Doctor Esperanto

La misma casa del Doctor Esperanto, como se le llaman en todo el mundo, durante una década permaneció abandonada
Durante muchos años sólo una placa conmemorativa –puesta en la fachada de un edificio antiguo– recordaba de que el famoso creador del idioma esperanto, Ludwik Zamenhof, vivió en la ciudad belarusa de Grodno. La misma casa del Doctor Esperanto, como se le llaman en todo el mundo, durante una década permaneció abandonada. Hace dos años, el empresario local, Nikolai Shamin, tomó la decisión de detener la destrucción de la obra histórica. Al vecino de Grodno se le interesó mucho por el destino del hombre que vivió aquí. Después de la reconstrucción de la casa tanto como sea posible, manteniendo su autenticidad, Nikolai Shamin tiene la intención de inaugurar aquí la exposición dedicada al creador del idioma esperanto que sigue viva.

The house  of Ludwik Zamenhof in Grodno
La casa de Ludwik Zamenhof en Grodno

 Ludwik Zamenhof (en ruso su nombre era Lazar Markovich) nació en 1859 en la ciudad multinacional de Bialystok, que en ese momento era parte del Imperio Ruso. Su lengua materna se la creía el ruso, pero desde la infancia con fluidez hablaba también el polaco y el alemán y durante su vida aprendió ocho idiomas más. El ambiente familiar –en el que él crecía– aportó al desarrollo de sus capacidades lingüísticas. Su padre, Marcus Zamenhof, y su tío, Yósef, eran profesores de idiomas, expertos en literatura y políglotas.

Desde la edad muy temprana Ludwik soñaba con crear el idioma universal que comprendiera toda la gente para superar las diferencias entre los pueblos. A la creación del idioma universal Ludwik Zamenhof comenzó a dedicarse siendo un colegial y dedicó a este tema toda su vida.

En cada persoma yo veo sólo la persona y cada la aprecio según sus propias calidades y acciones. Algún ofensión o opresión del hombre yo considero como un gesto de barbarismo

Para que su sueño se hiciera realidad se necesitó no sólo tiempo, sino también mucha perseverancia: el cuaderno de Ludwik con primeros apuntes de trabajo sobre el idioma internacional su padre se lo quemó, diciendo que su hijo tendría que ocuparse de una verdadera obra y dejar de fantasear. Más tarde su talentoso hijo cursó estudios en dos universidades: en Varsovia y Moscú. Trabajó de oculista, pero nunca dejó su idea. Sus primeros apuntes el joven se los hizo para su cumpleaños número dieciocho. En 1885, Ludwik Zamenhof escribió un libro de texto y dos años más tarde publicó cuatro folletos en ruso, polaco, alemán y francés.

El señor Zamenhof obtuvo el seudónimo del Doctor Esperanto, lo que se traducía del idioma creado por el mismo como “Esperanzador”.  

Hace falta señalar que el nuevo idioma rápidamente se hizo popular. Ya en 1888, fue creada la primera Sociedad de Esperanto con su periódico mensual.

Por alguna razón el período inicial de la historia del esperanto se lo llaman el ruso, porque precisamente en el Imperio Ruso vivió la mayoría de sus portadores. Y la primera obra literaria –traducida al idioma esperanto– fue la novela de Alexander Pushkin, “Tormenta de nieve”. Cabe destacar que el idioma esperanto fue bien aceptado y promovido por las celebridades científicas y literarias de aquel tiempo, incluso por el reconocido escritor ruso de renombre mundial, Lev Tolstói. De Rusia el idioma popular pasó a Francia, y en agosto de 1905, aquí tuvo lugar el primer Congreso Mundial de Esperanto, que reunió a unos 700 esperantistas de 20 países del mundo.

En 1893, Ludwik Zamenhof junto con su familia se trasladó a la ciudad belarusa de Grodno. En el edificio –ubicado en una de las calles del casco histórico, donde el señor Zamenhof vivió durante cuatro años– él abrió su clínica privada en la que atendía como oculista y seguía trabajando sobre la obra más importante de su vida.

Es muy difícil contar cuánta gente en el mundo hoy en día habla el idioma esperanto. Según algunas estimaciones, son hasta 20 millones. A los congresos internacionales –que se celebran cada año– los asisten miles de participantes. Es posible que a los admiradores del idioma –que une representantes de diferentes países– algún día vengan a la ciudad belarusa de Grodno, donde se mantiene la memoria sobre el Doctor Esperanto.

Elena Semiónova
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