Cuando la primavera está en el corazón de uno

 El abril es un mes muy especial. Pues el mismo se asocia con la catástrofe sucedida en la central nuclear de Chernóbyl.
 El abril es un mes muy especial. Pues el mismo se asocia con la catástrofe sucedida en la central nuclear de Chernóbyl. Como solemos decir, el tiempo cura todas las heridas. Y es cierto. Pasaron casi treinta años desde el día, cuando el reactor nuclear explotó en las afueras de la ciudad ucraniana de Pripyat y cubrió con una nube peligrosa casi todo el territorio de Belarús. No fue posible evitar los efectos del desastre hecho por el hombre, o más bien, la radiación. En nuestra memoria para siempre han quedado grabados los nombres de las personas que murieron en abril de 1986 siendo fieles hasta el fin a su deber profesional. Tampoco debemos olvidar de los que unos años más tarde han comenzado a enfermarse tras la tragedia en la central nuclear de Chernóbyl



Pero la vida se arregló a pesar de los peores temores. Las personas se adaptaron a vivir en otras áreas más “limpias”, construyeron nuevas casas y obtuvieron ayuda del Estado. Así que con el paso del tiempo, las tierras “sucias” se hicieron más limpias: terminó el período de media destrucción de las partículas radiactivas que cayeron desde las nubes llegadas de Chernóbyl.

La tierra natal siempre será algo muy cercano a los que viven aquí desde hace mucho tiempo. Pero Belarús también acoge muy bien a todos los visitantes e incluso o a la gente que se ve obligada a buscar la paz y el asilo en otro país, es decir, a los refugiados.

Hace falta señalar que Belarús no tiene tradición de prestar asilo a refugiados. En el contexto de la actual crisis, muchos ciudadanos belarusos están dispuestos a recibir a refugiados que buscan de protección, así como muestran su solidaridad con ellos. Esto es encomiable, ya que implica la presencia de un amplio consenso social. Pero cuando se trata de dar cobijo a las personas según los normales estándares humanos, entonces no se trata sólo de un alojamiento para una noche. Es sumamente importante ser consciente de los retos que conlleva un creciente número de solicitantes de asilo. Esta información sirve como el punto de partida para entrevistar al Representante del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados en Belarús, Jean Yves Bouchardy.

Sobre la ayuda a las personas que buscan asilo –prestada por Belarús– los interesados pueden leerlo en el artículo, “Todo el mundo tendrá ayuda”.

A su vez, el artículo, “La odisea de satélite continúa”, es una narración sobre un nuevo programa nacional espacial se está llevando a cabo en Belarús. Uno de los objetivos del proyecto comprende el lanzamiento del segundo satélite belaruso. Al igual como la primera nave espacial –lanzada al espacio cósmico en 2012– la misma formará parte de la agrupación espacial belaruso-rusa y el sistema general de teledetección de la Tierra. Muy buena ayuda en la creación de esta nave espacial son los desarrollos de la Academia Nacional de Ciencias de Belarús.

Y ahora me gustaría contar la historia sobre un veterano, que rompió la historia. Así dicen ahora los paisanos sobre el veterano de la Segunda Guerra Mundial desde la ciudad rusa de Ekaterimburgo, Dmitry Suvórov.

El soldado no logró ser el protagonista de una película de ficción, sino el protagonista del cuadro sí. Desde hace mucho, sus compatriotas investigan muy de cerca la imagen del motociclista representado en la famosa obra monumental de Valentín Vólkov, “Minsk el 3 de julio 1944”. Pues unos 70 años más después de la liberación de la capital belarusa de los alemanes nazis fueron revelados detalles muy interesantes: el prototipo de uno de los protagonistas del cuadro –que se convirtió en un símbolo de la Gran Victoria para los vecinos de Minsk– es el soldado del Ejército Rojo, Dmitry Suvórov.

Todos los detalles de esta historia los interesados tienen la posibilidad de conocer al leer la publicación, “Dmitry Suvórov en la moto, “Harley-Davidson”.

¿Qué cosas muy interesantes de la esfera cultural están presentadas en la revista? El Teatro Bolshoi de Belarús no deja de sorprender a sus admiradores y les hace alegrarse mucho. Esta vez con la ópera, “La novia del zar”, de Nikolai Rimsky-Kórsakov, como suelen decir los musicólogos, la perla del repertorio operístico ruso, puesta por el principal director de teatro, Mikhail Pandzhavidze. No es su primer trabajo con este material: hace más de seis años, él la puso en el Teatro de Ópera y Ballet de la ciudad rusa de Ekaterimburgo. La ópera, “La novia del zar”, en Minsk suena completamente diferente, es más dinámica y expresiva. La versión de Minsk de la famosa obra, “La novia del zar”, se la vio la periodista de nuestra revista, Valentina Zhdanóvich, y contó sobre la misma en el artículo, “Fuerte, penetrante y espiritual”.

¿Qué más podría contar cerca de la cultura? Algunos creen que la pintura belarusa es sobria. A su vez, el artista, Mikalai Buschik, demuestra con sus obras que el verdadero arte puede ser festivo, brillante y sublime. Léan la publicación, “El artista quien pinta con las emociones”. Y si tienen la posibilidad, vayan a ver las obras de Nikolai Buschik. Sin exagerar, son las que afirman la vida misma.

Victor Charkov
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