Bebida “viva” que trae alegría

Los niños no imaginan la Navidad y el Año Nuevo sin regalos de Papá Noel y los adultos sin una rica comida y champán.
Los niños no imaginan la Navidad y el Año Nuevo sin regalos de Papá Noel y los adultos sin una rica comida y champán. Sin duda, esta bebida es más apropiada para celebrar una fiesta. En los festejos de fin de año siempre viene un momento de silencio absoluto, mientras abren la botella de champán... Con un primer trago de champán acompañado del sonido del reloj que cuenta últimos segundos del año saliente... Con un brindis entre los parientes y amigos y un deseo de mucha felicidad... Con una sonrisa de gente alegre... En este momento sagrado cada uno comienza a sentir que tendrá mucha surte el año que viene.


Tradicionalmente, de año en año la mayoría de las familias belarusas celebran el comienzo del Año Nuevo, abriendo una botella de champán. Las caras de la gente se ponen alegres, cuando las copas se llenan con esta espumosa bebida. Parece que las burbujas están a punto de saltar fuera de la copa de cristal, cuando las agujas del reloj se acercan a las doce de la noche... ¿No es así? Claro que eso sigue sucediendo cada año. Así que el champán sigue siendo un atributo muy importante de las fiestas de fin de año junto con fuegos artificiales, muchas emociones y gran entusiasmo, así como luces de bengala y serpentinas: todo lo que da una magia a esta maravillosa fiesta familiar.

Hace falta señalar que no siempre el champán se tomaba en los festejos de fin de año. Al principio, “el vino blanco fermentado” era ignorado, lo llamaban un “efecto secundario” en la producción de vinos comunes. Pasaron varios siglos para y el champán fue apreciado y puesto en la categoría de bebidas de élite para los conocedores del buen gusto.

Otra casualidad accidental

La mayoría, si no todos, de los descubrimientos gastronómicos fueron hechos en resultado de algún error o coincidencia. Lo mismo pasó en el caso con el champán.

Una vez un monje del monasterio de Santo Van de Pierre Perenon –que en Francia– bajó a la bodega. Por allí él encontró una botella de vino muy sospechosa. La tomó y en seguida de la misma salió un corcho causando un ruido bien conocido... Eso era el primer “ruido” en la historia tan característico para vinos espumosos. El monje benedictino sabía mucho en cuanto al vino en general y tenía una buena preparación académica en el ámbito de física y química, que le permitió comenzar a interesarse por lo que había sucedido. De pronto Perenon –cuyo nombre ahora conocen en todo el mundo– tuvo que solucionar una serie de problemas. En primer lugar, era necesario crear la receta exacta de la bebida “revivida”. Así fue abierto el método ahora popular de la mezcla de diferentes variedades de uva. Durante algún tiempo los monjes creían que las burbujas “locas” en el vino se formaban tras la influencia de la luz de la luna. Por lo tanto, inicialmente la actitud hacia el champán era “algo mística”. En segundo lugar, el vino espumoso podría romper en pedazos la botella. Por lo tanto, era necesario buscar un nuevo tipo de recipiente de vidrio de alta duración para almacenar bebidas “vivas”. Y, por último, el corcho. Él siempre salía de la botella o se hacía más pequeño al secar en el interior de la botella, por lo que el vino dejaba de ser espumoso. El material más apropiado para tapar las botellas con champán era el de árbol cortical, alcornoque, en otras palabras. Los productores de vino notaron que el corcho de este material incluso enriquecía aún más el sabor y aroma de la misma bebida. Fue tomada la decisión de sujetar el corcho con una brida especial. ¡Y funcionó! Así fue concluido el proceso histórico de la creación del primer champán.

En cuanto a su nombre, en este caso todo resultó ser muy simple: el vino espumoso comenzaron a nombrar el champán, porque la provincia francesa –donde se producía esta bebida– se llamaba Champagne.

