Cenizas vuelan en la eternidad

La pequeña niña, Sofía Yaskévich, sobrevivió milagrosamente en un incendio en el pueblo de Khatyn...

La pequeña niña, Sofía Yaskévich, sobrevivió milagrosamente en un incendio en el pueblo de Khatyn...


Claro que la abuela Sofía ya no recuerda mucho de aquellos trágicos acontecimientos, pues pasaron 73 años del momento, cuando en los corazones de todos los belarusos apareció este gran dolor y el recuerdo sobre Khatyn, pueblo quemado junto con sus vecinos por los alemanes nazis. Entonces Sofía tenía sólo nueve años y siendo una niña pequeña ella no podía percibir plenamente aquella tragedia. Pero en estos días de marzo, cuando se celebra el siguiente aniversario de aquella fecha trágica, el dolor se hace más profundo para la mujer, que gracias a Dios ya tiene más de noventa años.


El monumento en Khatyn

Es un error absoluto decir que el pueblo belaruso de Khatyn murió. Él ha vivido, vive y vivirá. Es verdad que el hombre vive tanto tiempo cuanto lo recuerdan otras personas. En este caso se trata de todo el pueblo y sus 149 habitantes, que se han convertido en un símbolo de rebeldía, valor y fuerza del pueblo belaruso. A pesar de que los alemanes nazis trataron de destruir todo y matar a todos en Khatyn, no lograron hacerlo. Milagrosamente en aquel día de terror sobrevivieron algunos vecinos.

Cinco de ellos fueron niños: Volodia Yaskévich; su hermana, Sofía, de la que estamos contando; Antón Baranovski, Alexander Zhelobkóvich y Víktor Zhe­lobkóvich.

Desde la apertura del complejo conmemorativo estoy juntando el material sobre la tragedia de Khatyn, muchas veces estuve aquí con varias delegaciones, incluyendo extranjeras. Cuando les contaba que los niños sobrevivientes de Khatyn ya tienen sus propios hijos y nietos, nadie me creía. “¿Cómo pudieron sobrevivir en aquel infierno? se sorprendía la gente, si fueron quemados a vivo...”


Sofía Yaskévich, vecina sobreviviente del pueblo de Khatyn

Los que vinieron a Khatyn desde el exterior no me creían y pedían volver a contar como fue todo. Resultaba muy difícil para ellos creer que durante estas operaciones de castigo –organizadas por alemanes nazis– alguien podía escapar de sus manos. En este caso lo hicieron los chicos, lo que significa que en el mundo hay justicia. Estos testigos vivos de la tragedia después de muchas décadas cuentan una terrible verdad de Khatyn. Por desgracia, de los cinco ahora están viviendo sólo dos: Sofía Yaskévich (tiene el apellido de su esposo, Fiokhina) y Víktor Zhelobkóvich.

Desde hace mucho tiempo conozco a la familia de Sofía Yaskévich y traté con prontitud de escribir todo lo que ella había contado sobre el día del 22 de marzo de 1943 y sobre su destino, en general. Cada vez, cuando la escucho, en mi corazón se despierta un dolor candente: ¿cómo esta mujer podía sobrevivir en aquella tragedia? Entonces en casa de los Yaskévichi vivían dos familias. El padre, Antón Antónovich, y su madre, Elena Sídorovna, las hermanas menores, Vanda y Nadzeyka, la hermana mayor, Vera, con su esposo, Víktor, y su pequeño hijo, Vládik, que apenas tenía siete semanas. Todos ellos fueron quemados vivos...

— Yo y mi hermano, Volodia, pasábamos la noche en casa de nuestra tía, Anna Sídorovna, recuerda Sofía Antónovna. Cuando los vecinos comenzaron a gritar que habían llegado los alemanes, Volodia corrió hacia el campo. Los soldados alemanes lo disparaban, pero no alcanzaron, y Volodia se escondió. Pero yo me quedé con mi tía, que no sabía qué hacer, porque estaba muy asustada. Cerró la puerta de la casa, pero los alemanes ya estaban muy cerca. Mi tía pudo esconderme en un sótano, y en seguida fue disparada. Los alemanes no encontraron a nadie en la casa, tampoco revisaron el sótano y se fueron.


