanciones y la crisis en el mercado del petróleo.

Entre las causas internas de la reducción de volumen del comercio me gustaría destacar la disminución en la demanda de los consumidores debido al crecimiento de los precios al por menor y los ingresos de la población, el empeoramiento de las condiciones de crédito en vista del aumento de los riesgos, así como las diferencias de cambio causado por las fluctuaciones monetarias.

¿Qué podríamos hacer? Hay que decidir lo principal. Encontrar la solución del crecimiento del intercambio comercial que aproveche todas las ventajas de la integración, tanto en el marco de la Unión de dos Estados como la cooperación interregional. ¿Cuáles son? No crear problemas adicionales uno a otro en forma de restricciones en el suministro de bienes, así como llevar a cabo las políticas industriales y agrícolas coordinadas, esforzarnos por profundizar los lazos regionales con la obtención de resultado final. Ampliar la cooperación de producción, crear nuevas empresas de producción de ensamblaje y aumentar el nivel de la localización de las plantas ya existentes.

No es fácil, es verdad, pero no nos queda otra opción.

Muy a menudo viajo por las regiones rusas. En Moscú, sólo el año pasado y en el comienzo del año presente tuvieron lugar en torno a 40 reuniones con los líderes de las regiones, territorios y provincias de la Federación de Rusia. Me gustaría subrayar que este enfoque mío se lo apoyan todos mis colegas. De las personas en las regiones depende en mucho el establecimiento y desarrollo de contactos directos entre el productor y el consumidor final del producto. También en Belarús lo comprenden muy bien.

— Relativamente pequeña Belarús durante muchos años es el mayor socio comercial y económico de Rusia. ¿Los productos belarusos hoy en día logran competir en el mercado ruso? ¿Y cómo ahora interpretar el concepto de “productor nacional”: el belaruso para los rusos es “doméstico” o “extranjero”?

— Le dije que a menudo visito regiones rusas. Y no voy a negar, es agradable ver en las carreteras rusas nuestros camiones MAZ, en las canteras nuestros roqueros volquete BelAZ, en los campos nuestros tractores Belarus y nuestras cosechadoras Polesie, en las rutas de transporte de pasajeros autobuses y trolebuses fabricados en Belarús. Al parecer, los productos belarusos pueden resistir la competencia con dignidad. Creamos en las regiones rusas las casas de comercio y centros concesionarios de venta y mantenimiento de nuestra maquinaria. En las regiones rusas la demanda de nuestros equipos es consistentemente alta.

Habrá dinero y aumentarán las compras.

No voy a hablar mucho de nuestros productos: ellos gozan de mucha popularidad en Rusia, existe una demanda constante. Lo más importante es mantener un alto estándar de calidad y no olvidar del apoyo de información de las exportaciones belarusas (a que nuestras empresas exportadoras se dedican no muy activamente).

Pero aquí está el problema: si en el costo de los tractores belarusos hasta la mitad comprenden las partes rusas (sin contar el metal y el componente energético), también puede ser considerado como un producto ruso. O se trata de un producto “puramente belaruso”. La cooperación industrial profunda plantea seriamente la cuestión de lo que es un producto interno.

A propósito, la política de sanciones y medidas de sanciones de respuesta, que Rusia impuso en relación a Europa, actualizó la creación del concepto del “Producto de la Unión de dos Estados”, que he mencionado anteriormente. En este caso, tal vez sea más fácil de evitar algunas de las medidas de sanción por parte de terceros. Por ejemplo, usted ha oído las bromas sobre los camarones y ostras belarusas. Pero todo se explica bien sencillo. Belarús compra pescado y mariscos, que luego procesa. Y este producto procesado se convierte en el producto belaruso, cumpliendo con todas las reglas. ¿Por qué no considererarlo común?

Casi en todas las reuniones con los representantes de las regiones de Rusia, el presidente de Belarús llama a una política coordinada en el ámbito de la cooperación industrial y la creación de empresas mixtas para la producción de maquinaria. No quiere decir que el caso es insignificante. Voy a decir: vale la pena.

— Entre los temas del Tercer Foro de las Regiones de Belarús y Rusia es la cooperación humanitaria. Uno de los componentes más importantes es la “diplomacia popular” y los lazos culturales y de hermandad. En la opinión del jefe de la misión diplomática de Belarús en Rusia, ¿cómo se están desarrollando?

— El nivel de estas relaciones es extremadamente alto. Así que no hay nada más que añadir e inventar. Dios quiera que vamos a seguir manteniéndolo. Para los belarusos y los rusos, el término “diplomacia popular” es algo más que la interacción de las instituciones públicas, digamos, Belarús e Italia, Rusia y Francia. Nuestros pueblos se la perciben sólo como las relaciones fraternales y familiares.

Hoy en día, en el extranjero viven alrededor de tres millones de personas procedentes de Belarús, en Rusia más de 520 mil belarusos. En general, de acuerdo con diversas estimaciones, en la Federación de Rusia, viven en torno a un millón 200 mil personas que se consideran belarusos étnicos. Es la diáspora belarusa más grande en el mundo. Están registradas más de 70 organizaciones públicas de los belarusos (fraternidades, sociedades y centros culturales y educativos, asociaciones culturales nacionales) que participan en la creación de vínculos con los países de origen étnico, la preservación de las tradiciones nacionales, culturales y espirituales. Los estudios sociológicos de uno de los mayores centros de análisis independiente –el Centro Levada– registraron el año pasado “un récord en los últimos diez años de la actitud de los rusos a Belarús como al amigo más cercano”: en torno al 80 por ciento.