Alquímica

En Rusia este vino divino apareció un siglo más tarde. Al probarlo, los rusos se quedaron muy impresionados... Por lo tanto, comenzaron a buscar la receta secreta de champán francés.

Para salvar su reputación –que trataban de afectar los falsificadores de vino en diferentes partes del mundo– Francia prohibió llamar con este nombre todos los vinos “autoproclamados”. A partir de este momento, sólo los vinos –producidos en la provincia francesa de Champagne según la tecnología única– podían llevar este nombre. Sin embargo, la misma tecnología de la producción se mantenía en secreto.

Estaba claro que nadie quería tener a los concurrentes...

El triunfo nacional ocurrió en la finca de Lev Golitsyn en Crimea a finales del siglo XIX. El príncipe tenía don de hacer buen vino. Sobre la receta de champán él trabajó durante muchos años y, al final, logró seleccionar las uvas ideales para el verdadero champán. Pero esto ya no fue el vino francés. Era vino ruso bien distintivo. A propósito, este vino encantó mucho a Alejandro III.

“Nuevo Mundo”: este nombre tuvo el lote del vino más exitoso producido Lev Golitsyn. El mismo fue reconocido incluso en Francia y le fue otorgardo el Gran Premio en la degustación “a ciegas”.

Luego tuvieron lugar la primera y la segunda guerras mundiales. Luego fue establecida la “ley seca”. Con eso la historia del vino espumoso podría terminar. Pero eso no sucedió nunca. Lo esperaba el otro destino: la aceptación masiva. El champán fue promovido por Iósif Stalin. En las tiendas aparecieron las bebidas alcohólicas y el Gobierno de entonces ordenó elaborar la receta de un vino espumoso que no fuera regular, sino asequible por el costo y rápido de producir. Dicho hecho. El jugador de ajedrez, el químico, Antón M. Frolov-Bagréev, comenzó a trabajar sobre este tema bien complejo hasta que un día al mundo fuera presentado el “champán soviético”: la parte importante de nuestros recuerdos de infancia. En un ritmo rápido en toda la antigua Unión Soviética comenzaron a construir fábricas de producción de vinos espumosos. Posteriormente, la antigua Unión Soviética se derrumbó, pero las plantas se quedaron.

Champán no es de Champagne

Sería correctamente llamar el champán el vino espumoso hecho directamente en la provincia francesa de las determinadas variedades de uva. A propósito, son tres. Pero es lógico que los viñedos locales no alcanzarían para todos. Y, sin embargo, la bebida ya era muy popular en muchos países. Por lo tanto, es muy fácil adivinar que muchos países tienen su propio champán, hecho según receta única. Incluso la variedad de uva de año en año cambia su sabor dependiendo de las condiciones meteorológicas. En resultado, por ejemplo, el champán belaruso puede ser diferente dependiendo del año de la producción. ¡Así es el vino espumoso con un toque exclusivo!

En Belarús, el material para producir champán se adquiere en los países, donde el clima es más cercano al de Francia. Hace falta señalar que nuestras tecnologías alcanzaron un nivel internacional. Esto fue confirmado por numerosos premios otorgados al champán belaruso. Por ejemplo, la fábrica de vinos espumosos de Minsk cuenta con más de ciento veinte premios obtenidos en concursos y degustaciones internacionales. Además de eso, hace poco, un lote del champán belaruso fue suministrado a los Estados Unidos.

En el futuro se planea aumentar suministros al extranjero. ¿Cuál es el secreto del éxito de nuestro champán? El método básico es el llenado en frío. Es cuando el material de vino no se somete a un tratamiento térmico y por lo tanto mantiene sus propiedades naturales. Y, por supuesto, una receta única, que desarrollan cada año los tecnólogos nacionales.

Carta de vinos

En nuestro país, se da preferencia al “Champán Soviético”. Tal vez por eso las plantas de Minsk producen muchas variaciones de esta bebida: “Champán Soviético de Oro”, “Champán Soviético “Cristal”, así como “Champán de Minsk”, “Grand De Luxe” y “Radziwill”. Y, por supuesto, “Champán Soviético”. Los vinos espumosos se diferencian no sólo según el diseño de la botella y la etiqueta. También son diferentes el sabor y el aroma de cada vino espumoso.