La lista de los parientes de Sofía Yaskévich quemados vivos

Yo estaba en el sótano y tenía miedo de moverme. De pronto, en el sótano apareció el humo y yo ya no podía respirar. Tenía que salir, pero temía mucho a los alemanes nazis. Finalmente salí del sótano, ya que era imposible permanecer allí, y de lo que vi, sentí tal terror y miedo. Todas las casas estaban en llamas, mucho humo, fuego, se escuchaban disparos y gritos. Decidí salir de casa en el humo espeso e hice bien, pues los alemanes nazis no me vieron. Salí corriendo del pueblo a la granja, donde estaba mi hermano, Volodia. Así logramos sobrevivir...

Al principio la gente, luego el Estado, ayudó a Volodia y Sofía Yaskévichi. Durante algún tiempo ellos vivieron en la casa de su tía y luego en un orfanato. Después de la guerra, Sofía se graduó de la escuela de formación profesional y trabajó en el telégrafo en la provincia de Brest y más tarde de la cartera en Minsk. En el año 1964, la mujer se casó con Nikolai Fiokhin, oriundo de la provincia rusa de Vladímir. Les dieron un apartamento y durante muchos años ellos trabajaron en la capital belarusa: Sofía Antónovna en la oficina de correos y su marido de mecánico en una de las plantas capitalinas. En 1983, por su salud se vio obligado a jubilarse.

El godo de Yaskévichi de Khatyn sigue, lo que es muy simbólico. Sofía Antónovna tiene muchos parientes. El hijo mayor, Igor, lleva 22 años trabajando de mecánico en la planta avícola de Minsk. Su esposa, Natalia Alexéevna, durante muchos años también trabajó en esta empresa. Su hija, Elena, es economista. Su hijo, Oleg, bisnieto de Sofía Antónovna, tiene sólo tres añitos. El hijo menor de la familia de Fiokhiny, Alexander, trabajó durante muchos años de soldador de gas.

Reitero que a Sofía Antónovna ahora se le cuesta hablar, por lo tanto, comienzo a conversar con su hijo, Igor.

— Mi madre muy a menudo recuerda Khatyn y los trágicos acontecimientos del pasado. A pesar de su estado de salud y la edad el año pasado ella pasó por Khatyn. Yo y mi hija, Elena, la acompañamos. Visitamos el lugar, donde se encontraba la casa de los Yaskévichi, y pusimos flores. La madre estaba llorando, llorando mucho...

— Y ¿cómo percibe personalmente la tristeza de su madre?

— Me duele mucho. Es mi madre, entiende. Mi hija, Elena, también sufre mucho, pues ama mucho a su abuela. Pero mi nieto todavía es muy pequeño, pero cuando crece, lo vamos a llevar a Khatyn. Trataremos de hacerlo en el Día de la Victoria, cuando ya hace calor...

El poeta inglés, Pam Meistar, dedicó estas líneas al pueblo belaruso de Khatyn:

Corazón, deja de latir.
Por un instante, por favor,
Ten coraje y valentía...
Cenizas y dolor tuyos, Khatyn,
Nos enseñarán mucho.
Valiente, no vas a permitir
Que sin razón vuelven a
Desaparecer quemados a vivo
Los niños y los ancianos
Y que histéricamente suenen campanas
En el Planeta quemado.


Lamentablemente, nuestro tiempo también nos hace sentirnos preocupados. Hay muchos conflictos, incluso guerras, cuyas víctimas son la gente civil. Por lo tanto, el sonido de las campanas de Khatyn no sólo nos hace sentir un dolor y guardar memoria, sino también conocer el destino de una de los testigos de la tragedia de Khatyn, Sofía Antónovna. Tenemos que recordarlo siempre.

Mikhail Shymanski
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