Ahora, me gustaría hablar sobre los lazos de hermandad. Las ciudades belarusas tienen relaciones con más de trescientas localidades de casi 40 países. De estas ciudades hermanadas son unas 140 ciudades rusas. Pero el tiempo y la situación están causando sus propios cambios en estas relaciones. En mi opinión, hoy en día, lo más importante en el desarrollo de las relaciones de las ciudades hermanadas y las ciudades asociadas debe ser el desarrollo de los proyectos económicos, de inversión, de innovación y sociales en el marco de este movimiento. Aquí hay un gran potencial sin explotar.

Además de eso, son bien prometedoras las áreas de la cooperación en las esferas de la educación, la cultura, el turismo, la salud pública, la política de la juventud y el deporte. Este trabajo a nivel de las ciudades debe (y puede) contribuir al desarrollo de todo el complejo de las relaciones entre nuestros países y convertirse en un catalizador para una mayor integración regional.

Sobre las relaciones culturales también se puede hablar mucho. La geografía y la profundidad de los contactos en esta esfera son muy grandes. Se están llevando a cabo muchos proyectos creativos conjuntos, se celebran docenas de diferentes festivales de arte, incluyendo el ampliamente conocido fuera de la Unión de dos Estados y celebrado cada año el “Bazar Eslavo en Vítebsk”, así como “Listapad” en Minsk y “Encuentros teatrales eslavos” en Gómel. En el pasado año tuvo lugar un festival belaruso-ruso en Rostov-on-Don, “Los jóvenes por la Unión de dos Estados”. Y muchas cosas más. En vísperas del Tercer Foro de las Regiones en Minsk está previsto celebrar los Días de Moscú con una agenda muy nutrida, incluyendo el variado programa cultural. En junio, en Moscú en el centro empresarial del complejo cultural de la Embajada de Belarús en Rusia tendrán lugar los Días de la Cultura de Belarús, “Estaciones Belarusas”. Es imposible contar de todos los eventos, pero me gustaría mencionar sólo una fecha. Este año se celebra el aniversario número 25 del Festival Internacional de las Artes, “Bazar Eslavo en Vítebsk”. Estoy seguro de que los belarusos y los rusos celebrarán a lo grande este evento.

Sin embargo, a pesar de las actividades de gran éxito –encaminadas al desarrollo de las relaciones culturales a nivel estatal– diría lo siguiente. Me gustaría que en el fortalecimiento de la cooperación en este campo más ampliamente estén involucradas las personas privadas. Es decir, las que llamamos los patrocinadores, representantes del negocio socialmente responsable.

— Uno de los temas más populares de hoy –en la víspera del 75° aniversario del comienzo de la Segunda Guerra Mundial– la preservación de nuestro patrimonio común y la memoria histórica común, que recientemente ha sido criticado mucho. ¿Qué podríamos oponer a los intentos de reescribir la historia y cómo proteger a los jóvenes de la influencia de las ideas de extremismo y el nacionalismo?

— Gracias por esta pregunta tan buena y muy relevante. Actualmente por desgracia hay una visión oportunista hacia el pasado. Estoy orgulloso de que mis compatriotas (la mayoría absoluta) tienen buena inmunidad a la amnesia histórica y no me avergüenzo en decirlo. Nosotros, los belarusos, tenemos importantes valores: la paz y la armonía en nuestros hogares. Todo el mundo sabe cuál es el precio de ello. Este tesoro lo valoramos y apreciamos mucho. En Belarús honramos a los héroes caídos en las batallas crueles de la Segunda Guerra Mundial, así como a los veteranos supervivientes. Los soldados de la Victoria –guerrilleros, clandestinos, trabajadores de retaguardia– están en el centro de la atención de nuestro Estado no sólo en días festivos. Los cuidamos constantemente y hemos solucionado todos sus problemas cotidianos. Por lo tanto el lema, “Nadie y nada está olvidado”, tiene para nosotros una gran importancia y no son palabras vanas. Desde las primeras clases tenemos guardados en nuestra mente los recuerdos “sobre los pueblos quemados” (Khatyn, Dalva... 619 localidades belarusas fueron quemadas por los alemanes nazis junto con sus habitantes), las inhumanas “fábricas de muerte” (en el territorio del país hubo unos 250 campos de prisioneros de guerra, 350 lugares de detención de civiles, 186 guetos judíos).

No tenemos ningún pueblito, donde no fuera puesto al menos un obelisco sencillo con una estrella roja. Tampoco en nuestro país hay entierros anónimos. Y este es uno de los mejores ejemplos y lecciones de la memoria histórica. Belarús cuenta con unos nueve mil monumentos y fosas comunes. Y todo está bien cuidado. ¿En qué país del mundo últimamente ha sido abierto el nuevo Museo de la Segunda Guerra Mundial? En ninguno, sólo en Belarús. Nuestro museo no tiene análogos en Europa. A su vez, las avenidas capitalinas de Zhúkov, Rokosovski y Pobediteley nunca cambiarán de nombre. Y el legendario tanque, “T-34”, seguirá permaneciendo en el podio en la calle Karl Marx, a cien metros de la Administración del Presidente de Belarús.

A este tema relevante se puede dedicar muchas reflexiones. Pero lo más importante es que no reescribimos los libros de texto y las lecciones de la historia, sino lo completamos sólo con hechos verificados. Esta es la garantía de que ningún extremismo o nacionalismo nunca eche raíces en nuestra querida tierra, y el resto del mundo debe aprender mucho de nosotros.

Nina Romanova

Moscú — Minsk
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