¡Espumoso no es brillante!

Para no confundir el vino espumoso con el champán (el último es sólo una variedad de vinos espumosos) es importante leer la composición. Para producir el champán se utilizan uvas estrictamente seleccionadas. Además de eso, tiene importancia el mismo método de elaboración del vino. La opción más fácil sería inyectar el dióxido de carbono en el común vino “tranquilo”. En la copa el mismo pierde rápidamente su “espumosidad” y se parece más a una bebida gaseosa. En este caso en la etiqueta se podría escribir “vino espumoso”. Los verdaderos vinos espumosos, incluso el champán, producen tras la segunda fermentación con el uso de la levadura especial de vinos.

Como se toma el champán

Yo no voy a aburrirles con el proceso de vinificación y champanización, que comprenden remuage, degüelle y otros procedimientos poco comprensibles para una gente común. Detengámonos sólo en el proceso más agradable para cada uno de nosotros de tomar el champán.

Sería correcto ponerlo en dos tipos de recipientes muy diferentes. A menudo, para crear una pirámide de copas utilizan copas amplias. Pero es mejor tomar el champán desde flyute: una copa muy estrechita en una pata finita. Fue hecho de este modo por una razón muy bien pensada: la mano no toca la copa y por lo tanto no calienta la bebida. ¡El champán se lo toman bien fresquito! La copa estrecha prolonga la vida de las espumas, jugando con burbujas.

En opinión de los psicólogos, la elección correcta de la copa influye mucho en el sabor del vino, así como en el estado de ánimo de una persona. La transparencia del vidrio se asocia con la pureza, la apertura y la facilidad. Esta bebida, aseguran los expertos, ayuda a resolver conflictos y causa una confianza. Las copas de color no gustan a las personas sensibles. A su vez, la gente alegre y optimista prefiere copas con dibujos. En realidad, pocas personas han pensado por qué el champán hace sentirse algo borracho más rápido que otros vinos espumosos. El asunto está en las burbujas “mágicas”. O más bien en el dióxido de carbono, que aumenta la superficie de absorbción del alcohol. Por lo tanto, es más fácil emborracharse con esta bebida. Pero, afortunadamente, su efecto “espumoso” no dura mucho tiempo.

A menudo el champán se lo llaman una bebida de damas. En eso hay algo de verdad. La historia está repleta de nombres de mujeres, que han influido en la promoción de esta bebida única.

Para mí, personalmente, tomar una copa de champán es convertir un día común en una fiesta. Por lo tanto, podría dar una gran cantidad de argumentos. Me encanta observar cómo juegan llamas de las velas de Navidad, mirando a través de una copa con champán. Recuerdo que en una de las fiestas el corcho de una botella con champán se chocó justo con la lámpara de espejo. Por un milagro ella no se rompió y no cayó justo al centro de la mesa festiva. Pero más tarde, cuando nos acercamos a la ventana para despedirnos de nuestros invitados, la lámpara de araña cayó al piso causando mucho ruido. Gracias a Dios, sin herir a nadie. Claro que en la noche navideña pueden pasar cosas milagrosas.
¿Y qué asociaciones o recuerdos les trae la copa del champán? Pedí a varias personas reconocidas en nuestro país compartir sus opiniones

Sergei Zhuravel, artista popular de Belarús, principal actor del Teatro Nacional Académico Yanka Kupala:

Desde hace mucho tiempo no tomo bebidas alcohólicas. Por lo tanto, el champán para mí es la bebida de mi juventud, que se asocia con diversión y alegría. Precisamente el champán y no las bebidas fuertes se asocian para mí con una gran fiesta, como el casamiento o la celebración de la Navidad y el Año Nuevo.

