Alfombra para el mariscal

Cada vez más lejos de nuestro tiempo se queda la Segunda Guerra Mundial
Cada vez más lejos de nuestro tiempo se queda la Segunda Guerra Mundial. Y parece que después de las décadas –que han pasado desde aquel terrible momento– es imposible contar algo nuevo. Pero resulta que la vida nos sigue dando verdaderos descubrimientos.


 Los archivos del Museo Nacional de la Gran Guerra Patria en Belarús tienen una muestra de exposición muy interesante: la alfombra turcomana hecha a mano con un retrato del comandante del Primer Frente Belaruso, el mariscal, Konstantín Rokossovsky. La alfombra fue donada al museo por los parientes del comandante en 1968. A propósito, recientemente, su fotografía ha sido presentada en la exposición de Belarús en el Museo de Bellas Artes de Turkmenistán, en Ashgabat.


¿Qué historia está detrás de una alfombra tejida por artesanas de Turkmenistán en 1943? Todo comenzó en Turkmenistán. En 1941, se casaron dos jóvenes vecinos del pueblo de Soyunaly, municipio de Takhtabazar: Ogulbeke y Agaberdy. El amor les unió, cuando Ogulbeke tenía sólo un poco más de 20 años. Ella trabajaba de maestra en la escuela del pueblo de Morchak y estudiaba a distancia en el colegio pedagógico en Mari. Agaberdy y su esposa soñaban con obtener enseñanza superior, pero comenzó la guerra. Agaberdy se fue a luchar al frente.

Ogulbeke Orazgeldyeva seguía enseñando a los chicos. Después de dar clases en la escuela, se iba a trabajar en el campo. Contaba a los campesinos de lo que estaba pasando en el frente y muy a menudo enviaba cartas a su amado marido. En sus cartas siempre estaban poemas que ella escribía por las noches. ¿De qué contaba en sus poesías la joven mujer turcomana y una poetisa principiante? “El enemigo, serás castigado, como lo mereces...”, “Te estoy buscando”, “Regresa”: así son los nombres de algunas de sus poesías muy conmovedoras. Escribía Ogulbeke que los cabrones alemanes nazis pronto serían castigados por todos los sufrimientos y todo el mal que habían traído al pueblo soviético, y que todos los aldeanos estaban viviendo confiando en el pronto regreso a casa de sus maridos, hijos y padres.

Los vecinos del pueblo de Morchak sabían que Ogulbeke escribía poesías y la pedían leer sus nuevas obras, copiaban los poemas que los conmovían más, guardaban estas hojitas como algo muy valioso y las citaban como los amuletos de oración. Junto con otras mujeres Ogulbeke recogía bienes para el Fondo de Defensa. Los trabajadores de la granja colectiva, “Guzyl Goshgun”, recogían entre otras cosas también 84 kilogramos de plata. Se preservaron las crónicas de noticias con un episodio, cuando una hermosa mujer joven turcomana en un pañuelo blanco entregó sus propias joyas. Era Ogulbeke. A finales de 1943, las trabajadoras de la provincia de Mari reunieron un tren de regalos para los soldados y oficiales que luchaban en el frente. Además de eso, las mujeres, entre ellas Ogulbeke, tejieron la alfombra con un retrato del comandante del Primer Frente Belaruso, el mariscal, Konstantín Rokossovsky. Las artesanas se enteraron de que su regalo debía ser enviado al frente... Justo allí combatía también el esposo de la maestra y poetisa, Agaberdy.

Junto con otras mujeres turcomanas partió al frente también Ogulbeke. La alfombra con un retrato fue entregada al reconocido comandante de guerra. La turcomana también contó su historia personal... El comandante del frente ordenó a organizar el encuentro de la mujer con su esposo. Ogulbeke mostró la carta al mariscal con el número del correo de campo de su marido, que conocía de memoria. Pero Agaberdy entones estaba en la parte más delantera del frente. Por lo tanto, fue posible en esta difícil situación de combate sólo organizar una directa comunicación telefónica con él y los esposos pudieron hablar a distancia. Sólo podemos imaginar qué palabras cariñosas dos personas queridas dirían uno a otro en este caso. Antes de comenzar la guerra ellos vivieron juntos sólo tres meses…


Del frente Ogulbeke regresó inspirada y muy emocionada. Nuevas poesías salían de su generosa alma y el corazón sincero. Al igual que este poema: “Te estoy buscando”.

...En sus nuevas obras fue de todo: el cariño, la preocupación, el dolor, y, por supuesto, mucho amor. Ogulbeke trajo al pueblo también el gramófono, que le regaló el mariscal, Konstantín Rokossovsky. Por cierto, este gramófono permanece en este pueblo turcomano incluso hoy en día.

Nosotros con los paisanos decidimos ir al frente,
Nos esperaba que sea un camino tan largo.
Llevamos los regalos a los soldados defensores de la Patria.
Nos fuimos a la guerra con la esperanza de ver nuestros seres queridos.
Aunque el frente estaba lejos, el ambiente de la guerra se percibía en todas partes,
Crecía nuestra inquietud por lo que sería luego...
Yo no sabía que este camino sería tan difícil,
Pero seguíamos adelante con la esperanza de ver a nuestros seres queridos.
Semana tras semana,
Caminamos y nuestras almas volaban hacia adelante.
Apareció la tierra ardiendo, lo que significaba que casi llegamos.
Pero seguíamos esperando de ver a nuestros seres queridos.
El aire pesado era saturado de pólvora,
Nos dolía el alma y el corazón al ver heridos y muertos.
Lo que nunca podríamos olvidar
También los caminos, que habíamos recorrido para ver a nuestros seres queridos.
Sentía que estaba aquí, estabas en algún lugar cercano
¡Agaberdy! Este encuentro podría ser nuestra recompensa,
Porque pasé por tantos obstáculos,
Con la esperanza en mi corazón que te encontraría.
Pero el combate continuaba, y tú estabas en el campo de batalla.
No pudimos vernos tras un fuego y llamas fuertes,
Sólo pude escuchar por la radio tu voz.
Me sentí muy feliz por saber que estabas vivo,
Yo te encontré.

Y después de regresar del frente, unos meses más tarde al pueblo llegó una triste noticia: el esposo de Ogulbeke, Agaberdy, murió. La joven poetisa no quería creer en ello. Ella, como antes, escuchaba la voz emocionada de su amado esposo que una vez sonó en el teléfono de campo. “¡Querida y amada! ¿Qué estás haciendo dentro de estas llamas, en este fuego? Te pueden matar. ¡Más bien, sal de aquí! Terminará la guerra, y nos volveremos a reunir contigo... ¡Espérame!” Pero lamentablemente nunca sucedió. El corazón de la joven poetisa no pudo soportar. En 1949, ella falleció.

Los paisanos siguen manteniendo en la memoria la imagen de la mujer bella y talentosa, Ogulbeke Orazberdyeva. En 2005, el famoso poeta de Turkmenistán, Agageldy Allanazárov, editó el libro de sus poesías... El destino de una mujer turcomana se manifestó en el amor por un hombre, en el amor por la patria, en el cumplimiento de su compromiso ante su amado esposo, Agaberdy, a quién ella esperaba tanto.

Sergei Shichkó
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