Verónica Pliashkévich, actriz del Teatro Nacional Académico de Drama Maxim Gorki:

El champán siempre es un componente muy importante de un día de fiesta, de la esperanza, si se me permite decir así. Es cuando uno cree en lo mejor. Recuerdo que cuando yo, mi hermana y mi hermano éramos niños nos encantaba observar a nuestros padres tomando una copa de vino espumoso. Y una mañana, nos pudimos probar la bebida prohibida dejada en la mesa por los adultos. No entendimos nada, pero a partir de entonces nos sentimos muy orgullosos de habernos convertido en los adultos.

Alexei Dúdarev, presidente de la Unión Belarusa de Personalidades Teatrales, dramaturgo:

El champán es un Mozart. Con eso se dice todo. Pero no fui yo quien lo había dicho, sino Valery Masliuk, que ya está en otro mundo. Él era un talentoso director de escena y gran hombre. Ya han dicho mucho sobre esta maravillosa bebida y no quiero repetirlo.

Sergei A. Kulik, dentista, médico jefe de la clínica dental número 14:

Hace unos veinte años, tuve una historia muy divertida relacionada con el champán. Eso sucedió en la fábrica de vinos espumosos de Minsk. A una delegación –cuya parte también fui yo– la invitaron amablemente a conocer el proceso de producción de vinos espumosos. Con nosotros estaban nuestros amigos desde Alemania. Juntos recorríamos la fábrica, conociendo como se hacía la bebida espumosa. Alemania, como se sabe, es famosa por su cerveza. Al final del recorrido todo el grupo fue invitado a la sala para degustar el champán. Mientras tomábamos la última botella de champán rosado, “Lev Golitsyn”, mirábamos un pequeño show bien divertido. Un hombre tiraba una botella con champán para arriba, la volteaba y al final la descorchó... El champán salió de la botella y se dispersó por todos lados como el agua de una fuente, al mojar a todos sin excepción. Las hermosas camisas blancas con el ornamento nacional belaruso –que nuestros amigos alemanes pusieron este día– fueron manchadas por completo... Esta improvisación causó muchas emociones y risas. Al regresar, los alemanes con mucho gusto contaban a sus parientes y amigos, que en Belarús se los bañaron en el champán...

Víktor Alshevsky, miembro de la Unión Belarusa de Artistas, catedrático:

No podría imaginar el Año Nuevo sin champán. En otros días de fiesta podría faltar, pero en la celebración del fin de año no. Tradicionalmente, en la última noche de diciembre damos la bienvenida al Año Nuevo y abrimos una botella de champán. Creo que es muy simbólico. Y me encanta este ritual.

Natalia Lisavenko, cosmetóloga:

Aunque no me gusta el alcohol, tomo una copa de champán una vez al año, cuando el reloj anuncia la llegada del nuevo año. En mi opinión, es una bebida estética, que crea un buen estado de ánimo. Al tomar la copa con el champán, me siento un poco mareada, mis ojos se ponen a brillar y la piel vuelve a ser rosadita... Una mujer –que aprecia la belleza– con una copa de champán en la mano, a cualquier edad se ve más femenina. Por supuesto, si lo toma con moderación. A mi hija mayor –que es médica– le encanta el champán. En su opinión, esta bebida siempre trae una sensación de fiesta. Estoy de acuerdo.

Alexander Kostiuchenko, decorador jefe del Teatro Nacional Académico de Ópera y ballet Bolshoi:

La copa de champán sube el estado de ánimo. Especialmente brut enfriado en la nieve. Recomiendo probar este método de enfriar el champán. Recuerdo cómo en Alemania he aprendido la cultura de tomar el champán. Fue a finales de los años noventa del siglo pasado, yo trabajé como restaurador. Mi anfitrión era un conocedor de vinos caros, que me enseñaba pronunciar brindis y sujetar correctamente la copa con el champán. Tendría apenas que tocar con dos dedos la patita finita de la copa. Entonces se oía un timbre especial. No puedo olvidar este ritual, así como el sonido de cristal, cuando se trata del champán.
Alisa Krasovska
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